lunes, 19 de enero de 2026

"El caminante sobre el mar de nubes" (1818) – Caspar David Friedrich

El poder del escepticismo: pensamiento y libertad

Todo lo que tenga que ver con la ética, tiene que ver con todos los seres humanos. Por eso es tan difícil tomar decisiones en la vida, porque en la vida todo es ético y, en ética, no hay problemas; que, quieras o no, tienen solución. En la vida, en la ética tenemos dilemas, entre ellos y llevado al extremo, el del prisionero. Y, claro, tenemos que tomar una decisión entre ambas partes del dilema sin que haya una solución definitiva. Por eso, cada decisión es una creación de nosotros mismos. O, cada acción, nos construye, por eso se dice aquello de: Somos hijos de nuestras obras. O, mejor aún: somos nuestras obras.

Por eso sentimos ese desasosiego permanente. Nunca tendremos la información suficiente para decidir. Pero, si así fuera, eso no sería vida. Porque estar vivo es estar sumido en la incertidumbre, en el no saber. Aquellos que creen saberlo todo. Quienes están demasiado seguros son peligrosos. Suelen caer en dogmatismos y fanatismos. Y éste es el origen de la violencia. Porque el dogmático, por defecto, intenta imponer su verdad. Es necesario un sano escepticismo; el cual ha tenido muy mala prensa y ha sido confundido con el negacionismo o con el nihilismo. Tanto el uno como el otro son posturas dogmáticas. El escepticismo es elegir la forma difícil, pero la única auténtica de vivir: la duda. Vivir es dudar, dudar es vivir. En la duda no se está a gusto, porque no hay seguridades, ni certezas. Nos encontramos en el abismo. Y sólo contamos con tablas de náufragos para sujetarnos. Todo es conjetura, todo provisionalidad. Sólo tenemos la certeza de que vamos a morir, pero no nos la creemos; además, el momento es absolutamente incierto. Por eso, erróneamente, vivimos como si no fuésemos a morir.


"Filósofo en meditación" (1632) – Rembrandt

Paradójicamente, cada vez estamos menos familiarizados con la enfermedad, la vejez y la muerte. Y gran parte de nuestra vida es una respuesta al miedo a la muerte. Se nos infunde un cuidado matemático, medido, del cuerpo y de las supuestas emociones (se les da de lado o, simplemente, se las ignora, a aquellas llamadas negativas) y seguimos el libro de instrucciones que se nos da desde el poder, siendo, como siempre, obedientes y sumisos por miedo a la muerte.

Por eso digo que es una paradoja, pero sólo aparente. Si se sabe mirar, uno se da cuenta de que se nos aleja de la vida real y se nos vende, literalmente, una vida de fantasía en la que no existen ni la tristeza, ni la cobardía, ni los celos, ni el odio, ni la enfermedad, ni el deterioro físico, ni, por último, la muerte. Y se nos ofrecen unas pautas: ejercicio, alimentación, sueño, revisiones médicas,… que si seguimos alejan el fantasma de la muerte. Pero, no es así, las obedecemos. Obedecemos al poder, sin que éste se vea implicado, aparentemente, simple y llanamente por lo que lo hemos hecho siempre: por miedo y ese miedo procede de la ausencia de pensamiento. Que, a su vez, exige valor. Porque, pensar siempre es pensar contra el poder, contra lo que te oprime, contra lo que te obliga sin dejar que tú tomes las riendas y, encima, lo hace por tu bien. es una inmensa hipocresía para tenernos atados y bien atados; pero, lo peor de todo es que obedecemos. La servidumbre humana voluntaria. Atrévete a pensar por ti mismo, nos decía Kant que era el lema de la Ilustración, conócete a ti mismo, nos decía Sócrates. Ambas cosas parten del sano escepticismo, de la duda y de no tener miedo a ella. Pero, como insiste Kant, si tienes un oficial al que obedecer, un político al que creer, un cura que te absuelve de tus responsabilidades, un médico que te mande tu dieta,… para qué vas a pensar. Hoy, todas esas formas de poder están reducidas a una: el poder económico. Nos quieren sanos, como robots (no sé qué miedo hay a la IA, si nosotros somos la IA más perfecta que hay), para que produzcamos, para que seamos eficaces.

Y, si uno piensa, lo primero que hace es “pararse”; porque el acto de pensar necesita parar y tomar distancia. Y esto es desobedecer, romper el ritmo de producción. El que se para y piensa y, más aún, no obedece las consignas del Poder, está enfermo. Hoy ya no hay mal moral; ahora se dice que uno está enfermo cuando más sano está, cuando es Libre, cuando está vivo.

Vivimos bajo un manto de totalitarismo inconsciente que se alimenta de nuestra ignorancia y nuestro miedo y que nos ofrece píldoras de salvación: el autocuidado, la espiritualidad new age, que alimenta nuestro narcisismo; vamos, que va en la dirección contraria de la sana espiritualidad. Nada que ver con Simone Weil que vivía, no sólo en su pensamiento y voluntad, sino en la misma acción, las penurias del otro, porque el otro es otro como yo. Ahora, es de risa, por no llorar, se medita, si a eso se le puede llamar meditación, que esa es otra, la neolengua, para eliminar el estrés y la ansiedad que la misma sociedad te produce al considerarte mercancía, no un ser humano. La sociedad, el Poder, te enferma y te da la pastilla, ya sea a modo de indicaciones de alimentación, mindfulness o la pastilla química tradicional. Muchas de ellas producen adición, con lo cual hay una cadena que te ata, o si no crean adicción, el mero miedo es la adicción. Todos padecemos el poder y, a la vez, les resultamos la mar de rentables; porque somos, a su vez, el vehículo de transmisión de la misma ideología del poder que nos domina. Y lo hacemos desde la ignorancia. Esto se ve de forma directa entre el profesorado y la clase médica. Pero está en todos lados. Incluso los que se creen disidentes y acusan a los poderes que producen guerras. Este activismo, que se cree libre, es combustible para la guerra. También obedecen consignas y representan su papel. Pensar y ser libre te lleva a la soledad y el silencio. Y, la soledad, en tanto que somos animales sociales, es difícil de soportar; a menos que uno sea lo suficientemente libre y haya vencido el miedo a la inseguridad, a que todo es conjetural, que de todo se puede y se debe dudar. Que vivir es desvivirse, no que te vivan. Pensar es despojarse de todo lo ajeno (desvivirse) y construirse desde el yo soy. y este yo, ni es narcisista, ni egocéntrico. Es el nosotros. Lo común a todos los seres sintientes. Lo universal que es la VIDA y se expresa en lo particular: los múltiples modos de ser que tiene esa VIDA.

"El sueño de la razón produce monstruos" (1799) – Francisco de Goya

 


 

viernes, 2 de enero de 2026

                                            Cristo de Dalí

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” Evangelio de San Juan, 14,6

Ésta otra sentencia de Jesús de Nazaret, también me surgió en meditación el día 31. Como la primera han sido como un mantra que me han acompañado toda la vida. En un principio, en la niñez, era como una revelación que la tomaba más del lado ontológico (sin saber qué era eso, claro), que ético. Durante algunas décadas este “mantra” estuvo muy silenciado. Primero por mi interés por la Ciencia y, segundo, por mis estudios sobre el origen de la religión y del cristianismo en particular. Si bien hice un estudio crítico-histórico del origen psicológico, histórico y filosófico de la Religión, evolutivo y biológico; así como antropológico (la religión como forma de dar un sentido y una identidad cultural) que se corresponde con el estado mítico de conciencia, previo al racional en el que yo me había sumergido desde mis primeros escarceos con la Filosofía; no olvidé en el caso del cristianismo la ética evangélica que me seducía y la incomprensible figura de Jesús y los contrastes con la religión creada a partir de su figura. Así como los contrastes de la Historia que se nos contaba en la que la diferencias entre buenos y malos, justicia e injusticia, … eran demasiado claros y radicalizados. Aunque la figura de Jesús se perfilaba con sus angustias e inseguridades para mostrar su naturaleza humana.

El caso es que Jesús como camino tenía una dimensión ontológica porque representa al Ser, a lo que hay. Por eso dice, también, la Vida. Y la luz (Verdad) lo podemos asociar con su dimensión antropológico-ética. La figura de Jesús como algo que despierta la admiración, la confianza en la bondad intrínseca del hombre. Y su mensaje ético muy claro y sencillo, sin necesidad ni de reglas, ni de códigos que lo den por escrito. Su propia vida es un ejemplo de su ética en la que hay una coincidencia absoluta entre su vivir y su decir. Seguir su mensaje ético, expuesto casi únicamente en forma de parábolas, salvo algún discurso, como el “Discurso de la montaña” donde se exponen las Bienaventuranzas. Un programa ético-político absolutamente revolucionario; pero no sólo para aquel tiempo; sino para ahora mismo. Sin necesidad alguna de creer en un Jesús hijo de un Dios separado del mundo y creador de él.

Todo esto, que será el cristianismo paulino, generará grandes discursos, polémicas y diferencias; que durante los cuatro primeros siglos convivían, junto con las religiones, después llamadas paganas, de las que se nutriría por ósmosis el cristianismo y las diferentes escuelas filosóficas griegas y su deriva en el Imperio Romano, que darían la forma y estructura conceptual a todo el cristianismo posterior. Pero toda esta rica convivencia -independientemente de las disputas y de las persecuciones a la que los cristianos fueron sometidos, más que por el contenido, por el peligro político que podían representar como religión del pueblo, de los oprimidos, de los esclavos- se rompería cuando Roma se hace cristiana y elimina y condena toda forma de creencia y de pensamiento que no coincidiese con el Credo y las escrituras del Nuevo Testamento surgidas del Concilio de Nicea en el 325 de nuestra era.

No discutiré aquí todo este proceso y lo que supuse. No sería más que una interpretación muy somera para todo lo que hay al respecto. Incluso, después de miles de libros escritos al respecto lo que tenemos son interpretaciones que se aproximan a lo real, además de la imposibilidad de separar la fe y la razón de forma radical, si no queremos caer en un reduccionismo caricaturesco y dogmático. Con lo que ello conlleva de peligros fanáticos por ambos lados: el de la fe o el de la razón.

Las breves palabras que esta sentencia me sugieren no las digo como experto, que, para empezar, no lo soy. Si no, más bien como vivencia, aunque lo encuadre un poco en el contexto del texto completo del Evangelio de Juan del que forma parte. Y como es un sentir, pues no es como una oración o una comprensión teológica-filosófica; sino como un mantra en el sentido de la vibración que transmite o, mejor dicho, me transmite.

Punto blanco. Kandinsky

La frase completa que la podéis ver en el enlace es la que sigue. Es por contextualizar un poco, lo mínimo. También la experiencia de lo místico, al Misterio, … le viene bien el conocimiento. Como ya dijera Spinoza. A través de la facultad del entendimiento (conocer) y la tercera facultad se accede al conocimiento de Dios, que no es algo entendible, ni decible. Es experiencial. Pero, curiosamente, subjetivamente, universal. Pues es ésta:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. San Juan, 14

Con lo anterior de la vivencia subjetivamente universal, no decible; sino mostrable, si acaso. Todo lo que se puede decir, queda dicho, pero a lo mejor, se puede mostrar algo más. De lo contrario el Silencio que suele elegir el sabio Taoísta. “El Tao que se nombra no es el Tao. El que no se nombra es el verdadero Tao”, de ahí el Silencia y el alejamiento o la inmersión en la cotidianeidad pasando absolutamente desapercibido. Pero con mucha soledad y silencio.

Ser el camino, la verdad y la vida, ya he hablado un poco de ello. Cuando uno confía en otro; ese otro se convierte en tú camino. Porque el camino no es ningún código de reglas, sino una acción después de vislumbrar que aquel al que prestas devoción es la verdad en el sentido espiritual. Es decir, un camino de acceso a la divinidad. Por eso quería contextualizar la frase completa.

También la verdad espiritual es aquello que emana en la misma devoción y que alumbra la oscuridad, el abismo, el silencio, la soledad que conlleva el abandonarse. O, la disolución del ego. Desprenderse, desasirse de los “quereres”, desaferramiento, vaciarse. Cuando esto ocurre, el vacío que emerge y en el que caes como en un abismo, se llena de luz. No necesitas aferrarte a nada, eres la propia luz. Por tanto, cesa la dualidad y, en términos cristianos, tu yo universal, Jesús y el Padre (Dios) sois lo mismo. En el cristianismo se habla del Espíritu Santo que sería el amor del Padre por el Hijo, del Hijo por los hombres y toda la creación. Y, ambos, El Hijo y uno mismo se funden en el Amor al Dios Padre.

Con tantas palabras pierde la fuerza mística de la experiencia, vivencia subjetiva que se puede tener como un vislumbre o una experiencia más estable, de la que no hay vuelta atrás, pero no es aún plena. Los quereres vuelven, de ahí la vigilancia y la práctica: el servir a los demás, la oración, la meditación, la reflexión de autoconocimiento, comprender al otro como otro yo, es decir, ponerse en su lugar, ser él. Porque, ya “sabes” que no hay dos, ni tres ni muchos, sino Uno que se manifiesta o emana por Amor en la pluralidad de seres.

Esta comprensión y concepción te da paz y calma interior. Serenidad. Nadie te puede dañar. El daño del otro es una mera ficción una construcción a partir del yo egoico. Una vez que el yo se va estabilizando en su funcionalidad, crecen las virtudes y van disminuyendo los afectos aflictivos o emociones negativas. Están ahí, son tú, pero son una falsa visión un conocimiento inadecuado fruto de la ignorancia. Sólo hay luz que llena la vacuidad y ausencia del ego o yo egoísta (yo siempre hay). Es un producto evolutivo-adaptativo que sigue existiendo porque funciona. Pero a veces se quiere hacer con el control, se identifica con personajes a los que le da sustancialidad y ahí emerge el sufrimiento y las emociones aflictivas que se sanan, con el conocimiento y ayudado por la luz que somos. Pues, en palabras cristianas somos uno en Cristo y el Padre.

De esta forma, tenemos no dualidad, pero, a su vez, se salva la singularidad y pluralidad, además de la mediación o camino, verdad y vida, que es el Hijo que nos une al Padre. Es la luz que nos acoge en ese vacío.

Sumi-e Mountain...Sesshú Toyo

De ahí que todos los místicos, y esta sentencia es absolutamente mística, además de mostrarnos una praxis, acción, para llegar a lo Absoluto, que es ser y seguir la vida y ética del propio Jesús. Y no hay nada que entender, se sabe, o no. Y, cuando se sabe, hay que cultivarlo para que crezca y no abandonarlo para que no desaparezca.

Es como la anécdota que se cuenta de Jung. En una entrevista le preguntaron si creía en Dios y respondió: ni creo, ni dejo de creer. Lo sé. Es la certeza, la evidencia, el conocimiento directo, sin intermediarios del entendimiento, que nos da la intuición mística. Como magistralmente analiza Spinoza en el libro V de su Ética.

Seguir esta sentencia es seguir una vía ancha, pero solitaria, silenciosa y de continuo desapego…disolverse. Y, aunque la vía sea ancha y, en realidad, estás yendo hacia ti mismo, cuyo fondo es el propio Absoluto, la Divinidad, Vacuidad, Conciencia universal, Tao,…

Descubrir a Dios, el Padre, en el lenguaje cristiano es descubrirse a sí mismo en tu propia vacuidad, cuando todos los apegos se han abandonado. Aquí emerge la visión directa, sin entendimiento ni sensibilidad, de la no dualidad.

https://www.bible.com/es/bible/149/JHN.14.6-7.RVR1960


 

Arte Priakin/Code Images

OPINIÓN, CONOCIMIENTO Y POSVERDAD

El problema de la posverdad, que nos está llevando a un derrumbe ético y político. Y, con ello, a un colapso social, tiene su raíz en la mala interpretación que se ha hecho de lo que es una opinión, la libertad de opinar y de expresar lo que uno piensa, cree y siente.

Para empezar, la gran conquista de la democracia es la libertad, tanto individual como política. Podemos y sería lo deseable, pensar autónomamente, por nosotros mismos. Y las instituciones democráticas deberían dejar ejercer la libertad de expresión de todos los ciudadanos. Por otro lado, todas las opiniones son respetables dentro del marco de que son todas discutibles y todas ofrecen una visión del mundo y un estado de ser en y con el mundo.

Fusilamientos del dos de mayo. Goya

Respetable no significa que uno diga, como sucede mayoritariamente y en el mundo de la posverdad es ya un lugar común, “ésta es mi opinión y no tengo que escuchar nada más, ni está en discusión”. Esto es un grave peligro porque la posverdad es la disolución social, de la Polis y política (ocuparse de lo público). Y el no pensar lo que opinamos, no discutirlo convierte, como hemos señalado en muchas ocasiones, a las opiniones en relativas: todas valen lo mismo. No, todas son discutibles, pero no valen lo mismo. Aquí es donde aparece el relativismo de las opiniones: se dice o se cree, que todas son válidas y no es así. Son todas discutibles y esta discusión genera un espacio común de libertad, respeto y conocimiento en el que, a través de las opiniones podemos comprender al otro, escuchándolo, y no imponiendo nuestra opinión, ya sea por la fuerza (Tiranía) o por el silencio; que es desentenderse de lo común.

No es que haya opiniones que sean la Verdad. No, todo es falible, todo es discutible. Pero sí las hay más fundadas, informadas y con conocimientos más sólidos y diversos que las apoyan. Lo cual no las hace verdaderas. Porque, entonces, estaríamos en la tiranía de los sabios (Platón) o en la tecnocracia actual aliada a la oligarquía partitocrática.

De ahí que las opiniones deben ser informadas y puestas en el foro común para que sean respetadas en el sentido de discutidas, para forjar un lugar común lo más universal posible. Esto requiere de instituciones sanas y medios de comunicación fiables, no ideologizados, ni obedientes al poder político o económico y que se inspiren en múltiples fuentes. Las opiniones informadas requieren también del acuerdo de que hay unos hechos, que son precisamente, los que interpretamos y sobre los que opinamos y debatimos con vistas, no a llevar “la razón”, cuando en realidad, la razón, el logos, es lo común. Y el debate de la pluralidad de opiniones se dirige hacia el bien común. En la posverdad, por el contrario, los hechos se inventan y no hay nada que discutir porque se imponen por el poder como Verdad Absoluta.

El problema, y por eso hemos llegado a la posverdad, es el relativismo de las opiniones: todas valen lo mismo. Y ello se produce y produce una ausencia total o casi total de información y, cuando la hay, generalmente es desinformación porque ya no hay hechos; sino que los hechos son inventados. Por eso, cualquiera con poder puede decir y hacer lo que quiera. Ya, ni si quiera opina sobre hechos, sino que, literalmente, son inventados. El mundo de la posverdad es el mundo orwelliano.

Y, siguiendo a Spinoza, pues lo único que conduce a la libertad es el conocimiento. Por tanto, la información es necesaria para opinar. Y quien opina sin información, simplemente, repite eslóganes que ha aprendido de oídas o, quizás, de los medios de desinformación y control de las masas. Nos jugamos mucho o, más bien, todo. El conocimiento basado en la información nos hace libres y la libertad construye la Polis, lo público y común. Si no hay conocimiento, pues surge un poder arbitrario, fanático y violento: la Tiranía. En la que ya no hay personas, sino cosas.

Percepciones. Revista Papeles de FUHEM

Hoy estamos en este mundo de la posverdad y, efectivamente, no somos considerados por el poder político-partidista y oligárquico, personas; sino cosas, productos, … Las palabras que siguen de Arendt sacadas de la obra “El fin de un mundo común” de Martínez Bazcuñán, confirman la importancia de las opiniones informadas (conocimiento), para poder mantener un mundo común y plural y salvarnos del abismo del nihilismo de la posverdad. Y esto requiere, añado, un trabajo interior de autoconocimiento de nuestras ideas, emociones y creencias, que habremos de conocer para saber su origen, efecto y cómo nos hacen ser lo que somos y, si es necesario cambiarlas para cambiar y fundamentarlas con más conocimiento y debate público por el bien común sin interés egoísta.

Por cierto, todo esto es una opinión fundada, informada, estudiada; o sea, conocimiento. Pero absolutamente falible, criticable y, sobre todo, puede ser cambiada y enriquecida. No con la intención de tener razón, sino para que pueda servir para alcanzar una sociedad común, más libre, igualitaria y fraterna.

“Esto no quiere decir que los medios de comunicación no sean importantes. Por supuesto que lo son. Arendt misma lo advierte con contundencia: «La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos».[43] También cuando afirma: «El momento en que ya no tenemos una prensa libre, cualquier cosa puede suceder. Lo que hace posible que un régimen totalitario o cualquier otra dictadura gobierne es que la gente no está informada: ¿Cómo puedes tener una opinión si no estás informado?».

Martínez-Bascuñán, Máriam. El fin del mundo común (Spanish Edition) (p. 160). TAURUS. Edición de Kindle.