lunes, 19 de enero de 2026

"El caminante sobre el mar de nubes" (1818) – Caspar David Friedrich

El poder del escepticismo: pensamiento y libertad

Todo lo que tenga que ver con la ética, tiene que ver con todos los seres humanos. Por eso es tan difícil tomar decisiones en la vida, porque en la vida todo es ético y, en ética, no hay problemas; que, quieras o no, tienen solución. En la vida, en la ética tenemos dilemas, entre ellos y llevado al extremo, el del prisionero. Y, claro, tenemos que tomar una decisión entre ambas partes del dilema sin que haya una solución definitiva. Por eso, cada decisión es una creación de nosotros mismos. O, cada acción, nos construye, por eso se dice aquello de: Somos hijos de nuestras obras. O, mejor aún: somos nuestras obras.

Por eso sentimos ese desasosiego permanente. Nunca tendremos la información suficiente para decidir. Pero, si así fuera, eso no sería vida. Porque estar vivo es estar sumido en la incertidumbre, en el no saber. Aquellos que creen saberlo todo. Quienes están demasiado seguros son peligrosos. Suelen caer en dogmatismos y fanatismos. Y éste es el origen de la violencia. Porque el dogmático, por defecto, intenta imponer su verdad. Es necesario un sano escepticismo; el cual ha tenido muy mala prensa y ha sido confundido con el negacionismo o con el nihilismo. Tanto el uno como el otro son posturas dogmáticas. El escepticismo es elegir la forma difícil, pero la única auténtica de vivir: la duda. Vivir es dudar, dudar es vivir. En la duda no se está a gusto, porque no hay seguridades, ni certezas. Nos encontramos en el abismo. Y sólo contamos con tablas de náufragos para sujetarnos. Todo es conjetura, todo provisionalidad. Sólo tenemos la certeza de que vamos a morir, pero no nos la creemos; además, el momento es absolutamente incierto. Por eso, erróneamente, vivimos como si no fuésemos a morir.


"Filósofo en meditación" (1632) – Rembrandt

Paradójicamente, cada vez estamos menos familiarizados con la enfermedad, la vejez y la muerte. Y gran parte de nuestra vida es una respuesta al miedo a la muerte. Se nos infunde un cuidado matemático, medido, del cuerpo y de las supuestas emociones (se les da de lado o, simplemente, se las ignora, a aquellas llamadas negativas) y seguimos el libro de instrucciones que se nos da desde el poder, siendo, como siempre, obedientes y sumisos por miedo a la muerte.

Por eso digo que es una paradoja, pero sólo aparente. Si se sabe mirar, uno se da cuenta de que se nos aleja de la vida real y se nos vende, literalmente, una vida de fantasía en la que no existen ni la tristeza, ni la cobardía, ni los celos, ni el odio, ni la enfermedad, ni el deterioro físico, ni, por último, la muerte. Y se nos ofrecen unas pautas: ejercicio, alimentación, sueño, revisiones médicas,… que si seguimos alejan el fantasma de la muerte. Pero, no es así, las obedecemos. Obedecemos al poder, sin que éste se vea implicado, aparentemente, simple y llanamente por lo que lo hemos hecho siempre: por miedo y ese miedo procede de la ausencia de pensamiento. Que, a su vez, exige valor. Porque, pensar siempre es pensar contra el poder, contra lo que te oprime, contra lo que te obliga sin dejar que tú tomes las riendas y, encima, lo hace por tu bien. es una inmensa hipocresía para tenernos atados y bien atados; pero, lo peor de todo es que obedecemos. La servidumbre humana voluntaria. Atrévete a pensar por ti mismo, nos decía Kant que era el lema de la Ilustración, conócete a ti mismo, nos decía Sócrates. Ambas cosas parten del sano escepticismo, de la duda y de no tener miedo a ella. Pero, como insiste Kant, si tienes un oficial al que obedecer, un político al que creer, un cura que te absuelve de tus responsabilidades, un médico que te mande tu dieta,… para qué vas a pensar. Hoy, todas esas formas de poder están reducidas a una: el poder económico. Nos quieren sanos, como robots (no sé qué miedo hay a la IA, si nosotros somos la IA más perfecta que hay), para que produzcamos, para que seamos eficaces.

Y, si uno piensa, lo primero que hace es “pararse”; porque el acto de pensar necesita parar y tomar distancia. Y esto es desobedecer, romper el ritmo de producción. El que se para y piensa y, más aún, no obedece las consignas del Poder, está enfermo. Hoy ya no hay mal moral; ahora se dice que uno está enfermo cuando más sano está, cuando es Libre, cuando está vivo.

Vivimos bajo un manto de totalitarismo inconsciente que se alimenta de nuestra ignorancia y nuestro miedo y que nos ofrece píldoras de salvación: el autocuidado, la espiritualidad new age, que alimenta nuestro narcisismo; vamos, que va en la dirección contraria de la sana espiritualidad. Nada que ver con Simone Weil que vivía, no sólo en su pensamiento y voluntad, sino en la misma acción, las penurias del otro, porque el otro es otro como yo. Ahora, es de risa, por no llorar, se medita, si a eso se le puede llamar meditación, que esa es otra, la neolengua, para eliminar el estrés y la ansiedad que la misma sociedad te produce al considerarte mercancía, no un ser humano. La sociedad, el Poder, te enferma y te da la pastilla, ya sea a modo de indicaciones de alimentación, mindfulness o la pastilla química tradicional. Muchas de ellas producen adición, con lo cual hay una cadena que te ata, o si no crean adicción, el mero miedo es la adicción. Todos padecemos el poder y, a la vez, les resultamos la mar de rentables; porque somos, a su vez, el vehículo de transmisión de la misma ideología del poder que nos domina. Y lo hacemos desde la ignorancia. Esto se ve de forma directa entre el profesorado y la clase médica. Pero está en todos lados. Incluso los que se creen disidentes y acusan a los poderes que producen guerras. Este activismo, que se cree libre, es combustible para la guerra. También obedecen consignas y representan su papel. Pensar y ser libre te lleva a la soledad y el silencio. Y, la soledad, en tanto que somos animales sociales, es difícil de soportar; a menos que uno sea lo suficientemente libre y haya vencido el miedo a la inseguridad, a que todo es conjetural, que de todo se puede y se debe dudar. Que vivir es desvivirse, no que te vivan. Pensar es despojarse de todo lo ajeno (desvivirse) y construirse desde el yo soy. y este yo, ni es narcisista, ni egocéntrico. Es el nosotros. Lo común a todos los seres sintientes. Lo universal que es la VIDA y se expresa en lo particular: los múltiples modos de ser que tiene esa VIDA.

"El sueño de la razón produce monstruos" (1799) – Francisco de Goya

 


 

viernes, 2 de enero de 2026

                                            Cristo de Dalí

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” Evangelio de San Juan, 14,6

Ésta otra sentencia de Jesús de Nazaret, también me surgió en meditación el día 31. Como la primera han sido como un mantra que me han acompañado toda la vida. En un principio, en la niñez, era como una revelación que la tomaba más del lado ontológico (sin saber qué era eso, claro), que ético. Durante algunas décadas este “mantra” estuvo muy silenciado. Primero por mi interés por la Ciencia y, segundo, por mis estudios sobre el origen de la religión y del cristianismo en particular. Si bien hice un estudio crítico-histórico del origen psicológico, histórico y filosófico de la Religión, evolutivo y biológico; así como antropológico (la religión como forma de dar un sentido y una identidad cultural) que se corresponde con el estado mítico de conciencia, previo al racional en el que yo me había sumergido desde mis primeros escarceos con la Filosofía; no olvidé en el caso del cristianismo la ética evangélica que me seducía y la incomprensible figura de Jesús y los contrastes con la religión creada a partir de su figura. Así como los contrastes de la Historia que se nos contaba en la que la diferencias entre buenos y malos, justicia e injusticia, … eran demasiado claros y radicalizados. Aunque la figura de Jesús se perfilaba con sus angustias e inseguridades para mostrar su naturaleza humana.

El caso es que Jesús como camino tenía una dimensión ontológica porque representa al Ser, a lo que hay. Por eso dice, también, la Vida. Y la luz (Verdad) lo podemos asociar con su dimensión antropológico-ética. La figura de Jesús como algo que despierta la admiración, la confianza en la bondad intrínseca del hombre. Y su mensaje ético muy claro y sencillo, sin necesidad ni de reglas, ni de códigos que lo den por escrito. Su propia vida es un ejemplo de su ética en la que hay una coincidencia absoluta entre su vivir y su decir. Seguir su mensaje ético, expuesto casi únicamente en forma de parábolas, salvo algún discurso, como el “Discurso de la montaña” donde se exponen las Bienaventuranzas. Un programa ético-político absolutamente revolucionario; pero no sólo para aquel tiempo; sino para ahora mismo. Sin necesidad alguna de creer en un Jesús hijo de un Dios separado del mundo y creador de él.

Todo esto, que será el cristianismo paulino, generará grandes discursos, polémicas y diferencias; que durante los cuatro primeros siglos convivían, junto con las religiones, después llamadas paganas, de las que se nutriría por ósmosis el cristianismo y las diferentes escuelas filosóficas griegas y su deriva en el Imperio Romano, que darían la forma y estructura conceptual a todo el cristianismo posterior. Pero toda esta rica convivencia -independientemente de las disputas y de las persecuciones a la que los cristianos fueron sometidos, más que por el contenido, por el peligro político que podían representar como religión del pueblo, de los oprimidos, de los esclavos- se rompería cuando Roma se hace cristiana y elimina y condena toda forma de creencia y de pensamiento que no coincidiese con el Credo y las escrituras del Nuevo Testamento surgidas del Concilio de Nicea en el 325 de nuestra era.

No discutiré aquí todo este proceso y lo que supuse. No sería más que una interpretación muy somera para todo lo que hay al respecto. Incluso, después de miles de libros escritos al respecto lo que tenemos son interpretaciones que se aproximan a lo real, además de la imposibilidad de separar la fe y la razón de forma radical, si no queremos caer en un reduccionismo caricaturesco y dogmático. Con lo que ello conlleva de peligros fanáticos por ambos lados: el de la fe o el de la razón.

Las breves palabras que esta sentencia me sugieren no las digo como experto, que, para empezar, no lo soy. Si no, más bien como vivencia, aunque lo encuadre un poco en el contexto del texto completo del Evangelio de Juan del que forma parte. Y como es un sentir, pues no es como una oración o una comprensión teológica-filosófica; sino como un mantra en el sentido de la vibración que transmite o, mejor dicho, me transmite.

Punto blanco. Kandinsky

La frase completa que la podéis ver en el enlace es la que sigue. Es por contextualizar un poco, lo mínimo. También la experiencia de lo místico, al Misterio, … le viene bien el conocimiento. Como ya dijera Spinoza. A través de la facultad del entendimiento (conocer) y la tercera facultad se accede al conocimiento de Dios, que no es algo entendible, ni decible. Es experiencial. Pero, curiosamente, subjetivamente, universal. Pues es ésta:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. San Juan, 14

Con lo anterior de la vivencia subjetivamente universal, no decible; sino mostrable, si acaso. Todo lo que se puede decir, queda dicho, pero a lo mejor, se puede mostrar algo más. De lo contrario el Silencio que suele elegir el sabio Taoísta. “El Tao que se nombra no es el Tao. El que no se nombra es el verdadero Tao”, de ahí el Silencia y el alejamiento o la inmersión en la cotidianeidad pasando absolutamente desapercibido. Pero con mucha soledad y silencio.

Ser el camino, la verdad y la vida, ya he hablado un poco de ello. Cuando uno confía en otro; ese otro se convierte en tú camino. Porque el camino no es ningún código de reglas, sino una acción después de vislumbrar que aquel al que prestas devoción es la verdad en el sentido espiritual. Es decir, un camino de acceso a la divinidad. Por eso quería contextualizar la frase completa.

También la verdad espiritual es aquello que emana en la misma devoción y que alumbra la oscuridad, el abismo, el silencio, la soledad que conlleva el abandonarse. O, la disolución del ego. Desprenderse, desasirse de los “quereres”, desaferramiento, vaciarse. Cuando esto ocurre, el vacío que emerge y en el que caes como en un abismo, se llena de luz. No necesitas aferrarte a nada, eres la propia luz. Por tanto, cesa la dualidad y, en términos cristianos, tu yo universal, Jesús y el Padre (Dios) sois lo mismo. En el cristianismo se habla del Espíritu Santo que sería el amor del Padre por el Hijo, del Hijo por los hombres y toda la creación. Y, ambos, El Hijo y uno mismo se funden en el Amor al Dios Padre.

Con tantas palabras pierde la fuerza mística de la experiencia, vivencia subjetiva que se puede tener como un vislumbre o una experiencia más estable, de la que no hay vuelta atrás, pero no es aún plena. Los quereres vuelven, de ahí la vigilancia y la práctica: el servir a los demás, la oración, la meditación, la reflexión de autoconocimiento, comprender al otro como otro yo, es decir, ponerse en su lugar, ser él. Porque, ya “sabes” que no hay dos, ni tres ni muchos, sino Uno que se manifiesta o emana por Amor en la pluralidad de seres.

Esta comprensión y concepción te da paz y calma interior. Serenidad. Nadie te puede dañar. El daño del otro es una mera ficción una construcción a partir del yo egoico. Una vez que el yo se va estabilizando en su funcionalidad, crecen las virtudes y van disminuyendo los afectos aflictivos o emociones negativas. Están ahí, son tú, pero son una falsa visión un conocimiento inadecuado fruto de la ignorancia. Sólo hay luz que llena la vacuidad y ausencia del ego o yo egoísta (yo siempre hay). Es un producto evolutivo-adaptativo que sigue existiendo porque funciona. Pero a veces se quiere hacer con el control, se identifica con personajes a los que le da sustancialidad y ahí emerge el sufrimiento y las emociones aflictivas que se sanan, con el conocimiento y ayudado por la luz que somos. Pues, en palabras cristianas somos uno en Cristo y el Padre.

De esta forma, tenemos no dualidad, pero, a su vez, se salva la singularidad y pluralidad, además de la mediación o camino, verdad y vida, que es el Hijo que nos une al Padre. Es la luz que nos acoge en ese vacío.

Sumi-e Mountain...Sesshú Toyo

De ahí que todos los místicos, y esta sentencia es absolutamente mística, además de mostrarnos una praxis, acción, para llegar a lo Absoluto, que es ser y seguir la vida y ética del propio Jesús. Y no hay nada que entender, se sabe, o no. Y, cuando se sabe, hay que cultivarlo para que crezca y no abandonarlo para que no desaparezca.

Es como la anécdota que se cuenta de Jung. En una entrevista le preguntaron si creía en Dios y respondió: ni creo, ni dejo de creer. Lo sé. Es la certeza, la evidencia, el conocimiento directo, sin intermediarios del entendimiento, que nos da la intuición mística. Como magistralmente analiza Spinoza en el libro V de su Ética.

Seguir esta sentencia es seguir una vía ancha, pero solitaria, silenciosa y de continuo desapego…disolverse. Y, aunque la vía sea ancha y, en realidad, estás yendo hacia ti mismo, cuyo fondo es el propio Absoluto, la Divinidad, Vacuidad, Conciencia universal, Tao,…

Descubrir a Dios, el Padre, en el lenguaje cristiano es descubrirse a sí mismo en tu propia vacuidad, cuando todos los apegos se han abandonado. Aquí emerge la visión directa, sin entendimiento ni sensibilidad, de la no dualidad.

https://www.bible.com/es/bible/149/JHN.14.6-7.RVR1960


 

Arte Priakin/Code Images

OPINIÓN, CONOCIMIENTO Y POSVERDAD

El problema de la posverdad, que nos está llevando a un derrumbe ético y político. Y, con ello, a un colapso social, tiene su raíz en la mala interpretación que se ha hecho de lo que es una opinión, la libertad de opinar y de expresar lo que uno piensa, cree y siente.

Para empezar, la gran conquista de la democracia es la libertad, tanto individual como política. Podemos y sería lo deseable, pensar autónomamente, por nosotros mismos. Y las instituciones democráticas deberían dejar ejercer la libertad de expresión de todos los ciudadanos. Por otro lado, todas las opiniones son respetables dentro del marco de que son todas discutibles y todas ofrecen una visión del mundo y un estado de ser en y con el mundo.

Fusilamientos del dos de mayo. Goya

Respetable no significa que uno diga, como sucede mayoritariamente y en el mundo de la posverdad es ya un lugar común, “ésta es mi opinión y no tengo que escuchar nada más, ni está en discusión”. Esto es un grave peligro porque la posverdad es la disolución social, de la Polis y política (ocuparse de lo público). Y el no pensar lo que opinamos, no discutirlo convierte, como hemos señalado en muchas ocasiones, a las opiniones en relativas: todas valen lo mismo. No, todas son discutibles, pero no valen lo mismo. Aquí es donde aparece el relativismo de las opiniones: se dice o se cree, que todas son válidas y no es así. Son todas discutibles y esta discusión genera un espacio común de libertad, respeto y conocimiento en el que, a través de las opiniones podemos comprender al otro, escuchándolo, y no imponiendo nuestra opinión, ya sea por la fuerza (Tiranía) o por el silencio; que es desentenderse de lo común.

No es que haya opiniones que sean la Verdad. No, todo es falible, todo es discutible. Pero sí las hay más fundadas, informadas y con conocimientos más sólidos y diversos que las apoyan. Lo cual no las hace verdaderas. Porque, entonces, estaríamos en la tiranía de los sabios (Platón) o en la tecnocracia actual aliada a la oligarquía partitocrática.

De ahí que las opiniones deben ser informadas y puestas en el foro común para que sean respetadas en el sentido de discutidas, para forjar un lugar común lo más universal posible. Esto requiere de instituciones sanas y medios de comunicación fiables, no ideologizados, ni obedientes al poder político o económico y que se inspiren en múltiples fuentes. Las opiniones informadas requieren también del acuerdo de que hay unos hechos, que son precisamente, los que interpretamos y sobre los que opinamos y debatimos con vistas, no a llevar “la razón”, cuando en realidad, la razón, el logos, es lo común. Y el debate de la pluralidad de opiniones se dirige hacia el bien común. En la posverdad, por el contrario, los hechos se inventan y no hay nada que discutir porque se imponen por el poder como Verdad Absoluta.

El problema, y por eso hemos llegado a la posverdad, es el relativismo de las opiniones: todas valen lo mismo. Y ello se produce y produce una ausencia total o casi total de información y, cuando la hay, generalmente es desinformación porque ya no hay hechos; sino que los hechos son inventados. Por eso, cualquiera con poder puede decir y hacer lo que quiera. Ya, ni si quiera opina sobre hechos, sino que, literalmente, son inventados. El mundo de la posverdad es el mundo orwelliano.

Y, siguiendo a Spinoza, pues lo único que conduce a la libertad es el conocimiento. Por tanto, la información es necesaria para opinar. Y quien opina sin información, simplemente, repite eslóganes que ha aprendido de oídas o, quizás, de los medios de desinformación y control de las masas. Nos jugamos mucho o, más bien, todo. El conocimiento basado en la información nos hace libres y la libertad construye la Polis, lo público y común. Si no hay conocimiento, pues surge un poder arbitrario, fanático y violento: la Tiranía. En la que ya no hay personas, sino cosas.

Percepciones. Revista Papeles de FUHEM

Hoy estamos en este mundo de la posverdad y, efectivamente, no somos considerados por el poder político-partidista y oligárquico, personas; sino cosas, productos, … Las palabras que siguen de Arendt sacadas de la obra “El fin de un mundo común” de Martínez Bazcuñán, confirman la importancia de las opiniones informadas (conocimiento), para poder mantener un mundo común y plural y salvarnos del abismo del nihilismo de la posverdad. Y esto requiere, añado, un trabajo interior de autoconocimiento de nuestras ideas, emociones y creencias, que habremos de conocer para saber su origen, efecto y cómo nos hacen ser lo que somos y, si es necesario cambiarlas para cambiar y fundamentarlas con más conocimiento y debate público por el bien común sin interés egoísta.

Por cierto, todo esto es una opinión fundada, informada, estudiada; o sea, conocimiento. Pero absolutamente falible, criticable y, sobre todo, puede ser cambiada y enriquecida. No con la intención de tener razón, sino para que pueda servir para alcanzar una sociedad común, más libre, igualitaria y fraterna.

“Esto no quiere decir que los medios de comunicación no sean importantes. Por supuesto que lo son. Arendt misma lo advierte con contundencia: «La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos».[43] También cuando afirma: «El momento en que ya no tenemos una prensa libre, cualquier cosa puede suceder. Lo que hace posible que un régimen totalitario o cualquier otra dictadura gobierne es que la gente no está informada: ¿Cómo puedes tener una opinión si no estás informado?».

Martínez-Bascuñán, Máriam. El fin del mundo común (Spanish Edition) (p. 160). TAURUS. Edición de Kindle.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Universo profundo. El universo hace 13.000 millones de años. Telescopio Habble. NASA, ESA.

PANTEÍSMO Y NO-DUALIDAD EN EL CRISTIANISMO

Esta mañana, en meditación, me surgía, más bien sentía, la siguiente frase; que ya en mi niñez me llevaba a un arrebato en el que perdía la noción de “yo”. Como sucede en un estado profundo de meditación.

“En ti vivimos, nos movemos y existimos”. Hechos de los Apóstoles, cap. 17. Famosa frase del Discurso de Pablo en el Areópago.

El discurso en el areópago es fundante en el cristianismo. Además de crucial porque, dicho de alguna manera, aquí, Pablo de Tarso se la juega. Pablo es un hombre culto y educado en el Helenismo, luego conocía el pensamiento griego y los problemas que el mensaje de Jesús, dirigido a los judíos podía tener si se dirigía a los atenienses acostumbrados al discurso filosófico, racional y crítico. No vamos a entrar a analizar esto, salvo una anotación. Pablo intenta acercar Dios a los atenienses y, en especial, a los filósofos de forma, por un lado, abstracta y, por otra, vivencial.

No lo muestra como una persona a nuestra imagen, sino como abstracto y omnipresente. Y como aquel Dios desconocido al que se espera y en el que en el areópago se erige una imagen. Pero ese Dios al ocuparlo todo, es único.

Ahora bien, a pesar de que todo el discurso es impresionante, como todo Pablo, fundador real del cristianismo como religión del imperio, por ello, universal, no algo para judíos. Si así hubiera sido se hubiese quedado en una secta judía, una interpretación de uno de los grandes Rabí del judaísmo o, incluso, hubiese desaparecido. Pero, la figura de Pablo es esencial para el cristianismo como religión. En realidad, es Saulo de Tarso el que construye la figura del Cristo de la Fe, frente al Jesús histórico.

Pero esta frase famosa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos” de Pablo, además de ser convincente, en parte, para los filósofos, no tanto para el resto, que prefería los dioses concretos, a los que se les ve y se les puede adorar y rogar, que a esa abstracción de la razón y de la fe, que es la maniobra de Pablo.

Pero, para el cristianismo se me antoja que esta afirmación taxativa será y es un problema. Aquí hay un Panteísmo absolutamente palpable. Una ausencia de dualidad. Somos y vivimos en Dios, luego, como dirá el místico alemán Maestro Eckhar, somos Dios. Si vivimos en él y somos él; es que no hay diferencia. Por tanto, Dios es lo que Hay, no es un Dios personal. Pero, claro, un Dios, que no es personal y creador, no cabe en la religión cristiana. De ahí que hayan sido acusados de herejía todos aquellos que, de una manera u otra, han defendido cierto grado de panteísmo o un panteísmo completo. Claro, esto es un serio problema para la teología, o para la filosofía, no tanto para el creyente de a pie que no suele cuestionarse lo que escucha ni lo que lee (aunque en el catolicismo la cultura es la de la no lectura. La interpretación viene de la mano del sacerdote en la homilía).

El creyente de a pie, el creyente, digo, no el cristiano porque está en los papeles, que son la mayoría, hace de su capa un sayo. (Estamos asistiendo a un cambio en la religión que está muriendo como institución y dando paso a una vivencia espiritual y ética, sin dogmatismos, del mensaje evangélico). Esto es, que el creyente amolda lo que escucha a su vida, lo ritualiza y se olvida del mensaje transmitido y se queda con el ritual. Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia, por ejemplo, y sin ir más lejos.

Así, el creyente obedece, no es que tenga especial fe, sino que encuentra un molde, un esqueleto que da sentido a su vida. Pero no entra en el mensaje. Y el propio ritual es una traba para ello. Como solía decir Jung, parafraseándolo: si el cristiano supiese lo que se está representando en la Eucaristía y lo que significa tomar el Cuerpo de Cristo se caía de espalda. O, lo mismo, consideraba que todo aquello es una locura, un delirio, o se transformaba, o transfiguraba substancialmente, que es lo que realmente se hace en la Eucaristía, pero, claro, no se hace por parte de la inmensa mayoría. ¿Quién piensa que sustancialmente se ha transformado en Cristo al tomar su cuerpo y beber su sangre?

Kandinsky 

Pero esto ocurre en todas las creencias, religiosas o políticas, incluso científicas. El ritual absorbe el mensaje. En la religión budista se medita (uno encuentra su budeidad. Algo similar a lo que ocurre en la Misa) y después de esa práctica, hay muchas otras, sobre todo en el budismo tibetano -tremendamente ritualista- pues a otra cosa. Media hora meditando y punto, la vida sigue. Media hora en la iglesia los domingos y la vida sigue, en la misma puerta del Templo, de cháchara con los otros asistentes.

Pero la frase tiene enjundia. A la par que acerca el mensaje de Jesús a los griegos, lo cual es muy interesante, su forma de presentarlo es una aniquilación del dios personal y creador. Sin embargo, la Iglesia siguió y sigue manteniendo esta figura contradictoria, frente al discurso paulino.

Si vivimos, somos y nos movemos en dios, lo único que hay es Dios y manifestaciones de su propia naturaleza. Manifestaciones que son singulares y son todos los seres del universo y el universo mismo. En nuestro caso, autoconsciente, incluso, de que somos y creadores o cocreadores junto con el propio Dios, lo que Es, de todo lo que Hay.

Y somos cocreadores en la medida en la que tenemos lenguaje. Algo que ha aparecido evolutivamente y es una ventaja adaptativa, de momento (también puede ser nuestra aniquilación, pero sí es una forma de separarnos de Dios mismo) y que crea una realidad que nos envuelve. Autónoma, pero no separada y es todo el mundo cultural donde cabe todo el producto del espíritu humano: leyes, política, religiones, arte, ciencia, filosofía,… todo lo imaginable). Y ésa es nuestra cocreación que no se sale de Dios, porque en el vivimos y somos, nos movemos dentro de esa infinitud que es la divinidad y que hace que todo lo que hay sea sagrado, una expresión de Dios y, por ello, Dios mismo. Porque una expresión de Dios es la expresión de lo que Es y de lo que potencialmente puede ser, al ser infinito. Que es lo mismo que decir, al ser inefable, lo Indeterminado, la Vacuidad, el Tao, el Gran Espíritu. Todo esto no son más que cocreaciones culturales. La mente humana en comunión con la Consciencia o Vacuidad divina.


Si Dios es infinito no hay lugar fuera, es más, es inconcebible un lugar, como decían dos panteístas quemados por la “Santa” Inquisición: N. de Cusa y G. Bruno. En lo infinito el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Luego no es un lugar; se acerca más a la idea de Vacuidad del budismo, que, como Dios, no deja de ser otro concepto, otro nombre para nombrar lo inefable. Por eso lo Real está allende de los límites del lenguaje. Lo Real, lo Divino, lo Sagrado, el Misterio, el Enigma, … son el sentido del mundo, lo místico: inefable.

Aquí dejo el enlace en la versión de Reina Valera del texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos comentado.

https://www.bible.com/es/bible/149/ACT.17.RVR1960


 

martes, 30 de diciembre de 2025

La servidumbre a las pasiones por ignorancia y el camino a la libertad.

Agustín de Hipona nos dice: "No salgas fuera de ti... vuelve a tu interior, en el hombre interior habita la verdad." Sin embargo, nos empeñamos en salir fuera porque el deseo nos impulsa a ello. No sólo salimos fuera para buscar cosas, personas, emociones… que supuestamente nos van a dar la felicidad; sino que también fuera de nosotros encontramos la causa de nuestros males. Pues, ni una cosa ni la otra. La felicidad es un estado de ánimo: la alegría del propio VIVIR, por un lado y nuestros males dependen de nuestra forma de percibir lo que nos rodea. Lo que vemos lo vemos desde nuestra mente, desde nuestros prejuicios a priori que condicionan lo visto. Así surgen las emociones negativas y aflicciones, que lo que producen es una contracción de nuestro ego que se siente dañado por algo de fuera. Pero esto es engañoso. Es una construcción. No podemos ver la emoción aflictiva en el exterior, ni si quiera en el interior. La sentimos en la mente, en lo psicológico, pero no la podemos encontrar. Si cambiamos nuestro pensamiento, cambiará la emoción hacia la alegría, que es la forma de ser natural que tenemos, previamente a  haber sido adoctrinados por la cultura y haber forjado un yo separado del mundo, lo Real y de mí mismo, que soy el mundo. Pero, también, si observamos, vemos la transitoriedad de todo, de esas emociones, de esas personas que me producen aflicción, según pienso yo, de ese mismo yo. Es decir, que todo es impermanencia y si es tal, es Vacuidad o fluir. Todo pasa, nada permanece, decía Heráclito.

Esto es la impermanencia o la ausencia de todo ser sustancial o con naturaleza inherente. Si todo es ausencia es que no hay un ser que sea un yo que pueda sostener las aflicciones. Por eso, no son más que engaños, ilusión, un eco, un reflejo... Si queremos ser más occidentales podemos seguir a Spinoza.

Las pasiones son un conocimiento inadecuado; es decir, ignorancia. Por tanto, las pasiones no existen en sí. No son nada, son pura ausencia de saber. No tienen sustancialidad. Si pensamos en lo de la vacuidad y en lo que señala Spinoza, que viene a ser lo mismo, pues si lo vivenciamos llegaremos al estado de no-yo o de ausencia de un yo egocéntrico y, por tanto, no habrá aflicciones. Cuando aparezcan reconoceremos su naturaleza en tanto que ignorancia o vacuidad; por tanto, no nos pueden afectar porque no hay un yo al que le puedan afectar.

Pero, mientras conseguimos ese grado de liberación, que Spinoza llama: “Amor intelectual de Dios”, pues podemos ver el origen de las pasiones o emociones, que es la ignorancia; pero cada una y en cada caso, es particular: tristeza, odio, envidia, vanidad, orgullo, celos… Todo ello está en nosotros como fruto de la ignorancia y, además, es transitorio. Ahora bien, ese estado nos hace sufrir y produce sufrimiento, en algunos casos se llega a crímenes horrendos. Por ello hay que cultivar la alegría que viene del conocimiento de las emociones o afectos: su origen y por qué estamos atados a ellas (nuestra servidumbre). El conocimiento de esto, aplicado particularmente en cada caso, lo cual nos lleva toda una labor de autoobservación y autoconocimiento y aplicación del principio de wu wei, no reaccionar (a las aflicciones, se entiende), porque entonces se produce una reacción en cadena que aumenta cada vez más el sufrimiento y nos hace más esclavos. Nos ofuscamos en una ignorancia plena.


Nuestra libertad consiste en la consciencia de nuestra servidumbre a las pasiones, nuestra esclavitud por ignorancia. Desde la alegría de vivir, que es la propia Vida, pues buscamos un conocimiento adecuado para salir de la ignorancia. Esto es lo que nos dará, además de la alegría, de la que se parte, la felicidad en tanto que conocimiento adecuado de nuestras aflicciones. Desde la sensibilidad y el entendimiento no podemos llegar a más; pero sí desde el tercer grado del conocimiento: la intuición, que nos lleva al conocimiento de Dios o Naturaleza o Amor Intelectual a Dios. Y aquí sí hay una liberación de las pasiones y un acceso a Dios como infinitud y, por tanto, a la no dualidad. Ya no estamos separados.


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

Einstein tenía la idea de Dios de Spinoza. Pero no sólo por el Panteísmo Spinoziano; sino por su sentido espiritual o místico del universo que intentó entender toda su vida y lo dejó perplejo. Pero también tiene un sentido ético y antropológico. El hombre aspira a conocerse y conocer el mundo. Encontrar un sentido después de la muerte del Dios personal hecho a imagen y semejanza de las necesidades y debilidades humanas. También es una idea de Dios que surge de la humildad ante el misterio, la admiración y la perplejidad. Esto nos muestra que un científico no es un robot o una IA, que solo funciona con una lógica binaria; sino que es un ser humano.
 

“El individuo siente la felicidad de los deseos y aspiraciones humanas, y percibe al mismo tiempo el orden sublime y maravilloso que se pone de manifiesto tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual se le impone como una especie de prisión y ansía experimentar el universo como un todo significativo. Los albores del sentimiento cósmico religioso se dejan ya sentir en fases tempranas de la evolución religiosa, concretamente en algunos de los Salmos de David y en algunos profetas. En el budismo, según aprendimos especialmente en algunos escritos maravillosos de Schopenhauer, aparece con mucho más fuerza este elemento. Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por esta especie de sentimiento religioso que no conoce dogmas ni concibe ni a Dios a imagen y semejanza humana; y carece por tanto de iglesia alguna que deba basar en ellos sus principales enseñanzas. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica.”


Rodríguez Anzola, Reinaldo. EL DIOS DE EINSTEIN: Dios = Vida unirá al mundo (p. 174). Edición de Kindle. 


LA POSVERDAD 


La verdad en ciencia es falsable, se puede discutir con argumentos puramente lógicos. Aunque, también, en la ciencia intervienen intereses externos que tienen que ver con lo económico, lo cultural, lo político, militar, … Aun así, es fácil defenderla contra la posverdad. Aunque, curiosamente, sucede que, cuando se instala la posverdad en la esfera política la ciencia es manipulada y utilizada según el interés de cada cual.

En ciencia, al no haber verdad definitiva, al ser objetiva, pero hipotética, es discutible dentro de las reglas del juego de la razón. Pero no debemos utilizar la ciencia como la verdad porque, entonces, políticamente, desde la posverdad, es utilizada y manipulada y, desde el totalitarismo, se erige como verdad absoluta; como, otrora, fuera la verdad de la religión.

La verdad científica es cocreada, pero objetiva en su núcleo interno. Eso sí, no se puede confundir la verdad objetiva y cocreada (sujeto y objeto se funden), con la verdad absoluta.

Otra cosa muy distinta es lo que ocurre con los “hechos” histórico. Si ya en las ciencias naturales los hechos son, de alguna manera construidos, más lo son en la Historia. Por eso, si queremos garantizar la democracia; pues no sólo es ir a votar la verdad que, emocionalmente, se te impone. Una verdad construida, interesada y, en muchas ocasiones, desligada absolutamente de lo real. No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventan. Y esto ha sido la base de los totalitarismos y lo que criticase Orwell en “1984” y que ya apuntaba en sus crónicas como combatiente en las brigadas internacionales en la guerra civil española en “Homenaje a Cataluña”.

Hoy, con la vuelta de la posverdad debido al nihilismo tras la muerte de Dios y a la sociedad del cansancio de Chul Han, que ha producido el hipercapitalismo que promociona no sólo el consumo; sino el autoconsumo, el aislamiento de sí y de los otros. La adicción al consumo. Consumo, luego soy. Luego estoy vacío, no soy nada. La dinámica del deseo nos lleva al nihilismo porque el deseo, como ya vieran los antiguos: estoicos, epicúreos, Sócrates, Buda, …es insaciable y se agota en sí mismo. En el propio desear. La sociedad tardocapitalista, en colapso, aumenta las manipulaciones psicológicas emocionales para provocar más deseo. Pero el deseo de tener no da la felicidad; por el contrario, da lugar al hastío, la depresión, la soledad. Se crea el concepto de felicidad proyectado en el mundo exterior de cosas que se pueden tener y se nos crea el deseo como necesidad de tenerlas. Pero, por sí mismas, en cuanto son poseídas aparece de nuevo el deseo y el hastío de lo poseído, que es desechado como algo inservible. Si hubiese que hablar de felicidad tendría que ver con nuestro interior y con algo que no se puede ni comprar ni vender, que es el ser, no el tener: nuestra libertad, nuestra virtud, el goce estético, la contemplación. El ser o existir conscientemente de ello sin ninguna proyección, la suavidad de los actos, la ausencia de prisa, saborear el hacer por el mero hecho de hacerlo. Ya sea fregar los platos, cultivar la tierra, pintar un cuadro, una operación médica de urgencias o escribir un artículo científico o un ensayo filosófico. Esto es, todo aquello que no tenga el fin fuera de sí, sino en sí. De esta forma vivimos en el momento, no proyectados a un futuro que es incierto y que construimos en el momento presente, no proyectando nuestro miedo, incertidumbre, ansiedad, deseo insatisfechos...



En política no hay verdad, todo es discutible. Ahora bien, no hay verdad absoluta, sino pluralidad de ideas discutibles desde una razón humana, no sólo lógica, que busca la mejor interpretación de los hechos sin olvidar lo real; pero sabiendo que lo real es una referencia, que está ahí, pero que es incognoscible, porque todo hecho es ya una interpretación. Pero no, como se sostiene en una política No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventananclada en la posverdad, un hecho puede ser reemplazable por otro que nos interese. Hay una línea muy clara que separa el pluralismo político de la posverdad totalitaria.