martes, 30 de diciembre de 2025

La servidumbre a las pasiones por ignorancia y el camino a la libertad.

Agustín de Hipona nos dice: "No salgas fuera de ti... vuelve a tu interior, en el hombre interior habita la verdad." Sin embargo, nos empeñamos en salir fuera porque el deseo nos impulsa a ello. No sólo salimos fuera para buscar cosas, personas, emociones… que supuestamente nos van a dar la felicidad; sino que también fuera de nosotros encontramos la causa de nuestros males. Pues, ni una cosa ni la otra. La felicidad es un estado de ánimo: la alegría del propio VIVIR, por un lado y nuestros males dependen de nuestra forma de percibir lo que nos rodea. Lo que vemos lo vemos desde nuestra mente, desde nuestros prejuicios a priori que condicionan lo visto. Así surgen las emociones negativas y aflicciones, que lo que producen es una contracción de nuestro ego que se siente dañado por algo de fuera. Pero esto es engañoso. Es una construcción. No podemos ver la emoción aflictiva en el exterior, ni si quiera en el interior. La sentimos en la mente, en lo psicológico, pero no la podemos encontrar. Si cambiamos nuestro pensamiento, cambiará la emoción hacia la alegría, que es la forma de ser natural que tenemos, previamente a  haber sido adoctrinados por la cultura y haber forjado un yo separado del mundo, lo Real y de mí mismo, que soy el mundo. Pero, también, si observamos, vemos la transitoriedad de todo, de esas emociones, de esas personas que me producen aflicción, según pienso yo, de ese mismo yo. Es decir, que todo es impermanencia y si es tal, es Vacuidad o fluir. Todo pasa, nada permanece, decía Heráclito.

Esto es la impermanencia o la ausencia de todo ser sustancial o con naturaleza inherente. Si todo es ausencia es que no hay un ser que sea un yo que pueda sostener las aflicciones. Por eso, no son más que engaños, ilusión, un eco, un reflejo... Si queremos ser más occidentales podemos seguir a Spinoza.

Las pasiones son un conocimiento inadecuado; es decir, ignorancia. Por tanto, las pasiones no existen en sí. No son nada, son pura ausencia de saber. No tienen sustancialidad. Si pensamos en lo de la vacuidad y en lo que señala Spinoza, que viene a ser lo mismo, pues si lo vivenciamos llegaremos al estado de no-yo o de ausencia de un yo egocéntrico y, por tanto, no habrá aflicciones. Cuando aparezcan reconoceremos su naturaleza en tanto que ignorancia o vacuidad; por tanto, no nos pueden afectar porque no hay un yo al que le puedan afectar.

Pero, mientras conseguimos ese grado de liberación, que Spinoza llama: “Amor intelectual de Dios”, pues podemos ver el origen de las pasiones o emociones, que es la ignorancia; pero cada una y en cada caso, es particular: tristeza, odio, envidia, vanidad, orgullo, celos… Todo ello está en nosotros como fruto de la ignorancia y, además, es transitorio. Ahora bien, ese estado nos hace sufrir y produce sufrimiento, en algunos casos se llega a crímenes horrendos. Por ello hay que cultivar la alegría que viene del conocimiento de las emociones o afectos: su origen y por qué estamos atados a ellas (nuestra servidumbre). El conocimiento de esto, aplicado particularmente en cada caso, lo cual nos lleva toda una labor de autoobservación y autoconocimiento y aplicación del principio de wu wei, no reaccionar (a las aflicciones, se entiende), porque entonces se produce una reacción en cadena que aumenta cada vez más el sufrimiento y nos hace más esclavos. Nos ofuscamos en una ignorancia plena.


Nuestra libertad consiste en la consciencia de nuestra servidumbre a las pasiones, nuestra esclavitud por ignorancia. Desde la alegría de vivir, que es la propia Vida, pues buscamos un conocimiento adecuado para salir de la ignorancia. Esto es lo que nos dará, además de la alegría, de la que se parte, la felicidad en tanto que conocimiento adecuado de nuestras aflicciones. Desde la sensibilidad y el entendimiento no podemos llegar a más; pero sí desde el tercer grado del conocimiento: la intuición, que nos lleva al conocimiento de Dios o Naturaleza o Amor Intelectual a Dios. Y aquí sí hay una liberación de las pasiones y un acceso a Dios como infinitud y, por tanto, a la no dualidad. Ya no estamos separados.


 

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