Poner
la otra mejilla y la no violencia.
Pues ayer me preguntaron sobre qué pensaba de lo que
propone Jesús en los Evangelios de “poner la otra mejilla”. Me voy a la cita de
Mateos que dice:
Evangelio de Mateo 5:39 (Reina-Valera 1960): “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo;
antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la
otra”
Y, en el Evangelio de Lucas
se dice:
Evangelio de Lucas 6:29
(DHH): “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la
otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa”.
Aquí el texto es algo más rico, aunque no cambia el
sentido profundo de lo que se quiere decir.
Bien, el caso es que, como toda la enseñanza del Nazareno
es bastante polémica, para su época y para la nuestra. En última instancia el
estado de consciencia de la humanidad, independientemente de que haya habido
individualidades, como el mismo Jesús de Nararet, que hayan llegado a estados
más ampliados de consciencia; incluso los más elevados, no ha cambiado. Se
mantiene en el estado mítico-egoico.
El hombre no ha salido, ni del círculo de la violencia, ni
de la venganza, ni de la consciencia de pertenencia, por tanto, de ruptura con
el otro y con la naturaleza. Sigue habiendo guerras, por las mismas razones:
Poder, e instigadas desde las mismas creencias: división entre yo y el otro,
bien y mal, yo estoy en el lado del bien, el otro es el bárbaro, si me hacen
algo devuelvo el golpe, ni olvido ni perdono… Es decir, que el mal es el mismo,
aunque hayan cambiado las condiciones técnicas. Esto nos lleva, de soslayo, a
otro punto interesante y es el del Progreso de la humanidad.
Con lo que acabamos de decir queda claro que el Progreso
técnico científico y económico no nos ha hecho avanzar, ni un ápice, en la
Historia en lo que a la moral o ética se refiere. Como diría Rousseau, al
contrario, el desarrollo o progreso ha aumentado la desigualdad entre los
hombres. Y, la tecnociencia, aliada al poder económico y político ha hecho que
la violencia sea aún mayor, más despiadada. Aparece, no es que antes no lo
hubiese, pero era en menor escala, el genocidio y etnocidio. El exterminio planificado
racional y científicamente. El caso es que las bases éticas, las creencias
morales que justifican este mal son las mismas que en la época de Jesús de
Nazaret.
Por otro lado, hay una cuestión que se discute
filológicamente y es qué se entiende en el contexto por poner la otra mejilla.
Algunos autores defienden que poner la otra mejilla es darse la vuelta y no
seguir con la violencia. En cualquier caso, el resultado es el mismo. Lo que
ocurre es que, si interpretamos poner la otra mejilla literalmente, entonces se
produce la crítica a la ética que intenta mostrar Jesús, como un victimismo y
una apología de permitir el maltrato sin aplicar la Justicia.
Bien, ya se entienda de una u otra forma, la cuestión -y
queda claro, por ejemplo, en el episodio de Jesús entrando en el Templo y
echando a los mercaderes- lo que Jesús plantea es una revolución ética que,
para que cuaje, necesita de otra cosa que debe ir a la par y es, el cambio de
conciencia. Si el hombre al que habla Jesús, ya sea, el judío, o a toda la
humanidad, no evoluciona en su estado de conciencia, pues seguirá anclado en la
venganza y no entenderá nunca el mensaje. Es más, lo considerará, una tontería,
un acto idealista, o, como hemos dicho, apología del maltrato. El “poner la
otra mejilla” no es nada de esto. Es, simplemente, el ideal (hacia lo cual se
aspira que se dirija la acción humana) de la no violencia. Ideal o idea; que,
por cierto, es mucho más antigua que el discurso de Jesús, de alguna manera ya
está en el Antiguo Testamento cuando se habla del amor al prójimo. Que es,
precisamente, con lo que tientan los escribas a Jesús y él responde con su
famosa parábola del buen Samaritano, que es, en suma, una consecuencia de la no
violencia. El amor, o es universal; y, entonces, el prójimo, no es sólo el
“proximus”, sino la humanidad e, incluso, todos los seres sintientes, o no es
amor. Es puro interés, es formar un grupo para defenderse de otro. Amor no es
identidad nacional, ni patriótica, ni política, ni religiosa… El amor pasa por
encima de todo eso y es universal.
Claro, por eso decía que para entender el mensaje de Jesús
es necesario un cambio de conciencia. Jesús habla a una inteligencia completa,
integral. En la que las emociones y la razón van unidas. Es, como dirá Adela
Cortina, una inteligencia cordial (de cor, cores: corazón). La inteligencia,
básicamente, es trinitaria, se fundamenta en la emoción y los sentimientos, la
inteligencia analítica y lógica y, por último: la intuición. Una inteligencia
integral implica que se funciona en la vida desde esos tres puntos o
perspectivas unificadas y no separadas. En realidad, la inteligencia es así, la
trinidad en la unidad. Ahora bien, culturalmente se pueden potenciar unas
partes y eliminar otras. Y en la evolución de la conciencia a lo largo de la
historia se van integrando.
Una conciencia ampliada ve desde una inteligencia ampliada o
integral y, entonces, el prójimo es el otro, cualquier otro, no el judío, sino
el samaritano. Y, por eso esto es una consecuencia del “poner la otra mejilla”.
Si el otro es otro como yo, si me veo en la mirada del otro, entonces no podré
ejercer la violencia contra él, sí la justicia. Pero ésta llega más tarde. En
el momento en el que se sufre una agresión, un agravio, el poner la otra
mejilla es el símbolo que utiliza Jesús de lo que en el hinduismo es Ahimsa, la
no violencia. Pero, la no violencia no implica dejarse y dejar que maten,
violen… Si no, en no responder desde el lado de la violencia. De esta manera,
se rompe con la cadena de la violencia, no se cae en el ciclo sin fin que es en
el que ahora estamos y nos puede llevar al fin de nuestra especie, como ya lo
hemos hecho con muchas otras. Pero esto no es sólo inteligible, la razón
analítica es insuficiente: o utilizamos también la razón emocional, cordial y
la intuición (saber con certeza que tú eres igual que el otro en esencia:
sufres y buscas salir del sufrimiento y buscas la felicidad). Entonces
comprendes y vivencias al otro como otro yo: con sentimientos, emociones,
amigos, familia, religión grupos comunes, ideales… y, entonces siento su
sufrimiento, el infierno que lleva dentro, como lo llevo yo. Es decir, todos
llevamos en nuestro interior un desasosiego que es fruto de la lucha entre el
bien y el mal en nuestro interior: las pasiones aflictivas y las virtudes. Eso
significa que todos seamos iguales. No basta con que se proclame, lo cual es un
gran paso, la igualdad en lo exterior; que hace posible la institución de la
Justicia universal y la democracia. Si no que de lo que se trata es de que se
comprenda, se integre en uno. Y, entonces se entienden las palabras de Jesús. Y
se entienden como revolución social, política e individual.
Eso sí, si no se produce el cambio en uno mismo, no se
produce en el exterior. Si seguimos siendo vengativos, si vemos en el otro una
amenaza, si fomentamos la competencia en lugar de la cooperación, de poco sirve
la Justicia. En definitiva, las instituciones que protegen los derechos
humanos están formadas por personas. Pero, si éstas, no han evolucionado en el
sentido que hemos dicho, pues acabarán, como vemos por doquier, en corrupción.
La guerra entre unos y otros, entre fuertes y débiles, entre naciones,
religiones, grupos étnicos, inmigrantes… pues seguirá como vemos hasta ahora.
Ahimsa, la no violencia activa, no pasiva, poner la otra
mejilla, es cortar de raíz el bucle, la espiral de violencia que, si no se
hace, sigue sin fin hasta el autoexterminio.
Y, para cerrar, también me decían ayer que los filósofos
deberíamos aportar algo así como una “receta”, una fórmula una “hoja de ruta”,
que dicen ahora, para salir del embrollo en el que nos hemos metido. Bien, la
respuesta es doble. Primero, esto no depende ni de los filósofos, ni de los
sabios, místicos, científicos… sino, de todos. Ésa es la primera parte; pero,
como hemos visto, y es la segunda parte, hace milenios que tenemos “la receta”:
el ideal del ahimsa (no violencia activa: Gandhi es un exponente
contemporáneo), el amor al prójimo como a uno mismo o el poner la otra mejilla,
la parábola del buen samaritano o las Bienaventuranzas (El discurso de la
montaña en el evangelio de Mateos); son una buena muestra de que lo que hay que
hacer ya se sabe; pero esto requiere una evolución de la conciencia. Y ésta no
se ha dado.
Por esta razón, y está íntimamente ligado, el hombre no
quiere ser libre, prefiere obedecer y estar tranquilo, “como si” fuese libre,
aunque no lo sea, a tener que tomar decisiones, ser libre y tener que
construirse y dar sentido a su existencia.
Por eso Dostoievski, en los Hermanos Karamazov pone en boca
del Gran Inquisidor (en Sevilla) aquello de que, si Jesús se vuelve a aparecer
a la muchedumbre, primero lo aclamarán, pero después, será vilipendiado,
acusado, juzgado y ejecutado (como ya pasó, o como pasó también con Sócrates y
tantos otros).
Todo porque el hombre no se atreve a ser libre. Y no se
atreve, por miedo. Y tiene miedo, porque no nos vemos en el otro, al contrario;
lo que vemos en el otro es una amenaza: pobres, inmigrantes, enfermos, débiles
como las mujeres, los niños, los ancianos… a todos los tememos y por eso
ejercemos la violencia.


Realmente creo que es una gran explicación no solo desde el punto de vista de Los Evangelios sino también desde la Sociología. En efecto es el miedo al otro, sobre todo al que es diferente, el germen de la violencia para que nuestra brutalidad al "defender nuestra posición" intenté legitimar el uso de esa violencia.
ResponderEliminarDesde la esfera de la política se fomenta esa escisión incluso con los son más semejantes a nosotros, por eso hubo una terrible guerra incivil y por eso seguimos divididos y sin atrevernos a ejercer una preciosa libertad, que no es otra que la de abrazar la Ética y soltar la posición egoica y pasiva que nos ata a nuestras plácidas cadenas invisibles.