Esta mañana, en meditación, me surgía, más bien sentía, la
siguiente frase; que ya en mi niñez me llevaba a un arrebato en el que perdía
la noción de “yo”. Como sucede en un estado profundo de meditación.
“En ti vivimos, nos movemos y existimos”. Hechos de los
Apóstoles, cap. 17. Famosa frase del Discurso de Pablo en el Areópago.
El discurso en el areópago es fundante en el cristianismo. Además
de crucial porque, dicho de alguna manera, aquí, Pablo de Tarso se la juega. Pablo
es un hombre culto y educado en el Helenismo, luego conocía el pensamiento
griego y los problemas que el mensaje de Jesús, dirigido a los judíos podía
tener si se dirigía a los atenienses acostumbrados al discurso filosófico,
racional y crítico. No vamos a entrar a analizar esto, salvo una anotación.
Pablo intenta acercar Dios a los atenienses y, en especial, a los filósofos de
forma, por un lado, abstracta y, por otra, vivencial.
No lo muestra como una persona a nuestra imagen, sino como
abstracto y omnipresente. Y como aquel Dios desconocido al que se espera y en
el que en el areópago se erige una imagen. Pero ese Dios al ocuparlo todo, es
único.
Ahora bien, a pesar de que todo el discurso es impresionante,
como todo Pablo, fundador real del cristianismo como religión del imperio, por
ello, universal, no algo para judíos. Si así hubiera sido se hubiese quedado en
una secta judía, una interpretación de uno de los grandes Rabí del judaísmo o,
incluso, hubiese desaparecido. Pero, la figura de Pablo es esencial para el
cristianismo como religión. En realidad, es Saulo de Tarso el que construye la
figura del Cristo de la Fe, frente al Jesús histórico.
Pero esta frase famosa: “En ti vivimos, nos movemos y
existimos” de Pablo, además de ser convincente, en parte, para los filósofos,
no tanto para el resto, que prefería los dioses concretos, a los que se les ve
y se les puede adorar y rogar, que a esa abstracción de la razón y de la fe,
que es la maniobra de Pablo.
Pero, para el cristianismo se me antoja que esta afirmación
taxativa será y es un problema. Aquí hay un Panteísmo absolutamente palpable. Una
ausencia de dualidad. Somos y vivimos en Dios, luego, como dirá el místico
alemán Maestro Eckhar, somos Dios. Si vivimos en él y somos él; es que no hay
diferencia. Por tanto, Dios es lo que Hay, no es un Dios personal. Pero, claro,
un Dios, que no es personal y creador, no cabe en la religión cristiana. De ahí
que hayan sido acusados de herejía todos aquellos que, de una manera u otra, han
defendido cierto grado de panteísmo o un panteísmo completo. Claro, esto es un
serio problema para la teología, o para la filosofía, no tanto para el creyente
de a pie que no suele cuestionarse lo que escucha ni lo que lee (aunque en el
catolicismo la cultura es la de la no lectura. La interpretación viene de la
mano del sacerdote en la homilía).
El creyente de a pie, el creyente, digo, no el cristiano
porque está en los papeles, que son la mayoría, hace de su capa un sayo. (Estamos
asistiendo a un cambio en la religión que está muriendo como institución y
dando paso a una vivencia espiritual y ética, sin dogmatismos, del mensaje evangélico).
Esto es, que el creyente amolda lo que escucha a su vida, lo ritualiza y se
olvida del mensaje transmitido y se queda con el ritual. Los mandamientos de la
Santa Madre Iglesia, por ejemplo, y sin ir más lejos.
Así, el creyente obedece, no es que tenga especial fe, sino que encuentra un molde, un esqueleto que da sentido a su vida. Pero no entra en el mensaje. Y el propio ritual es una traba para ello. Como solía decir Jung, parafraseándolo: si el cristiano supiese lo que se está representando en la Eucaristía y lo que significa tomar el Cuerpo de Cristo se caía de espalda. O, lo mismo, consideraba que todo aquello es una locura, un delirio, o se transformaba, o transfiguraba substancialmente, que es lo que realmente se hace en la Eucaristía, pero, claro, no se hace por parte de la inmensa mayoría. ¿Quién piensa que sustancialmente se ha transformado en Cristo al tomar su cuerpo y beber su sangre?
Pero esto ocurre en todas las creencias, religiosas o
políticas, incluso científicas. El ritual absorbe el mensaje. En la religión
budista se medita (uno encuentra su budeidad. Algo similar a lo que ocurre en
la Misa) y después de esa práctica, hay muchas otras, sobre todo en el budismo
tibetano -tremendamente ritualista- pues a otra cosa. Media hora meditando y
punto, la vida sigue. Media hora en la iglesia los domingos y la vida sigue, en
la misma puerta del Templo, de cháchara con los otros asistentes.
Pero la frase tiene enjundia. A la par que acerca el mensaje
de Jesús a los griegos, lo cual es muy interesante, su forma de presentarlo es
una aniquilación del dios personal y creador. Sin embargo, la Iglesia siguió y
sigue manteniendo esta figura contradictoria, frente al discurso paulino.
Si vivimos, somos y nos movemos en dios, lo único que hay es
Dios y manifestaciones de su propia naturaleza. Manifestaciones que son
singulares y son todos los seres del universo y el universo mismo. En nuestro
caso, autoconsciente, incluso, de que somos y creadores o cocreadores junto con
el propio Dios, lo que Es, de todo lo que Hay.
Y somos cocreadores en la medida en la que tenemos lenguaje. Algo que ha aparecido evolutivamente y es una ventaja adaptativa, de momento (también puede ser nuestra aniquilación, pero sí es una forma de separarnos de Dios mismo) y que crea una realidad que nos envuelve. Autónoma, pero no separada y es todo el mundo cultural donde cabe todo el producto del espíritu humano: leyes, política, religiones, arte, ciencia, filosofía,… todo lo imaginable). Y ésa es nuestra cocreación que no se sale de Dios, porque en el vivimos y somos, nos movemos dentro de esa infinitud que es la divinidad y que hace que todo lo que hay sea sagrado, una expresión de Dios y, por ello, Dios mismo. Porque una expresión de Dios es la expresión de lo que Es y de lo que potencialmente puede ser, al ser infinito. Que es lo mismo que decir, al ser inefable, lo Indeterminado, la Vacuidad, el Tao, el Gran Espíritu. Todo esto no son más que cocreaciones culturales. La mente humana en comunión con la Consciencia o Vacuidad divina.
Si Dios es infinito no hay lugar fuera, es más, es
inconcebible un lugar, como decían dos panteístas quemados por la “Santa”
Inquisición: N. de Cusa y G. Bruno. En lo infinito el centro está en todas
partes y la circunferencia en ninguna. Luego no es un lugar; se acerca más a la
idea de Vacuidad del budismo, que, como Dios, no deja de ser otro concepto,
otro nombre para nombrar lo inefable. Por eso lo Real está allende de los
límites del lenguaje. Lo Real, lo Divino, lo Sagrado, el Misterio, el Enigma, …
son el sentido del mundo, lo místico: inefable.
Aquí dejo el enlace en la versión de Reina Valera del texto
de los Hechos de los Apóstoles que hemos comentado.








