miércoles, 31 de diciembre de 2025

Universo profundo. El universo hace 13.000 millones de años. Telescopio Habble. NASA, ESA.

PANTEÍSMO Y NO-DUALIDAD EN EL CRISTIANISMO

Esta mañana, en meditación, me surgía, más bien sentía, la siguiente frase; que ya en mi niñez me llevaba a un arrebato en el que perdía la noción de “yo”. Como sucede en un estado profundo de meditación.

“En ti vivimos, nos movemos y existimos”. Hechos de los Apóstoles, cap. 17. Famosa frase del Discurso de Pablo en el Areópago.

El discurso en el areópago es fundante en el cristianismo. Además de crucial porque, dicho de alguna manera, aquí, Pablo de Tarso se la juega. Pablo es un hombre culto y educado en el Helenismo, luego conocía el pensamiento griego y los problemas que el mensaje de Jesús, dirigido a los judíos podía tener si se dirigía a los atenienses acostumbrados al discurso filosófico, racional y crítico. No vamos a entrar a analizar esto, salvo una anotación. Pablo intenta acercar Dios a los atenienses y, en especial, a los filósofos de forma, por un lado, abstracta y, por otra, vivencial.

No lo muestra como una persona a nuestra imagen, sino como abstracto y omnipresente. Y como aquel Dios desconocido al que se espera y en el que en el areópago se erige una imagen. Pero ese Dios al ocuparlo todo, es único.

Ahora bien, a pesar de que todo el discurso es impresionante, como todo Pablo, fundador real del cristianismo como religión del imperio, por ello, universal, no algo para judíos. Si así hubiera sido se hubiese quedado en una secta judía, una interpretación de uno de los grandes Rabí del judaísmo o, incluso, hubiese desaparecido. Pero, la figura de Pablo es esencial para el cristianismo como religión. En realidad, es Saulo de Tarso el que construye la figura del Cristo de la Fe, frente al Jesús histórico.

Pero esta frase famosa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos” de Pablo, además de ser convincente, en parte, para los filósofos, no tanto para el resto, que prefería los dioses concretos, a los que se les ve y se les puede adorar y rogar, que a esa abstracción de la razón y de la fe, que es la maniobra de Pablo.

Pero, para el cristianismo se me antoja que esta afirmación taxativa será y es un problema. Aquí hay un Panteísmo absolutamente palpable. Una ausencia de dualidad. Somos y vivimos en Dios, luego, como dirá el místico alemán Maestro Eckhar, somos Dios. Si vivimos en él y somos él; es que no hay diferencia. Por tanto, Dios es lo que Hay, no es un Dios personal. Pero, claro, un Dios, que no es personal y creador, no cabe en la religión cristiana. De ahí que hayan sido acusados de herejía todos aquellos que, de una manera u otra, han defendido cierto grado de panteísmo o un panteísmo completo. Claro, esto es un serio problema para la teología, o para la filosofía, no tanto para el creyente de a pie que no suele cuestionarse lo que escucha ni lo que lee (aunque en el catolicismo la cultura es la de la no lectura. La interpretación viene de la mano del sacerdote en la homilía).

El creyente de a pie, el creyente, digo, no el cristiano porque está en los papeles, que son la mayoría, hace de su capa un sayo. (Estamos asistiendo a un cambio en la religión que está muriendo como institución y dando paso a una vivencia espiritual y ética, sin dogmatismos, del mensaje evangélico). Esto es, que el creyente amolda lo que escucha a su vida, lo ritualiza y se olvida del mensaje transmitido y se queda con el ritual. Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia, por ejemplo, y sin ir más lejos.

Así, el creyente obedece, no es que tenga especial fe, sino que encuentra un molde, un esqueleto que da sentido a su vida. Pero no entra en el mensaje. Y el propio ritual es una traba para ello. Como solía decir Jung, parafraseándolo: si el cristiano supiese lo que se está representando en la Eucaristía y lo que significa tomar el Cuerpo de Cristo se caía de espalda. O, lo mismo, consideraba que todo aquello es una locura, un delirio, o se transformaba, o transfiguraba substancialmente, que es lo que realmente se hace en la Eucaristía, pero, claro, no se hace por parte de la inmensa mayoría. ¿Quién piensa que sustancialmente se ha transformado en Cristo al tomar su cuerpo y beber su sangre?

Kandinsky 

Pero esto ocurre en todas las creencias, religiosas o políticas, incluso científicas. El ritual absorbe el mensaje. En la religión budista se medita (uno encuentra su budeidad. Algo similar a lo que ocurre en la Misa) y después de esa práctica, hay muchas otras, sobre todo en el budismo tibetano -tremendamente ritualista- pues a otra cosa. Media hora meditando y punto, la vida sigue. Media hora en la iglesia los domingos y la vida sigue, en la misma puerta del Templo, de cháchara con los otros asistentes.

Pero la frase tiene enjundia. A la par que acerca el mensaje de Jesús a los griegos, lo cual es muy interesante, su forma de presentarlo es una aniquilación del dios personal y creador. Sin embargo, la Iglesia siguió y sigue manteniendo esta figura contradictoria, frente al discurso paulino.

Si vivimos, somos y nos movemos en dios, lo único que hay es Dios y manifestaciones de su propia naturaleza. Manifestaciones que son singulares y son todos los seres del universo y el universo mismo. En nuestro caso, autoconsciente, incluso, de que somos y creadores o cocreadores junto con el propio Dios, lo que Es, de todo lo que Hay.

Y somos cocreadores en la medida en la que tenemos lenguaje. Algo que ha aparecido evolutivamente y es una ventaja adaptativa, de momento (también puede ser nuestra aniquilación, pero sí es una forma de separarnos de Dios mismo) y que crea una realidad que nos envuelve. Autónoma, pero no separada y es todo el mundo cultural donde cabe todo el producto del espíritu humano: leyes, política, religiones, arte, ciencia, filosofía,… todo lo imaginable). Y ésa es nuestra cocreación que no se sale de Dios, porque en el vivimos y somos, nos movemos dentro de esa infinitud que es la divinidad y que hace que todo lo que hay sea sagrado, una expresión de Dios y, por ello, Dios mismo. Porque una expresión de Dios es la expresión de lo que Es y de lo que potencialmente puede ser, al ser infinito. Que es lo mismo que decir, al ser inefable, lo Indeterminado, la Vacuidad, el Tao, el Gran Espíritu. Todo esto no son más que cocreaciones culturales. La mente humana en comunión con la Consciencia o Vacuidad divina.


Si Dios es infinito no hay lugar fuera, es más, es inconcebible un lugar, como decían dos panteístas quemados por la “Santa” Inquisición: N. de Cusa y G. Bruno. En lo infinito el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Luego no es un lugar; se acerca más a la idea de Vacuidad del budismo, que, como Dios, no deja de ser otro concepto, otro nombre para nombrar lo inefable. Por eso lo Real está allende de los límites del lenguaje. Lo Real, lo Divino, lo Sagrado, el Misterio, el Enigma, … son el sentido del mundo, lo místico: inefable.

Aquí dejo el enlace en la versión de Reina Valera del texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos comentado.

https://www.bible.com/es/bible/149/ACT.17.RVR1960


 

martes, 30 de diciembre de 2025

La servidumbre a las pasiones por ignorancia y el camino a la libertad.

Agustín de Hipona nos dice: "No salgas fuera de ti... vuelve a tu interior, en el hombre interior habita la verdad." Sin embargo, nos empeñamos en salir fuera porque el deseo nos impulsa a ello. No sólo salimos fuera para buscar cosas, personas, emociones… que supuestamente nos van a dar la felicidad; sino que también fuera de nosotros encontramos la causa de nuestros males. Pues, ni una cosa ni la otra. La felicidad es un estado de ánimo: la alegría del propio VIVIR, por un lado y nuestros males dependen de nuestra forma de percibir lo que nos rodea. Lo que vemos lo vemos desde nuestra mente, desde nuestros prejuicios a priori que condicionan lo visto. Así surgen las emociones negativas y aflicciones, que lo que producen es una contracción de nuestro ego que se siente dañado por algo de fuera. Pero esto es engañoso. Es una construcción. No podemos ver la emoción aflictiva en el exterior, ni si quiera en el interior. La sentimos en la mente, en lo psicológico, pero no la podemos encontrar. Si cambiamos nuestro pensamiento, cambiará la emoción hacia la alegría, que es la forma de ser natural que tenemos, previamente a  haber sido adoctrinados por la cultura y haber forjado un yo separado del mundo, lo Real y de mí mismo, que soy el mundo. Pero, también, si observamos, vemos la transitoriedad de todo, de esas emociones, de esas personas que me producen aflicción, según pienso yo, de ese mismo yo. Es decir, que todo es impermanencia y si es tal, es Vacuidad o fluir. Todo pasa, nada permanece, decía Heráclito.

Esto es la impermanencia o la ausencia de todo ser sustancial o con naturaleza inherente. Si todo es ausencia es que no hay un ser que sea un yo que pueda sostener las aflicciones. Por eso, no son más que engaños, ilusión, un eco, un reflejo... Si queremos ser más occidentales podemos seguir a Spinoza.

Las pasiones son un conocimiento inadecuado; es decir, ignorancia. Por tanto, las pasiones no existen en sí. No son nada, son pura ausencia de saber. No tienen sustancialidad. Si pensamos en lo de la vacuidad y en lo que señala Spinoza, que viene a ser lo mismo, pues si lo vivenciamos llegaremos al estado de no-yo o de ausencia de un yo egocéntrico y, por tanto, no habrá aflicciones. Cuando aparezcan reconoceremos su naturaleza en tanto que ignorancia o vacuidad; por tanto, no nos pueden afectar porque no hay un yo al que le puedan afectar.

Pero, mientras conseguimos ese grado de liberación, que Spinoza llama: “Amor intelectual de Dios”, pues podemos ver el origen de las pasiones o emociones, que es la ignorancia; pero cada una y en cada caso, es particular: tristeza, odio, envidia, vanidad, orgullo, celos… Todo ello está en nosotros como fruto de la ignorancia y, además, es transitorio. Ahora bien, ese estado nos hace sufrir y produce sufrimiento, en algunos casos se llega a crímenes horrendos. Por ello hay que cultivar la alegría que viene del conocimiento de las emociones o afectos: su origen y por qué estamos atados a ellas (nuestra servidumbre). El conocimiento de esto, aplicado particularmente en cada caso, lo cual nos lleva toda una labor de autoobservación y autoconocimiento y aplicación del principio de wu wei, no reaccionar (a las aflicciones, se entiende), porque entonces se produce una reacción en cadena que aumenta cada vez más el sufrimiento y nos hace más esclavos. Nos ofuscamos en una ignorancia plena.


Nuestra libertad consiste en la consciencia de nuestra servidumbre a las pasiones, nuestra esclavitud por ignorancia. Desde la alegría de vivir, que es la propia Vida, pues buscamos un conocimiento adecuado para salir de la ignorancia. Esto es lo que nos dará, además de la alegría, de la que se parte, la felicidad en tanto que conocimiento adecuado de nuestras aflicciones. Desde la sensibilidad y el entendimiento no podemos llegar a más; pero sí desde el tercer grado del conocimiento: la intuición, que nos lleva al conocimiento de Dios o Naturaleza o Amor Intelectual a Dios. Y aquí sí hay una liberación de las pasiones y un acceso a Dios como infinitud y, por tanto, a la no dualidad. Ya no estamos separados.


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

Einstein tenía la idea de Dios de Spinoza. Pero no sólo por el Panteísmo Spinoziano; sino por su sentido espiritual o místico del universo que intentó entender toda su vida y lo dejó perplejo. Pero también tiene un sentido ético y antropológico. El hombre aspira a conocerse y conocer el mundo. Encontrar un sentido después de la muerte del Dios personal hecho a imagen y semejanza de las necesidades y debilidades humanas. También es una idea de Dios que surge de la humildad ante el misterio, la admiración y la perplejidad. Esto nos muestra que un científico no es un robot o una IA, que solo funciona con una lógica binaria; sino que es un ser humano.
 

“El individuo siente la felicidad de los deseos y aspiraciones humanas, y percibe al mismo tiempo el orden sublime y maravilloso que se pone de manifiesto tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual se le impone como una especie de prisión y ansía experimentar el universo como un todo significativo. Los albores del sentimiento cósmico religioso se dejan ya sentir en fases tempranas de la evolución religiosa, concretamente en algunos de los Salmos de David y en algunos profetas. En el budismo, según aprendimos especialmente en algunos escritos maravillosos de Schopenhauer, aparece con mucho más fuerza este elemento. Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por esta especie de sentimiento religioso que no conoce dogmas ni concibe ni a Dios a imagen y semejanza humana; y carece por tanto de iglesia alguna que deba basar en ellos sus principales enseñanzas. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica.”


Rodríguez Anzola, Reinaldo. EL DIOS DE EINSTEIN: Dios = Vida unirá al mundo (p. 174). Edición de Kindle. 


LA POSVERDAD 


La verdad en ciencia es falsable, se puede discutir con argumentos puramente lógicos. Aunque, también, en la ciencia intervienen intereses externos que tienen que ver con lo económico, lo cultural, lo político, militar, … Aun así, es fácil defenderla contra la posverdad. Aunque, curiosamente, sucede que, cuando se instala la posverdad en la esfera política la ciencia es manipulada y utilizada según el interés de cada cual.

En ciencia, al no haber verdad definitiva, al ser objetiva, pero hipotética, es discutible dentro de las reglas del juego de la razón. Pero no debemos utilizar la ciencia como la verdad porque, entonces, políticamente, desde la posverdad, es utilizada y manipulada y, desde el totalitarismo, se erige como verdad absoluta; como, otrora, fuera la verdad de la religión.

La verdad científica es cocreada, pero objetiva en su núcleo interno. Eso sí, no se puede confundir la verdad objetiva y cocreada (sujeto y objeto se funden), con la verdad absoluta.

Otra cosa muy distinta es lo que ocurre con los “hechos” histórico. Si ya en las ciencias naturales los hechos son, de alguna manera construidos, más lo son en la Historia. Por eso, si queremos garantizar la democracia; pues no sólo es ir a votar la verdad que, emocionalmente, se te impone. Una verdad construida, interesada y, en muchas ocasiones, desligada absolutamente de lo real. No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventan. Y esto ha sido la base de los totalitarismos y lo que criticase Orwell en “1984” y que ya apuntaba en sus crónicas como combatiente en las brigadas internacionales en la guerra civil española en “Homenaje a Cataluña”.

Hoy, con la vuelta de la posverdad debido al nihilismo tras la muerte de Dios y a la sociedad del cansancio de Chul Han, que ha producido el hipercapitalismo que promociona no sólo el consumo; sino el autoconsumo, el aislamiento de sí y de los otros. La adicción al consumo. Consumo, luego soy. Luego estoy vacío, no soy nada. La dinámica del deseo nos lleva al nihilismo porque el deseo, como ya vieran los antiguos: estoicos, epicúreos, Sócrates, Buda, …es insaciable y se agota en sí mismo. En el propio desear. La sociedad tardocapitalista, en colapso, aumenta las manipulaciones psicológicas emocionales para provocar más deseo. Pero el deseo de tener no da la felicidad; por el contrario, da lugar al hastío, la depresión, la soledad. Se crea el concepto de felicidad proyectado en el mundo exterior de cosas que se pueden tener y se nos crea el deseo como necesidad de tenerlas. Pero, por sí mismas, en cuanto son poseídas aparece de nuevo el deseo y el hastío de lo poseído, que es desechado como algo inservible. Si hubiese que hablar de felicidad tendría que ver con nuestro interior y con algo que no se puede ni comprar ni vender, que es el ser, no el tener: nuestra libertad, nuestra virtud, el goce estético, la contemplación. El ser o existir conscientemente de ello sin ninguna proyección, la suavidad de los actos, la ausencia de prisa, saborear el hacer por el mero hecho de hacerlo. Ya sea fregar los platos, cultivar la tierra, pintar un cuadro, una operación médica de urgencias o escribir un artículo científico o un ensayo filosófico. Esto es, todo aquello que no tenga el fin fuera de sí, sino en sí. De esta forma vivimos en el momento, no proyectados a un futuro que es incierto y que construimos en el momento presente, no proyectando nuestro miedo, incertidumbre, ansiedad, deseo insatisfechos...



En política no hay verdad, todo es discutible. Ahora bien, no hay verdad absoluta, sino pluralidad de ideas discutibles desde una razón humana, no sólo lógica, que busca la mejor interpretación de los hechos sin olvidar lo real; pero sabiendo que lo real es una referencia, que está ahí, pero que es incognoscible, porque todo hecho es ya una interpretación. Pero no, como se sostiene en una política No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventananclada en la posverdad, un hecho puede ser reemplazable por otro que nos interese. Hay una línea muy clara que separa el pluralismo político de la posverdad totalitaria.


jueves, 18 de diciembre de 2025

 


“Yo soy yo y mis circunstancias”, dice Ortega, pero como hemos señalado ya, es común que se conozca la mitad de la sentencia orteguiana y se pierde la segunda que es la que le da sentido. “…y si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Está claro que aquí Ortega une circunstancias y yo. Todo lo contrario de lo que puede aparentar la primera parte de la famosa cita. No hay distinción o separación entre lo que yo soy y mis circunstancias…, es más, lo que yo soy viene determinado por mis circunstancias que condicionan mi yoidad. Ahora bien, ese yo, tampoco es un yo permanente. Es, para empezar, pura virtualidad condicionada por las circunstancias que, a su vez, son las de ese sujeto y no la de otro y que vienen dadas en el tiempo como fruto, ellas mismas, de causas y condiciones. Porque las circunstancias, las poquísimas que conocemos, son condicionadas por la interpretación del sujeto. Es aquello que decía Nietzsche -y que comentaremos a parte- de “No hay hechos, sino interpretaciones”. Es decir, que las circunstancias y el sujeto son en tanto que coemergen el uno del otro de manera sinérgica. Es decir, que están coimplicados, que no pueden ser separados o escindidos. Hay un determinismo débil en la sentencia orteguiana; porque éste afirma: si no las salvo a ellas… Esto es, hay como una voluntad del yo, voluntad que quizás Ortega pensase que existía realmente; no lo sé. Pero sí creo saber que, la voluntad, eso que rimbombantemente llamamos: libre albedrío, pues no es más que el resultado de múltiples, innumerables e incognoscibles causas y condiciones (las circunstancias). Esto se escapa a lo que Ortega pudo querer decir. No lo sé, porque no soy un especialista, ni en Ortega, ni en nada. Pero, a partir de Ortega, o de otros, pienso por mi cuenta, interpreto. En realidad, ya lo dijo Nietzsche como apunté antes: “No hay hechos, sólo interpretaciones”.

Pero no nos desviemos demasiado, aunque qué otra cosa es filosofar sino dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez y en ese cansino reflexionar siempre va emergiendo algo nuevo. No hay repetición, aunque lo parezca. Ése dar vueltas sobre lo mismo, que es el filosofar, es un girar en espiral, no un retorno siempre de lo mismo. Y esto es así inevitablemente porque nos vamos autocreando. Y está en la propia frase de Ortega. Salvar las circunstancias es elegir entre ellas, las que conocemos, de tal manera que nuestra elección nos salve de la catástrofe. Del mal que nos acecha, que llevamos dentro, en la supuesta naturaleza que creemos ser y en las circunstancias; y que eludimos si somos los suficientemente inteligentes. Claro, como se ve, esa elección, supuestamente libre, viene condicionada y, además, decimos que ha de ser inteligente. Pero, fijémonos, que, aquí, cuando decimos inteligente, no podemos separar la inteligencia lógico-lingüística de las emociones o los afectos. La inteligencia es, como decía la filósofa Adela Cortina, inteligencia cordial (de cor, cores, corazón en latín). Y ello conlleva que lo lógico viene condicionado por lo emocional o afectivo y a la inversa. Por eso la elección no es tan libre como parece. Podemos hablar, para no meternos en honduras, de un determinismo débil. El caso es que el yo, el sujeto del que habla Ortega es una construcción. Atrás queda el yo cartesiano, lógico-matemático y sustancial. Aquí el yo es sujeto y el sujeto es existencial (el conjunto de experiencias que constituyen a las circunstancias), no substancial. Eso es, que el sujeto cambia, es impermanente, supuestamente se autoconstruye, pero condicionadamente por las circunstancias. Éstas, ni son todas las que conocemos, ni permanentes. En realidad, circunstancias y yo constituyen la existencia, la subjetividad.

Y yendo más allá de Ortega, pero sin contradecirlo, aunque él no tuviera conocimiento de esto (ya digo que lo que digan las grandes inteligencias son una forma de mirar el mundo privilegiada desde la cual nosotros miramos con nuestros propios ojos), podemos decir que el sujeto, la subjetividad, en un proceso de autoindagación, es experiencia, o, más exactamente, un conjunto de experiencias, pero si indagamos en ellas, las experiencias aparecen permanencen cambiando y desaparecen. Es decir, siguiendo al filósofo Chul Han, lo característico del ser es la Ausencia. El que nunca es el que era. Lo que llamaba Heráclito el eterno fluir de las cosas y nos ofrecía la imagen del río. Y, curiosamente, esto es lo mismo que nos apunta el budismo como Vacuidad y el taoísmo como el Tao que lo impregna todo, que es inefable y, cuya metáfora es también la del río que fluye. Y esto ya sería hablar de otra cosa, pero, si seguimos la lógica de la eliminación del sujeto sustancial nos quedamos en la subjetividad existencial y esto es la ausencia de yo. Algo bien conocido por la mística occidental y por el pensamiento filosófico oriental. Y, también, por el segundo Heidegger que, como es sabido, mantuvo sus contactos con el pensamiento oriental de primera mano, aunque no citase. Por eso, su último pensamiento fuera un mostrar. Y Ortega, que no sabemos quién copia a quién, pues con su sujeto y sus circunstancias disuelve lo sustancial en lo vital. Es decir, la VIDA, como Ausencia o Vacuidad o Eterno Fluir es la unidad impermanente y cambiante del yo y las circunstancias. En última instancia: nombres detrás de los que no hay cosa o substancia.