sábado, 7 de marzo de 2026


Poner la otra mejilla y la no violencia.

Pues ayer me preguntaron sobre qué pensaba de lo que propone Jesús en los Evangelios de “poner la otra mejilla”. Me voy a la cita de Mateos que dice:

Evangelio de Mateo 5:39 (Reina-Valera 1960): “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”

Y, en el Evangelio de Lucas se dice:

Evangelio de Lucas 6:29 (DHH): “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa”.

Aquí el texto es algo más rico, aunque no cambia el sentido profundo de lo que se quiere decir.

Bien, el caso es que, como toda la enseñanza del Nazareno es bastante polémica, para su época y para la nuestra. En última instancia el estado de consciencia de la humanidad, independientemente de que haya habido individualidades, como el mismo Jesús de Nararet, que hayan llegado a estados más ampliados de consciencia; incluso los más elevados, no ha cambiado. Se mantiene en el estado mítico-egoico.

El hombre no ha salido, ni del círculo de la violencia, ni de la venganza, ni de la consciencia de pertenencia, por tanto, de ruptura con el otro y con la naturaleza. Sigue habiendo guerras, por las mismas razones: Poder, e instigadas desde las mismas creencias: división entre yo y el otro, bien y mal, yo estoy en el lado del bien, el otro es el bárbaro, si me hacen algo devuelvo el golpe, ni olvido ni perdono… Es decir, que el mal es el mismo, aunque hayan cambiado las condiciones técnicas. Esto nos lleva, de soslayo, a otro punto interesante y es el del Progreso de la humanidad.

Con lo que acabamos de decir queda claro que el Progreso técnico científico y económico no nos ha hecho avanzar, ni un ápice, en la Historia en lo que a la moral o ética se refiere. Como diría Rousseau, al contrario, el desarrollo o progreso ha aumentado la desigualdad entre los hombres. Y, la tecnociencia, aliada al poder económico y político ha hecho que la violencia sea aún mayor, más despiadada. Aparece, no es que antes no lo hubiese, pero era en menor escala, el genocidio y etnocidio. El exterminio planificado racional y científicamente. El caso es que las bases éticas, las creencias morales que justifican este mal son las mismas que en la época de Jesús de Nazaret.

Por otro lado, hay una cuestión que se discute filológicamente y es qué se entiende en el contexto por poner la otra mejilla. Algunos autores defienden que poner la otra mejilla es darse la vuelta y no seguir con la violencia. En cualquier caso, el resultado es el mismo. Lo que ocurre es que, si interpretamos poner la otra mejilla literalmente, entonces se produce la crítica a la ética que intenta mostrar Jesús, como un victimismo y una apología de permitir el maltrato sin aplicar la Justicia.



Bien, ya se entienda de una u otra forma, la cuestión -y queda claro, por ejemplo, en el episodio de Jesús entrando en el Templo y echando a los mercaderes- lo que Jesús plantea es una revolución ética que, para que cuaje, necesita de otra cosa que debe ir a la par y es, el cambio de conciencia. Si el hombre al que habla Jesús, ya sea, el judío, o a toda la humanidad, no evoluciona en su estado de conciencia, pues seguirá anclado en la venganza y no entenderá nunca el mensaje. Es más, lo considerará, una tontería, un acto idealista, o, como hemos dicho, apología del maltrato. El “poner la otra mejilla” no es nada de esto. Es, simplemente, el ideal (hacia lo cual se aspira que se dirija la acción humana) de la no violencia. Ideal o idea; que, por cierto, es mucho más antigua que el discurso de Jesús, de alguna manera ya está en el Antiguo Testamento cuando se habla del amor al prójimo. Que es, precisamente, con lo que tientan los escribas a Jesús y él responde con su famosa parábola del buen Samaritano, que es, en suma, una consecuencia de la no violencia. El amor, o es universal; y, entonces, el prójimo, no es sólo el “proximus”, sino la humanidad e, incluso, todos los seres sintientes, o no es amor. Es puro interés, es formar un grupo para defenderse de otro. Amor no es identidad nacional, ni patriótica, ni política, ni religiosa… El amor pasa por encima de todo eso y es universal.

Claro, por eso decía que para entender el mensaje de Jesús es necesario un cambio de conciencia. Jesús habla a una inteligencia completa, integral. En la que las emociones y la razón van unidas. Es, como dirá Adela Cortina, una inteligencia cordial (de cor, cores: corazón). La inteligencia, básicamente, es trinitaria, se fundamenta en la emoción y los sentimientos, la inteligencia analítica y lógica y, por último: la intuición. Una inteligencia integral implica que se funciona en la vida desde esos tres puntos o perspectivas unificadas y no separadas. En realidad, la inteligencia es así, la trinidad en la unidad. Ahora bien, culturalmente se pueden potenciar unas partes y eliminar otras. Y en la evolución de la conciencia a lo largo de la historia se van integrando.

Una conciencia ampliada ve desde una inteligencia ampliada o integral y, entonces, el prójimo es el otro, cualquier otro, no el judío, sino el samaritano. Y, por eso esto es una consecuencia del “poner la otra mejilla”. Si el otro es otro como yo, si me veo en la mirada del otro, entonces no podré ejercer la violencia contra él, sí la justicia. Pero ésta llega más tarde. En el momento en el que se sufre una agresión, un agravio, el poner la otra mejilla es el símbolo que utiliza Jesús de lo que en el hinduismo es Ahimsa, la no violencia. Pero, la no violencia no implica dejarse y dejar que maten, violen… Si no, en no responder desde el lado de la violencia. De esta manera, se rompe con la cadena de la violencia, no se cae en el ciclo sin fin que es en el que ahora estamos y nos puede llevar al fin de nuestra especie, como ya lo hemos hecho con muchas otras. Pero esto no es sólo inteligible, la razón analítica es insuficiente: o utilizamos también la razón emocional, cordial y la intuición (saber con certeza que tú eres igual que el otro en esencia: sufres y buscas salir del sufrimiento y buscas la felicidad). Entonces comprendes y vivencias al otro como otro yo: con sentimientos, emociones, amigos, familia, religión grupos comunes, ideales… y, entonces siento su sufrimiento, el infierno que lleva dentro, como lo llevo yo. Es decir, todos llevamos en nuestro interior un desasosiego que es fruto de la lucha entre el bien y el mal en nuestro interior: las pasiones aflictivas y las virtudes. Eso significa que todos seamos iguales. No basta con que se proclame, lo cual es un gran paso, la igualdad en lo exterior; que hace posible la institución de la Justicia universal y la democracia. Si no que de lo que se trata es de que se comprenda, se integre en uno. Y, entonces se entienden las palabras de Jesús. Y se entienden como revolución social, política e individual.



Eso sí, si no se produce el cambio en uno mismo, no se produce en el exterior. Si seguimos siendo vengativos, si vemos en el otro una amenaza, si fomentamos la competencia en lugar de la cooperación, de poco sirve la Justicia. En definitiva, las instituciones que protegen los derechos humanos están formadas por personas.  Pero, si éstas, no han evolucionado en el sentido que hemos dicho, pues acabarán, como vemos por doquier, en corrupción. La guerra entre unos y otros, entre fuertes y débiles, entre naciones, religiones, grupos étnicos, inmigrantes… pues seguirá como vemos hasta ahora.

Ahimsa, la no violencia activa, no pasiva, poner la otra mejilla, es cortar de raíz el bucle, la espiral de violencia que, si no se hace, sigue sin fin hasta el autoexterminio.

Y, para cerrar, también me decían ayer que los filósofos deberíamos aportar algo así como una “receta”, una fórmula una “hoja de ruta”, que dicen ahora, para salir del embrollo en el que nos hemos metido. Bien, la respuesta es doble. Primero, esto no depende ni de los filósofos, ni de los sabios, místicos, científicos… sino, de todos. Ésa es la primera parte; pero, como hemos visto, y es la segunda parte, hace milenios que tenemos “la receta”: el ideal del ahimsa (no violencia activa: Gandhi es un exponente contemporáneo), el amor al prójimo como a uno mismo o el poner la otra mejilla, la parábola del buen samaritano o las Bienaventuranzas (El discurso de la montaña en el evangelio de Mateos); son una buena muestra de que lo que hay que hacer ya se sabe; pero esto requiere una evolución de la conciencia. Y ésta no se ha dado.

Por esta razón, y está íntimamente ligado, el hombre no quiere ser libre, prefiere obedecer y estar tranquilo, “como si” fuese libre, aunque no lo sea, a tener que tomar decisiones, ser libre y tener que construirse y dar sentido a su existencia.

Por eso Dostoievski, en los Hermanos Karamazov pone en boca del Gran Inquisidor (en Sevilla) aquello de que, si Jesús se vuelve a aparecer a la muchedumbre, primero lo aclamarán, pero después, será vilipendiado, acusado, juzgado y ejecutado (como ya pasó, o como pasó también con Sócrates y tantos otros).

Todo porque el hombre no se atreve a ser libre. Y no se atreve, por miedo. Y tiene miedo, porque no nos vemos en el otro, al contrario; lo que vemos en el otro es una amenaza: pobres, inmigrantes, enfermos, débiles como las mujeres, los niños, los ancianos… a todos los tememos y por eso ejercemos la violencia.

 


 

lunes, 9 de febrero de 2026

 

Mystery Babylon

El Libro Rojo, Liber Novum, y su proyección.

La vida es pasar. La muerte, también. Pero la muerte es el paso de la Unidad meramente formal, estructural, nominal… a los muchos, la pluralidad, diversidad, la singularidad; que, a su vez, son unidades meramente nominales: bacteria, célula,... Lo común a todo ello es que no hay un yo substancial que permanezca. Ese yo es una impresión, una experiencia, una percepción del cambio que es todo lo que hay: la VIDA.

9 de febrero de 2026

Jung, con su Libro Rojo o Novum liber, abre muchos campos. Es un libro objetivo, pero tremendamente subjetivo. Más bien, la objetividad científica surge de la experiencia subjetiva, al límite, que vive Jung. De esta manera se convierte en un libro del que emanan los conceptos objetivos del sistema de la Psicología Analítica, y, por otro lado, se muestra la vivencia que su creador, el médico psiquiatra Jung, tiene internamente, en diálogo con el inconsciente, dirigido por el Self y configurando el yo en el proceso de individuación. Siempre caminando en la cuerda floja de no caer en las profundidades del yo identificado con algún arquetipo o en la escisión con lo humano si vivencia el Yo Soy o Self como única realidad y se separa del ámbito humano. Este libro es una invitación a realizar un proceso de autoconocimiento, que, a su vez, es un conocimiento de la Historia y de la naturaleza humana; pero una invitación que, de ser aceptada, uno debe asumir los riesgos que corre su equilibrio mental.

El encuentro con el Sí Mismo, sin dejar de ser un yo, la Unidad y la pluralidad, la segunda en la primera. Lo que es el proceso de individuación y el encuentro con la sombra, individual y colectiva no son bromas. También es una propuesta de buscar un sentido tras la muerte de Dios que Nietzsche, con gran acierto anunció y nos avisó de lo que se nos avecinaba. Es decir, es un camino psicológico, ético, político y espiritual en el cual el individuo, como universal ser humano, como particular que alberga lo universal, toma sentido de sí y de los conflictos en los que nos encontramos que no son más; o, ni más ni menos, que un nihilismo extremo, un vacío de consciencia, una soledad tremenda llena de dolor y sufrimiento, desasosiego, narcisismo, competitividad, consumo de objetos (virtuales) y de emociones y personas que ya no se consideran como tal, sino como objetos.


Paranoid Erik Vitsoe

Me he dado cuenta, releyendo a Jung y algunos libros sobre Jung, de que hay una propuesta, aunque, a mi modo de ver, él no propone nada, pero de su análisis, podemos encontrar extraer una matriz universal de comprensión de lo subjetivo y lo universal. Y, lo interesante es que se conserva lo singular en lo universal. Y, ambos son procesos, no cosas. No hay nada terminado. Todo está en construcción. Lo que sí tenemos es una estructura, pero dinámica, nunca definitiva. Y esto último es de gran importancia.

Dios ha muerto, pero no tenemos que perder el sentido ni individual, ni colectivamente. Ahora bien, ya no podemos ser sujetos pasivos. Hemos de construirnos psicológica, ética y espiritualmente. Esta construcción, que es un conocimiento de sí, de la psique y su dinamismo, nos cambia y cambia el mundo. Y es integradora, precisamente porque Jung lo va construyendo a través de una integración: la cultura occidental, la ciencia, la medicina y la psiquiatría, la neurología. Pero, también, la mitología de todo el mundo, las diferentes expresiones culturales y su culminación espiritual. De América, África y, sobre todo, Asía, el subcontinente indio, y algo de China, eso sí, lo más importante: el I Ching, y el taoísmo, tanto el filosófico como el alquímico.

Creo que para el occidental es una buena guía, que cada cual recorrería a su manera y que tendría como último fin: lo social o lo político entendido como vida en la Polis. Somos animales sociales y nos construimos a través de las relaciones con los demás. Eso sí, nuestra individualidad y autonomía, nos hace, siguiendo a Kant, que seamos sociablemente insociables y/o la inversa. El equilibrio, que para cual es distinto, el caso es no ser absorbido por ninguno de los extremos, entre la autonomía y la sociabilidad es nuestra salud. Y, nuestra salud es la de la sociedad y a la inversa. La sociedad puede estar enferma, como es el caso: poder arbitrario, ausencia de valores salvo el mercantil, ideologías erróneas y que hacen sufrir y que el Poder transmite porque es su interés, competitividad,…; pero si no sanamos nosotros, simplemente seremos vasallos, siervos voluntarios… La apuesta por nuestra individuación, por enfrentarnos a la sombra… es una vía de autoconocimiento, individual y colectiva a la par, sin dogmas, sin ideologías, dinámica, un proceso siempre dinámico. Pero un proceso de autoliberación y de liberación social. Todo lo que ocurre en el individuo, ocurre en la sociedad; y lo mismo en la dirección contraria.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que, por muy dinámica que sea esta estructuro y este proceso, y que la individuación te lleve a lo universal, a unos de una manera, a otros de otra y que se requiere coraje, valentía, paciencia, ética, disciplina, concentración, meditación y reflexión; es decir, las virtudes clásicas o cardinales; es sólo un mapa, con palabras que son conceptos, ideas. Ni el mapa es lo real, ni las ideas tienen correspondencia. Son la maravilla de la creación humana; pero que, tarde o temprano, también hemos de abandonar.


Plaza de la Comnstitución, Ciudad de Oaxaca. México


jueves, 5 de febrero de 2026

Goya. Paseo del Santo Oficio

Libertad frente a obediencia y servidumbre


Hoy me he levantado obsesionado (más bien una intuición de algo que quiero decir; pero que no es aún ni una imagen, menos un concepto. Sin embargo, hay una idea por debajo, que intuyo y me muestra algo) con Goya y El Gran Inquisidor de Dostoievski.

El tema es la Libertad. Pero, también, que el hombre no la desea, prefiere embrutecerse creyendo ser feliz y es dominado por otros de forma arbitraria; incluso en las llamadas democracias. Como muy bien analiza Chul Han. La libertad es un regalo y, a la vez, un quehacer. Un quehacer que, a algunos, se les convierte en una carga. Prefieren la rutina, obedecer, no decidir y, pensar, que así son felices, pero eso no es felicidad. Ni la felicidad es el objeto de la vida, sino la dignidad. Encima, se confunde felicidad con bienestar a base de tener. Si hablásemos de felicidad en términos de Aristóteles o los estoicos, epicúreos, … entonces sí merecería la pena. Porque, aquí, la felicidad está ligada a la virtud, no al tener, poseer, consumir. El Gran Inquisidor le dice a Jesús al final:

“El hombre no quiere ser libre; quiere ser feliz. Y la libertad lo destruye.”

Es muy paradójico porque, en principio, el Gran Inquisidor también quiere salvar al hombre, pero a la fuerza y haciendo uso del miedo a la libertad que el hombre tiene y a preferir la servidumbre voluntaria: obedecer. Así, el hombre se comportaría como rebaño y sería conducido fácilmente. Pero ¿Qué pasaría si el hombre es libre, si piensa por sí mismo, si exige su dignidad?

El Inquisidor lo deja en libertad y Jesús se despide con un beso en los labios y se marcha. Jesús le ofrece la libertad al mismo Inquisidor.

Esto, no sólo es un dilema en la religión, sino, también, en toda forma de vida social, ética y política humana. Y esto, a mi modo de ver, y por desgracia, explica gran parte del mal en la Historia. La Historia de barbarie y genocidios del siglo XX, la Historia de decadencia, colapso, indiferencia, mirar para otro lado, el todo vale, la posverdad,… de lo que llevamos del siglo XXI. el hombre es hombre-masa y se disuelve en la obediencia líquida, como si no obedeciera a nadie. Se aísla en su narcisismo, se hunde en su nihilismo. Por eso enferma, desea compulsivamente, todo en él es desasosiego (Dukka o sufrimiento). Pero sigue renegando de su libertad, aunque ni lo sepa. Ni piensa por sí mismo, ni si quiera, piensa. Y, sin pensamiento, no hay libertad. Pero, ay, la libertad es tarea, es autoconstrucción. Demasiado costosa. Además, te aísla del grupo, de los que obedecen y se burlan del que piensa. La masa sólo actúa bravuconamente, en tanto que masa, pero se compone de individuos cobardes. Por eso forman un grupo, una masa que obedece consignas y desde ese pedestal se creen libres y seres pensantes. Pero, no, no nos engañemos, el hombre quiere seguridad frente a libertad. Pero, la seguridad, exige obedecer, por eso no se piensa y se obedece. Si pensamos no obedecemos nada que anule nuestra dignidad. Es más, si se piensa, sólo nos obedecemos a nosotros mismos. A una sociedad de hombres libres.

Goya. Saturno devorando a sus hijos.

La cuestión es si seremos capaces de formar una comunidad de hombres libres. Como el hombre no tiene naturaleza fija, no podemos decir que tenga libertad por naturaleza. Más bien lo contrario. El hombre tiene miedo y éste alimenta su instinto de supervivencia y obedece por miedo, declina su libertad por la “seguridad” que se le ofrece. Por eso nos dice Dostoievski:

“Nada ha sido para el hombre más insoportable que la libertad.”

Y, el Gran Inquisidor acusa a Jesús:

“Tú les diste libertad, y con ella les diste un tormento eterno.”

Sin embargo, la iglesia y toda forma de poder ofrece la superstición, el milagro, el misterio-superstición y la autoridad fundada en el miedo. Por eso Dostoievski no habla sólo del cristianismo, ni de la religión en general. Habla del hombre y su naturaleza. De nuestras contradicciones. De la vida, que no es lógica, sino paradójica y que, sin tener solución, tenemos que actuar sin certeza alguna. Y, si somos libres, actuamos según pensamos, pero eso da un poco o mucho miedo. Mejor es obedecer y desentenderse. Es nuestra tendencia. Es, digamos, la entropía moral humana. Por eso el Gran Inquisidor afirma, de forma terrible:

“Ellos se alegrarán de ser conducidos como un rebaño.”

El hombre quiere seguridad y pan. Y, para ello, ha de obedecer. Incluso puede llegar a matar, o hacer la vista gorda, o justificarlo por un supuesto bien común.

Este problema, dilema, paradoja,… lo tenemos ante nuestras narices y, según parece, el Inquisidor acierta y Jesús (y muchos otros) ofrecen la libertad, pero no es acogida (por eso muere, al igual que Sócrates). Hoy obedecemos más que nunca y nos estamos disolviendo en un mundo virtual de deseos narcisistas y ahondando en nuestro sin sentido, nuestro nihilismo.

A lo mejor, se me ocurre, la salida sería tomar consciencia de que somos humanidad: uno en la multiplicidad de lo diferente. Así, en tanto que humanidad sería más fácil ejercer la libertad sin obedecer a ninguna instancia superior. Simplemente, a lo que somos en tanto que seres vivos, psicológicos, biográficos, humanos, en comunidad y unidad con el resto de la tierra y, en última instancia, del universo, del cual somos producto y autoconsciencia.



 

miércoles, 4 de febrero de 2026


El vacío humano

Así es. Lipovestky lo vio muy claro y muy bien. Lo que es el sinsentido después de la muerte de Dios. La razón como diosa. Pero una razón reduccionista, mecanicista, cientificista, mercantilizada… Todo ello convierte al hombre en objeto, en bien de uso, intercambiable, indiferenciable. El hombre se siente vacío De todas formas, nada sale de la nada. Eso se venía ya diciendo desde la escuela de Frankfurt (Teoría crítica de la Ilustración. Muy centrada en el arte, Adorno, uno de los principales), desde el existencialismo; sobre todo A. Camus, luego vinieron, en los mismos ochenta, los que querían establecer una filosofía definitiva, como han querido muchos filósofos. Se creó el pensamiento único, que era una sustitución de Dios y una instauración del neoliberalismo y de la superioridad de la civilización Occidental blanca y cristiana. Mi crítica al pensamiento único iba a los cimientos. El pensamiento si es único, no es pensamiento, es dogma. Una verdad inventada como en 1984. El pensamiento es diálogo y disidencia y se dirige contra el poder.

Por otro lado, antropológicamente, el vacío humano, después de la segunda guerra mundial "¿Dónde estaba Dios cuando el genocidio?" se preguntaba un teólogo protestante que fue ajusticiado por el régimen nazi, dio lugar a una ausencia de valores. Ante esa ausencia fue apareciendo el valor del tener sobre el del ser. Se extiende hasta hoy en día; pero hoy el tener, que siempre es inaccesible, se ha vuelto fugaz, casi impalpable, existe más virtualmente que físicamente. El deseo se crea y cuando se empieza a satisfacer físicamente, nos decepciona; porque lo virtual nos parece más real que lo físico. Es lo sensual que tiene un móvil lo que lo hace apetecible. Pero esa sensualidad retórica desaparece rápido físicamente y el mecanismo del deseo emerge de nuevo.

La aceleración del deseo nos hace perder nuestra identidad; porque ya no nos demoramos en el tiempo, al revés, nos lo saltamos. Vivimos proyectados en un futuro virtual que crea realidades que nosotros no podemos seguir y nos produce enfermedad. Simplemente estamos diseñados psicobiológicamente para otra cosa. Correr, andar, trotar, planificar la caza, comer. Sestear a la sombra de un árbol o al abrigo de una cueva. Jugar y reír mucho. No competir con nadie. No existe eso en nuestro cerebro. Demorarse, lo llama Chul Han, Heidegger y los budistas. Uno, paradójicamente, vive en el tiempo, en el presente, cuando se para, cuando contempla, cuando no hace nada...se demora. Va como de puntillas, delicadamente, degustando a través de los sentidos todo lo que le aparece, sin pensar en pasado ni futuro; porque no tienen existencia... Recuperar ese estado es la salvación que tenemos y eso no es cambiar de políticos. Es cambiar nosotros para que todo cambie.






 

viernes, 30 de enero de 2026


Spinoza

Diálogo de espejos.

 ·  Desde Spinoza (Ética, V, Proposición 32): "Todo cuanto entendemos por el tercer género de conocimiento, nos deleita, y ello acompañada de la idea de Dios como causa".

·  Desde Lao Tse (Tao Te King, Capítulo 11): "Se moldea la arcilla para hacer una vasija, pero es del vacío interno de donde sale la utilidad de la vasija".

Estas sentencias, por sí solas ya se comentan. Pero se comentan por lo que muestran, no por lo que se puede deducir de ellas. Y eso es así porque no están en el nivel de la demostración, del decir; sino del mostrar. La intuición, muestra, el entendimiento, demuestra.

Es curioso que en la primera lo que se nos puede transmitir es plenitud. Pero la plenitud del infinito es como ausencia, no tiene fin. El infinito es autocreador, emana continuamente. Produce el espacio, el tiempo, el pensamiento, pero no es eso, es infinitas expresiones más. Esas expresiones se manifiestan como transitorias, como podemos ser nosotros. Que, además, somos expresiones de lo infinito conscientes de nosotros mismos y de lo infinito. Sabemos que nacemos y morimos. Pero lo hacemos como manifestación. La comprensión, entonces, de que no somos cosas, substancias, no hay un yo, hay un fluir de todo aparente. Porque todo lo que Es, es desde la eternidad (sin tiempo), produce alegría de Ser. Es como una transmisión de fuerza que capta la VIDA y que se sabe, no ser, ausencia. Y aquí conectamos con el Tao y con el Zen. Aunque esto les pueda parecer arriesgado a los académicos. No intento demostrar nada. Sólo es una expresión de una vivencia.

El Tao que no se puede decir es el verdadero Tao, dice Lao Tze. Pero, si observamos, la utilidad de una vasija, no es su ser, sino su no ser, el vacío que deja. Y esa vacío está contendido en lo lleno, las paredes de la vasija. Así, una vasija cuya vacuidad se puede llenar es la unión de los opuestos y es la completitud, o infinitud e indeterminación. Pero una vasija nunca puede dejar de llenarse, porque siempre se puede vaciar.

                                Lao Tze


Y esto último me lleva a la mística del desaferrarse del maestro Eckhart, del famoso libro anónimo de La nube del no saber, el desasimiento y el Toda ciencia trascendiendo de San Juan de la Cruz. El vaciamiento de sí mismo del que habla Simone Weil y del que nos ilustra Chul Han en su obra como diálogo con Weil y, sobre todo, en su obra sobre el budismo zen. El vaciarse es no haber nadie, cuando no hay nadie, nadie actúa, entonces hay wu wei, porque el alguien produce una dualidad, una tensión, al haber una voluntad de algo, cuando ya no hay voluntad de nada es porque ya no hay un quién. Pero todo sigue funcionando. Nos resistimos a desaferrarnos, a desasirnos, a atravesar la nube del no saber, al vaciamiento del sí mismo, que es de él y de lo que contiene, no hay taza, ni nada en la taza, hay vacuidad o espontaneidad, a trascender la ciencia (lo supuestamente conocido, parcelado con conceptos que no son más que palabras que nos creemos que nos ayudan a ver, pero que, en realidad, nos permiten ver muy parcialmente y como constructo, como si viésemos con las anteojeras del burro, o con unas gafas que nos filtran lo que vemos, pero no somos conscientes de ellas). El vaciamiento es acercarse al borde del abismo y, ahí está el pánico, el miedo, el sinsentido. La consecuencia de la muerte de Dios, como ya anunciara Nietzsche. Dar un paso y dejarse caer, es vaciarse de sí, desaferrarse. Entonces no hay ni un qué, ni un algo, ni un quién. Vacuidad viva, pero no nada. Dejar ser, COMPRENDER desde la intuición. Sólo hay el conatus de Spinoza expresándose como alegría, subjetivamente hablando, ontológicamente, la vacuidad es la espontaneidad del Ser que nunca es fijo. La infinitud nunca puede ser fija, es pura potencialidad, pura creación de sí mismo, EMANACIÓN. El abismo que no absorbe, sino que emerge tal cual en cada una de sus infinitas expresiones. Modos, los llamaba Spinoza, las diez mil cosas (el tao que se puede nombrar), los llama el Taoísmo, los dharmas, los llama el budismo, no confundir con Dharma, que es la doctrina, la palabra que, en última instancia se muestra, no se dice. Por eso el maestro zen no dice nada, no enseña nada, porque nada hay que decir ni enseñar. Todo está dado, pero para que su discípulo caiga en la cuenta ha de vaciar su cuenco, porque, de lo contrario no hay lugar (vacío) para que todo, la vacuidad, lo llene. Eso significa dejar de ser los pensamientos, las ideas y las creencias. Dejar de ser un yo, para ser nadie (no cosa, no substancia, pero conatus en forma de alegría). Es la gran carcajada del maestro taoísta o zen, la eterna ironía de Sócrates, el silencio de Buda con la flor en la mano y una sonrisa en el rostro. Es la oscuridad y la armonía manifiesta del río de Heráclito. La danza del Derviche, el tambor del chamán…

Y todo esto parecería no ser práctico, pero sólo imaginen por un momento que nos vaciamos de nuestros conceptos, creencias, ideas, prejuicios, emociones, culpas, envidias,… ¿No emanaría de ahí la VIDA en lugar de la muerte y el sufrimiento? Sin yo soy tal… no hay fricción, ni lucha. Todo sigue igual, pero hay la posibilidad del comprender, de la armonía. Decía Santa Teresa que Dios habitaba entre las cazuelas, pues eso. O Jesús de Nazaret, que el Reino de los cielos está en cada uno de nosotros; es decir, en la tierra. Pero también decía que primero hay que morir (es el vaciarse del quién o alguien, del zen, es lo innombrable del Tao que ya somos…). Insisto, todo sigue igual, la mesa vuelve a ser mesa, hay que hacer la compra, hay que trabajar,… Pero la mirada cambia porque no hay un quien haga todo eso. Se hace por sí sólo cuando no hay resistencia. A eso llaman wu wei, que no es ni un nombre es un sinograma, una representación dinámica de un proceso cuya característica, como señala Chul Han, es la AUSENCIA. No intenten comprender, no busquen nombres a todo esto, no busquen un hilo conductor. Respiren el aroma que se desprende y dejen ser al no ser… Vacíen su taza de té.

 


 

lunes, 19 de enero de 2026

"El caminante sobre el mar de nubes" (1818) – Caspar David Friedrich

El poder del escepticismo: pensamiento y libertad

Todo lo que tenga que ver con la ética, tiene que ver con todos los seres humanos. Por eso es tan difícil tomar decisiones en la vida, porque en la vida todo es ético y, en ética, no hay problemas; que, quieras o no, tienen solución. En la vida, en la ética tenemos dilemas, entre ellos y llevado al extremo, el del prisionero. Y, claro, tenemos que tomar una decisión entre ambas partes del dilema sin que haya una solución definitiva. Por eso, cada decisión es una creación de nosotros mismos. O, cada acción, nos construye, por eso se dice aquello de: Somos hijos de nuestras obras. O, mejor aún: somos nuestras obras.

Por eso sentimos ese desasosiego permanente. Nunca tendremos la información suficiente para decidir. Pero, si así fuera, eso no sería vida. Porque estar vivo es estar sumido en la incertidumbre, en el no saber. Aquellos que creen saberlo todo. Quienes están demasiado seguros son peligrosos. Suelen caer en dogmatismos y fanatismos. Y éste es el origen de la violencia. Porque el dogmático, por defecto, intenta imponer su verdad. Es necesario un sano escepticismo; el cual ha tenido muy mala prensa y ha sido confundido con el negacionismo o con el nihilismo. Tanto el uno como el otro son posturas dogmáticas. El escepticismo es elegir la forma difícil, pero la única auténtica de vivir: la duda. Vivir es dudar, dudar es vivir. En la duda no se está a gusto, porque no hay seguridades, ni certezas. Nos encontramos en el abismo. Y sólo contamos con tablas de náufragos para sujetarnos. Todo es conjetura, todo provisionalidad. Sólo tenemos la certeza de que vamos a morir, pero no nos la creemos; además, el momento es absolutamente incierto. Por eso, erróneamente, vivimos como si no fuésemos a morir.


"Filósofo en meditación" (1632) – Rembrandt

Paradójicamente, cada vez estamos menos familiarizados con la enfermedad, la vejez y la muerte. Y gran parte de nuestra vida es una respuesta al miedo a la muerte. Se nos infunde un cuidado matemático, medido, del cuerpo y de las supuestas emociones (se les da de lado o, simplemente, se las ignora, a aquellas llamadas negativas) y seguimos el libro de instrucciones que se nos da desde el poder, siendo, como siempre, obedientes y sumisos por miedo a la muerte.

Por eso digo que es una paradoja, pero sólo aparente. Si se sabe mirar, uno se da cuenta de que se nos aleja de la vida real y se nos vende, literalmente, una vida de fantasía en la que no existen ni la tristeza, ni la cobardía, ni los celos, ni el odio, ni la enfermedad, ni el deterioro físico, ni, por último, la muerte. Y se nos ofrecen unas pautas: ejercicio, alimentación, sueño, revisiones médicas,… que si seguimos alejan el fantasma de la muerte. Pero, no es así, las obedecemos. Obedecemos al poder, sin que éste se vea implicado, aparentemente, simple y llanamente por lo que lo hemos hecho siempre: por miedo y ese miedo procede de la ausencia de pensamiento. Que, a su vez, exige valor. Porque, pensar siempre es pensar contra el poder, contra lo que te oprime, contra lo que te obliga sin dejar que tú tomes las riendas y, encima, lo hace por tu bien. es una inmensa hipocresía para tenernos atados y bien atados; pero, lo peor de todo es que obedecemos. La servidumbre humana voluntaria. Atrévete a pensar por ti mismo, nos decía Kant que era el lema de la Ilustración, conócete a ti mismo, nos decía Sócrates. Ambas cosas parten del sano escepticismo, de la duda y de no tener miedo a ella. Pero, como insiste Kant, si tienes un oficial al que obedecer, un político al que creer, un cura que te absuelve de tus responsabilidades, un médico que te mande tu dieta,… para qué vas a pensar. Hoy, todas esas formas de poder están reducidas a una: el poder económico. Nos quieren sanos, como robots (no sé qué miedo hay a la IA, si nosotros somos la IA más perfecta que hay), para que produzcamos, para que seamos eficaces.

Y, si uno piensa, lo primero que hace es “pararse”; porque el acto de pensar necesita parar y tomar distancia. Y esto es desobedecer, romper el ritmo de producción. El que se para y piensa y, más aún, no obedece las consignas del Poder, está enfermo. Hoy ya no hay mal moral; ahora se dice que uno está enfermo cuando más sano está, cuando es Libre, cuando está vivo.

Vivimos bajo un manto de totalitarismo inconsciente que se alimenta de nuestra ignorancia y nuestro miedo y que nos ofrece píldoras de salvación: el autocuidado, la espiritualidad new age, que alimenta nuestro narcisismo; vamos, que va en la dirección contraria de la sana espiritualidad. Nada que ver con Simone Weil que vivía, no sólo en su pensamiento y voluntad, sino en la misma acción, las penurias del otro, porque el otro es otro como yo. Ahora, es de risa, por no llorar, se medita, si a eso se le puede llamar meditación, que esa es otra, la neolengua, para eliminar el estrés y la ansiedad que la misma sociedad te produce al considerarte mercancía, no un ser humano. La sociedad, el Poder, te enferma y te da la pastilla, ya sea a modo de indicaciones de alimentación, mindfulness o la pastilla química tradicional. Muchas de ellas producen adición, con lo cual hay una cadena que te ata, o si no crean adicción, el mero miedo es la adicción. Todos padecemos el poder y, a la vez, les resultamos la mar de rentables; porque somos, a su vez, el vehículo de transmisión de la misma ideología del poder que nos domina. Y lo hacemos desde la ignorancia. Esto se ve de forma directa entre el profesorado y la clase médica. Pero está en todos lados. Incluso los que se creen disidentes y acusan a los poderes que producen guerras. Este activismo, que se cree libre, es combustible para la guerra. También obedecen consignas y representan su papel. Pensar y ser libre te lleva a la soledad y el silencio. Y, la soledad, en tanto que somos animales sociales, es difícil de soportar; a menos que uno sea lo suficientemente libre y haya vencido el miedo a la inseguridad, a que todo es conjetural, que de todo se puede y se debe dudar. Que vivir es desvivirse, no que te vivan. Pensar es despojarse de todo lo ajeno (desvivirse) y construirse desde el yo soy. y este yo, ni es narcisista, ni egocéntrico. Es el nosotros. Lo común a todos los seres sintientes. Lo universal que es la VIDA y se expresa en lo particular: los múltiples modos de ser que tiene esa VIDA.

"El sueño de la razón produce monstruos" (1799) – Francisco de Goya

 


 

viernes, 2 de enero de 2026

                                            Cristo de Dalí

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” Evangelio de San Juan, 14,6

Ésta otra sentencia de Jesús de Nazaret, también me surgió en meditación el día 31. Como la primera han sido como un mantra que me han acompañado toda la vida. En un principio, en la niñez, era como una revelación que la tomaba más del lado ontológico (sin saber qué era eso, claro), que ético. Durante algunas décadas este “mantra” estuvo muy silenciado. Primero por mi interés por la Ciencia y, segundo, por mis estudios sobre el origen de la religión y del cristianismo en particular. Si bien hice un estudio crítico-histórico del origen psicológico, histórico y filosófico de la Religión, evolutivo y biológico; así como antropológico (la religión como forma de dar un sentido y una identidad cultural) que se corresponde con el estado mítico de conciencia, previo al racional en el que yo me había sumergido desde mis primeros escarceos con la Filosofía; no olvidé en el caso del cristianismo la ética evangélica que me seducía y la incomprensible figura de Jesús y los contrastes con la religión creada a partir de su figura. Así como los contrastes de la Historia que se nos contaba en la que la diferencias entre buenos y malos, justicia e injusticia, … eran demasiado claros y radicalizados. Aunque la figura de Jesús se perfilaba con sus angustias e inseguridades para mostrar su naturaleza humana.

El caso es que Jesús como camino tenía una dimensión ontológica porque representa al Ser, a lo que hay. Por eso dice, también, la Vida. Y la luz (Verdad) lo podemos asociar con su dimensión antropológico-ética. La figura de Jesús como algo que despierta la admiración, la confianza en la bondad intrínseca del hombre. Y su mensaje ético muy claro y sencillo, sin necesidad ni de reglas, ni de códigos que lo den por escrito. Su propia vida es un ejemplo de su ética en la que hay una coincidencia absoluta entre su vivir y su decir. Seguir su mensaje ético, expuesto casi únicamente en forma de parábolas, salvo algún discurso, como el “Discurso de la montaña” donde se exponen las Bienaventuranzas. Un programa ético-político absolutamente revolucionario; pero no sólo para aquel tiempo; sino para ahora mismo. Sin necesidad alguna de creer en un Jesús hijo de un Dios separado del mundo y creador de él.

Todo esto, que será el cristianismo paulino, generará grandes discursos, polémicas y diferencias; que durante los cuatro primeros siglos convivían, junto con las religiones, después llamadas paganas, de las que se nutriría por ósmosis el cristianismo y las diferentes escuelas filosóficas griegas y su deriva en el Imperio Romano, que darían la forma y estructura conceptual a todo el cristianismo posterior. Pero toda esta rica convivencia -independientemente de las disputas y de las persecuciones a la que los cristianos fueron sometidos, más que por el contenido, por el peligro político que podían representar como religión del pueblo, de los oprimidos, de los esclavos- se rompería cuando Roma se hace cristiana y elimina y condena toda forma de creencia y de pensamiento que no coincidiese con el Credo y las escrituras del Nuevo Testamento surgidas del Concilio de Nicea en el 325 de nuestra era.

No discutiré aquí todo este proceso y lo que supuse. No sería más que una interpretación muy somera para todo lo que hay al respecto. Incluso, después de miles de libros escritos al respecto lo que tenemos son interpretaciones que se aproximan a lo real, además de la imposibilidad de separar la fe y la razón de forma radical, si no queremos caer en un reduccionismo caricaturesco y dogmático. Con lo que ello conlleva de peligros fanáticos por ambos lados: el de la fe o el de la razón.

Las breves palabras que esta sentencia me sugieren no las digo como experto, que, para empezar, no lo soy. Si no, más bien como vivencia, aunque lo encuadre un poco en el contexto del texto completo del Evangelio de Juan del que forma parte. Y como es un sentir, pues no es como una oración o una comprensión teológica-filosófica; sino como un mantra en el sentido de la vibración que transmite o, mejor dicho, me transmite.

Punto blanco. Kandinsky

La frase completa que la podéis ver en el enlace es la que sigue. Es por contextualizar un poco, lo mínimo. También la experiencia de lo místico, al Misterio, … le viene bien el conocimiento. Como ya dijera Spinoza. A través de la facultad del entendimiento (conocer) y la tercera facultad se accede al conocimiento de Dios, que no es algo entendible, ni decible. Es experiencial. Pero, curiosamente, subjetivamente, universal. Pues es ésta:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. San Juan, 14

Con lo anterior de la vivencia subjetivamente universal, no decible; sino mostrable, si acaso. Todo lo que se puede decir, queda dicho, pero a lo mejor, se puede mostrar algo más. De lo contrario el Silencio que suele elegir el sabio Taoísta. “El Tao que se nombra no es el Tao. El que no se nombra es el verdadero Tao”, de ahí el Silencia y el alejamiento o la inmersión en la cotidianeidad pasando absolutamente desapercibido. Pero con mucha soledad y silencio.

Ser el camino, la verdad y la vida, ya he hablado un poco de ello. Cuando uno confía en otro; ese otro se convierte en tú camino. Porque el camino no es ningún código de reglas, sino una acción después de vislumbrar que aquel al que prestas devoción es la verdad en el sentido espiritual. Es decir, un camino de acceso a la divinidad. Por eso quería contextualizar la frase completa.

También la verdad espiritual es aquello que emana en la misma devoción y que alumbra la oscuridad, el abismo, el silencio, la soledad que conlleva el abandonarse. O, la disolución del ego. Desprenderse, desasirse de los “quereres”, desaferramiento, vaciarse. Cuando esto ocurre, el vacío que emerge y en el que caes como en un abismo, se llena de luz. No necesitas aferrarte a nada, eres la propia luz. Por tanto, cesa la dualidad y, en términos cristianos, tu yo universal, Jesús y el Padre (Dios) sois lo mismo. En el cristianismo se habla del Espíritu Santo que sería el amor del Padre por el Hijo, del Hijo por los hombres y toda la creación. Y, ambos, El Hijo y uno mismo se funden en el Amor al Dios Padre.

Con tantas palabras pierde la fuerza mística de la experiencia, vivencia subjetiva que se puede tener como un vislumbre o una experiencia más estable, de la que no hay vuelta atrás, pero no es aún plena. Los quereres vuelven, de ahí la vigilancia y la práctica: el servir a los demás, la oración, la meditación, la reflexión de autoconocimiento, comprender al otro como otro yo, es decir, ponerse en su lugar, ser él. Porque, ya “sabes” que no hay dos, ni tres ni muchos, sino Uno que se manifiesta o emana por Amor en la pluralidad de seres.

Esta comprensión y concepción te da paz y calma interior. Serenidad. Nadie te puede dañar. El daño del otro es una mera ficción una construcción a partir del yo egoico. Una vez que el yo se va estabilizando en su funcionalidad, crecen las virtudes y van disminuyendo los afectos aflictivos o emociones negativas. Están ahí, son tú, pero son una falsa visión un conocimiento inadecuado fruto de la ignorancia. Sólo hay luz que llena la vacuidad y ausencia del ego o yo egoísta (yo siempre hay). Es un producto evolutivo-adaptativo que sigue existiendo porque funciona. Pero a veces se quiere hacer con el control, se identifica con personajes a los que le da sustancialidad y ahí emerge el sufrimiento y las emociones aflictivas que se sanan, con el conocimiento y ayudado por la luz que somos. Pues, en palabras cristianas somos uno en Cristo y el Padre.

De esta forma, tenemos no dualidad, pero, a su vez, se salva la singularidad y pluralidad, además de la mediación o camino, verdad y vida, que es el Hijo que nos une al Padre. Es la luz que nos acoge en ese vacío.

Sumi-e Mountain...Sesshú Toyo

De ahí que todos los místicos, y esta sentencia es absolutamente mística, además de mostrarnos una praxis, acción, para llegar a lo Absoluto, que es ser y seguir la vida y ética del propio Jesús. Y no hay nada que entender, se sabe, o no. Y, cuando se sabe, hay que cultivarlo para que crezca y no abandonarlo para que no desaparezca.

Es como la anécdota que se cuenta de Jung. En una entrevista le preguntaron si creía en Dios y respondió: ni creo, ni dejo de creer. Lo sé. Es la certeza, la evidencia, el conocimiento directo, sin intermediarios del entendimiento, que nos da la intuición mística. Como magistralmente analiza Spinoza en el libro V de su Ética.

Seguir esta sentencia es seguir una vía ancha, pero solitaria, silenciosa y de continuo desapego…disolverse. Y, aunque la vía sea ancha y, en realidad, estás yendo hacia ti mismo, cuyo fondo es el propio Absoluto, la Divinidad, Vacuidad, Conciencia universal, Tao,…

Descubrir a Dios, el Padre, en el lenguaje cristiano es descubrirse a sí mismo en tu propia vacuidad, cuando todos los apegos se han abandonado. Aquí emerge la visión directa, sin entendimiento ni sensibilidad, de la no dualidad.

https://www.bible.com/es/bible/149/JHN.14.6-7.RVR1960