Acabo de terminar de leer una tesis doctoral de Pilar Benito
Olalla, sobre mi querido Spinoza. Una tesis magistral inmensamente documentada
y argumentada de lectura pausada por la dificultad de los temas tratados y la
dificultad del propio Spinoza, pero una lectura apasionante, cosa rara en el
ámbito académico. Y, además, con una problemática real abierta. No mero
academicismo que se queda en cita de libros, que citan otros libros y así
sucesivamente.
Da la casualidad de que ando escribiendo un comentario a los
tres últimos libros de la Ética de Spinoza, nada académico, mi impresión,
precisamente esos son los tres libros que trata la tesis. El caso es que, por
mi parte, me vengo barruntando que Spinoza llegó, poco a poco, por el
entendimiento, la razón, a sus tesis de los dos primeros libros y, también lo
desarrolló en el tercero y el cuarto, pero el quinto es un salto al tercer
nivel del conocimiento, el de la intuición. Son muchas las opiniones de los
eruditos, yo no voy a entrar aquí. Lo que sí voy a hacer, y es como si hubiese
hecho falta este tiempo para que esta obra cayese en mis manos, es interpretar
la Ética spinoziana desde la no dualidad. Ya sé que es una postura incomoda
para los filósofos académicos; pero creo que ellos tropiezan con un límite, que
es, intentar entender a Spinoza desde la razón, pero Spinoza excede la razón, y
no sólo en el libro quinto, sino que yo creo que, después de mucho esfuerzo del
entendimiento y mucho discernir, tuvo la visión clara del tercer nivel del
conocimiento, la intuición, y esto fue lo que le hizo llegar al amor
intelectual de Dios desde el que emanan todos los afectos y en el que hay una
participación de lo eterno del alma en dios y una presencia de dios en todo. Es
decir, en la visión última desde la eternidad se pierden el objeto y el sujeto,
es decir, desaparece la dualidad. Y, lo curioso es que, mientras caía esta
tesis en mis manos yo he estado estudiando las diferentes filosofías de la no
dualidad, tanto en Occidente como en Oriente. Y, como no soy un filósofo
académico, pues voy a seguir con mi comentario a la Ética de Spinoza desde la
perspectiva de la no dualidad, algo que es sólo accesible al tercer grado de la
conciencia, que es la intuición y donde los opuestos, sujeto y objeto,
desaparecen. Y, si no, vean cómo termina la ética de Spiniza:
“La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud,
sino que es la virtud misma, y no gozamos de ella porque reprimamos nuestras
concupiscencias, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestra
concupiscencia porque gozamos de ella.
…
Escolio. Con esto concluye todo lo que quería mostrar a
cerca del poder del alma sobre los affectos y la libertad del alma. En virtud
de ello, es evidente cuánto vale el sabio, y cuánto más poderoso es que el
ignaro, que actúa movido sólo por la concupiscencia. Pero el ignorante, a parte
de ser zarandeado por muchos modos por las causas exteriores y de no poseer
jamás el verdadero contento del alma, vive, además, casi inconsciente de sí
mismo, de Dios y de las cosas, y, tan pronto como deja de padecer, deja también
de ser. El sabio, por el contrario, considerado en cuanto tal, a penas
experimenta conmociones del alma, sino que, consciente de sí mismo, de Dios, y
de las cosas con arreglo a una cierta necesidad eterna, nunca deja de ser, sino
que siempre posee el verdadero contento del ánimo. Si la vía que, según he
mostrado, conduce a ese logro, parece muy ardua, es posible hallarla, sin
embargo. Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto:
si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran
trabajo, ¿cómo podría suceder que casi todos la desdeñen? Pero todo lo excelso
es tan difícil,…”

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