martes, 11 de noviembre de 2025

 La vacuidad, el vacío es el eco, pero el eco es lo que hay y lo que hay son reflejos impermanentes, sin substancia. Como un río, un fluir. El vacío es las cosas, las cosas son reflejos en el vacío. Si vemos la vacuidad de las cosas, entonces captamos toda la vacuidad, incluida la del yo. No hay dos, no dualidad. Siempre se es uno, somos ignorantes y creemos que hay realidades distintas al observador. No, lo que hay es un entrelazamiento mudable e impermanente de observador y observado. Ni observador, ni observado son, son vacuidad. Si habitamos en la vacuidad no somos. Aquí emerge la gran compasión, la bodhichita. Y es la compasión de sentir el sufrimiento del otro que no capta la vacuidad. Porque de la ignorancia procede todo sufrimiento.

Claro, el que ha llegado a la sabiduría es el que capta la vacuidad y el no yo. Entonces su yo es toda la vacuidad, el Tao o la Consciencia,…y, por eso su corazón está en todo porque es todo (lo mismo que vacuidad, son palabras y el problema es el lenguaje). Y al ser todo siente el sufrimiento y quiere la liberación del sufrimiento de todos los seres.

El sabio es silencio. Para trascender las apariencias lo que hay que trascender es el lenguaje que es lo que produce la dualidad, el reflejo. Sin lenguaje, en el silencio absoluto, interior, profundo, no hay dos. Y desde el silencio, sin lenguaje todo es sentir, eres todo porque lo sientes todo. El silencio es la comunicación del sabio. “lo que no se puede decir, se muestra”. “Lo que se muestra es lo místico”. Pues para acceder a lo místico hay que sumergirse en el silencio, la soledad. En silencio no hay otro distinto, separado. Tu eres el otro, Tú eres eso.

Si no hay un yo en la acción, ésta se convierte en wu wei. El yo es lo mental y tiene una intención. Interviene. Sin yo, la vacuidad de lo que es emerge. Y actúa. Siempre desde la compasión. Hay que confiar, abandonarse, relajarse y dejar toda intención. Entonces desaparece lo mental y emerge la acción de la propia vacuidad. Y esa acción es la compasión.

Sin yo, al abandonarse, se siente todo. Es como si lo que hay, vacuidad, naturaleza última y original, emerge. La vacuidad se contempla a sí misma. Esa contemplación es compasión.

Ser virtuoso es desaparecer. Lo que queda hasta la muerte es meramente funcional. Sólo hay no dos o vacuidad; que ha sido siempre y lo ocupa todo, más bien, tiempo y espacio no son, son vacuidad. Eso es la eternidad. Sólo hay eternidad (sub specie aeternitati), el tiempo y el espacio son mentales, psicológicos. Sin yo, desaparecen.

Si nos relajamos nos volvemos silencio, no yo. Entonces el silencio es la Vacuidad, el Tao. Descansar en el silencio. Cada vez más profundamente hasta desaparecer. Volverse compasión, Tao, bodhichita, bodhisattva, liberado…Descansa…profundo…wu wei…

 


viernes, 7 de noviembre de 2025

 


Tao y vacuidad

“El Tao habla en el intervalo entre dos notas.”

El silencio se percibe en los intervalos, pero si se permanece atento uno se da cuenta de que todo se sostiene en el río del silencio. Y los intervalos se extienden envolviéndolo todo. A la vez, todo es quietud y movimiento, cambio. Y silencio sonoro. La sonoridad de la armonía sutil y sin contradicción. La armonía sonora de la danza de los opuestos.

“No hay error en el instante presente.”

Estar en el presente es no juzgar, ¿Cómo podría haber error?

Si observamos con distancia y aceptamos, nuestra perspectiva cambia, el mundo cambia y ya no hay escisión, ni ruptura. Todo está donde le corresponde. (Una vez más, hay que advertir que esto no es pasividad, ni justificación del mal; sino ausencia de reacción, pero sí acción. Eso sí, la acción es como la del agua, un fluir, no una ruptura, una escisión: dualidad). En el instante, todo florece tal cual es.

“La verdadera acción nace del vacío.”

La acción brota de la vacuidad. Por eso no hay un forzar. Es como la ola que brota del océano, o el eco que surge en las montañas, la imagen en el espejo. Esas acciones, reflejos, ecos,…están en la vacuidad. No hay naturaleza inherente en una acción que surge del vacío y, menos aún, intención. La acción verdadera, el wu wei, es vacuidad, realmente. Por eso la acción que es vacuidad no tiene reacción. Pero, si observamos, aunque haya reacción en una acción, en la visión global no es así. Todo es vacuidad. Si miramos sin intención ya no hay juicio, ni yo, sólo fluir, vacuidad, el Tao. Pero sucede que, relativamente, las acciones que parecen fuera del Tao son reactivas provocan dolor y sufrimiento.

Hay que tener cuidado tanto al hablar como al vivenciar todo esto. Podemos decir que está la verdad relativa, que es la de la Caverna, la de la plaza del mercado y está la verdad absoluta que es la mirada no dual sin observador. Por eso, el sabio, actúa sin producir reacción. Desde el silencio, la quietud, la aceptación, el fluir, la claridad del inmenso océano cósmico…

 

jueves, 6 de noviembre de 2025

 


“El ser humano es el único ser que necesita educación”. Inmanuel Kant.

Kant ha sido uno de mis pilares filosóficos y biográficos. Y precisamente, ahora, estoy leyendo una biografía de su persona y de su obra, poniendo en relación, a él, la época y su obra; titulada: “El torbellino Kant.

La frase muestra su pesimismo antropológico "Fuste torcido de la humanidad". Ésa es la condición humana, ser una columna torcida y, por eso, para enderezarla en lo mejor que se pueda, es necesaria la educación. Y, la base de la educación es enseñarlo a ser autónomo, a pensar por uno mismo; es decir, libre. Dueño y responsable de sí mismo.

La educación es algo que tiene como objetivo la transformación interior del hombre (no hablo de la educación que hay ahora, evidentemente). Es enderezar ese fuste. No se trata de educar para, sino de corregir, en la medida de lo posible, nuestras tendencias negativas, nuestros hábitos y costumbres basados en opiniones, ideas y creencias erróneas. En emociones que tienen como base el egocentrismo, la autoafirmación frente al otro, la escisión, la competencia y, al final: el dogmatismo, fanatismo y violencia. Y la violencia engendra violencia. Es una escalada de autoexterminio a menos que, la paremos desde dentro, por la vía de enderezar ese fuste torcido de la humanidad del que nos hablaba Kant.

Por duro que parezca, podemos decir que, por lo general, el mal está en nosotros. Nosotros somos los que juzgamos al otro, al juzgar dividimos entre buenos y malos. Lógicamente yo estoy entre los buenos, lo cual legitima cualquier acción. Y cualquier acción comienza por una mala cara, un insulto, un desprecio, una paliza, un acto terrorista, una exclusión de todo un pueblo, un exterminio y un genocidio. La escalada de violencia mayor que vivimos es la de la posibilidad de que esa forma de ver nos lleve al autoexterminio de la humanidad.

Y todo procede de un error, de un egocentrismo y un narcisismo. De la ignorancia que produce el deseo y éste, la aversión (rabia, ira, odio) contra el que se impone a mis deseos. Por su puesto, me lo pueden decir, que existe un mal exterior. Pero nada en la Historia ocurre porque sí, sino que todo está interrelacionado. Dicho con claridad y sin justificar el mal, sino intentando comprenderlo comprendiéndome a mí mismo y, como resultado, al otro. Hitler, el caso estándar, no es el mal, ni el responsable del genocidio, ni actúa sin motivos, ni se inventa la idea de exclusión del pueblo judío. La cosa es más compleja.

La educación, de lo que trata es de que no aparezcan personas como estos genocidas, que son la punta del iceberg de una interconexión de todo y todos. Y no aparecerían si la educación mirase el interior e intentase, no crear habilidades para producir y consumir (otra forma de genocidio y esclavitud a escala global que se está produciendo); sino enderezar eso torcido que somos. Y eso es hacernos libres, liberarnos. La educación consiste en enseñar a ser mayor de edad, a pensar por sí mismo, no por otro, a no dejarse llevar por las emociones aflictivas o vicios, sino por la virtud, que implica fuerza, valor, valentía, heroísmo. Porque, la entropía, digamos, es la pereza, la envidia, los celos…todo aquello que alimenta nuestra vanidad, que hincha un ego, un yo ficticio. Un yo que es ilusorio; porque vive de esas falsas creencias, de esos afectos que son vicios. Ésa es la parte torcida del fuste de la humanidad. De lo que se trata es de hacer ver, que todo eso procede de nuestra ignorancia. Y ya nos lo hizo saber Sócrates y de la misma manera Buda -aunque algunos tuerzan la cara al escuchar este nombre por su ignorancia y por verlo como el fundador de una religión-pero ese prejuicio es otro tema.

Entonces si nuestra ignorancia nos lleva a la violencia es porque se basa en un deseo que es común y universal. Y de ahí tenemos que partir. “Todos somos iguales porque todos buscamos la felicidad y huimos de nuestro sufrimiento. Dicho de otro modo, más sencillo: todos sufrimos y todos buscamos ser felices”. Ahora bien, en el cómo hacerlo se encuentra el error (ignorancia) o la sabiduría que, a su vez es libertad social y política y, autoliberación de la tiranía de mis vicios, hábitos, costumbres, opiniones, ideas y creencias.

Para cambiar lo de fuera, la sociedad, hay que cambiar lo de dentro, al hombre. Y éste, y no otro es el papel de la educación y el sentido de la libertad e igualdad y la autoliberación como fundamento de todo ello. Si yo no me libero, cómo voy a liberar a los demás…

lunes, 3 de noviembre de 2025

 

La vacuidad, el Tao y la armonía de los contrarios.

«Afirmamos que el surgimiento condicionado es la vacuidad; es una mera designación que depende de algo, y es el camino medio.»

Nāgārjuna, Mūlamadhyamakakārikā, XXIV:18.

El Tao es los dos contrarios y no pertenece a ninguno.

Todo es condicionado. Todo es causa de algo; luego no es causa de sí mismo. No tiene existencia inherente y es impermanente. Porque de la misma forma que surge, desaparece. Esto es la vacuidad, que todo lo que es, es condicionado. Pero observamos que hay una corriente en todo lo que es; porque es una sucesión de causas y efectos, devenir, impermanencia. Contemplar esa corriente hasta perderse en ella misma es el Tao. Dos nombres para lo mismo.

Y en la cotidianeidad, vivir en la comprensión de la vacuidad es poder, traspasar (ver su vacuidad), cualquier cosa, porque todo lo que es y lo que me ocurre es condicionado, por ello: vacuidad, impermanencia. Y, si doy un paso más, me sumerjo en esa vacuidad desapareciendo el “me”. Y esto es lo que sucede con los opuestos. El mundo es la armonía de los opuestos, decía Heráclito. Y, seguía, la armonía no manifiesta es más profunda que la manifiesta. Lo no manifiesto es innombrable, es como el Tao que danza en los opuestos, pero no es ninguno de ellos y es los dos. El Tao, al ser una armonía es dinamismo puro, virtualidad. La virtualidad es lo que las cosas pueden llegar a ser y eso es lo condicionado, la vacuidad. Por eso, la vacuidad es ser y no ser a la vez, es la ausencia que se produce desde el ser a llegar a ser. Si vivo inspirado en esa vacuidad o en ese Tao o en la armonía no manifiesta de Heráclito; entonces esto disuelto en el dinamismo entre opuestos y no veo los opuestos. Cuando esto ocurre, porque, evidentemente no es mi estado normal, es el que espero que se manifieste, sin esfuerzo y CONFIANDO, entonces hay un fluir con todo, pero no hay un yo que fluya; sino una consciencia que es el propio fluir. De esta forma, todo es fácil, todo es bello, todo ocupa su lugar, hay amor bondadoso y compasión, pero se ve el fluir con sus opuestos. El camino medio es tomar consciencia de la vacuidad, es la designación de la dependencia de todo, no su inexistencia. Otra cosa es el relato que el yo se monta sobre ello y sobre sí mismo. Eso es la designación, nombrar, lenguaje: vacuidad. Y la compasión brota sola, no como deseo de un yo o un mí, sino sentir el gozo de que todos los seres se den cuenta del Tao y la Vacuidad y se liberen de las ataduras de la ignorancia y los deseos. Hay deseo cuando hay distinción entre opuestos, pero si todo es condicionado no tiene opuesto o su opuesto está integrado en él y él en su opuesto y así se produce el cambio y la impermanencia. Emerge un opuesto, por ejemplo, la muerte pues la vivo como un proceso dinámico de la vida. La vida y la muerte son una e inseparables. En realidad, la armonía de los opuestos y la vacuidad que es lo mismo: todo surge de forma condicionada; es decir, tiene una causa y la causa es efecto de otra…y así, es inefable, como el Tao que es.

 

Interestelar.

Título Original: Interstellar

Director: Christopher Nolan

Guionistas: Jonathan Nolan y Christopher Nolan

Productores: Emma Thomas, Christopher Nolan, Lynda Obst

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Hoyte van Hoytema

Género: Ciencia ficción, Drama

Duración: 169 minutos

Fecha de Estreno: 7 de noviembre de 2014 (EE. UU.)

Фильм Интерстеллар (Interstellar) 2014 - сюжет, трейлер на русском и ...

 

No pretendo comentar estas películas de ciencia ficción y otros géneros, filosóficas-psicológicas y espirituales. Mucho menos realizar una crítica, no está a mi alcance, además de estar fuera de mi intención. Sólo alguna sugerencia de algún o algunos de los temas que se abordan y que son de gran calado.

En Interestelar aparecen muchos temas de calado, casi que todos los temas filosóficos importantes. Y, como sabemos, y si no, pues hay que saberlo, los problemas filosóficos carecen de solución. En ese sentido no son problemas. Son dilemas existenciales. Es decir, que en la propia existencia se nos presentan, pero no como un problema en una pizarra, sino como vivencia, como conflicto interno, como angustia existencial inevitable para la que no hay pastilla.

La muerte sobrevuela toda la película. La muerte a título individual y en el modo del fin de la especie. La muerte como lo inevitable, pero incomprensible y nunca aceptada del todo. La muerte de una madre, que es el eje de la familia por la propia evolución biológica, cuidado, que esto no significa que defienda el régimen patriarcal. Nada más lejos de mi intención y pensamiento. Cuando una madre muere joven (cuando la familia está en construcción) la familia se resiente en lo emocional. Los vínculos afectivos se desvanecen. La madre, consciente o inconscientemente, es la que esta en todos y en todo. El padre, por muy comprometido que sea, muy igualitario, una familia en absoluto nada patriarcal, carece de esa parte afectiva y cognitiva femenina. Donde el amor no es forzado, es ágape. Ágape es la palabra griega para amor incondicional, para el amor que se da, el amor bondadoso. Que es el de la madre hacia sus hijos. Eros es la palabra para el amor del deseo, que comienza por lo material, lo sexual y sigue escalando a otros niveles. Pero, el eros, al ser deseo, es interesado y posesivo.

Bien, como sabemos no todo es puro o único. Todo tiene en sí su opuesto que se manifiesta más o menos. En la película, el padre, aún siendo un gran científico y piloto aereoespacial de un pasado que ya terminó, (es una película apocalíptica, pero sin artificios, los necesarios para hacerte reflexionar), también tiene su lado femenino. Sabe amar y cuidar de su familia. Emerge el amor y el cuidado que uno tiene escondido. Su lado femenino. Pero no alcanza el equilibrio totalmente, añora su pasado, no acepta la situación precaria en la que se vive tras la gran catástrofe, que será más pronto que tarde, el fin de la humanidad.

En este estado psicológico, emocional, se le plantea un dilema; que es el dilema de su vida. Su vida será la elección que tome, luego habrá, como siempre, otros dilemas, pero menores. El gran dilema no tiene vuelta atrás.

Como hemos dicho no hay problemas filosóficos; sino dilemas. Los problemas se resuelven, tienen solución. Pero los dilemas, no. Son existenciales y, además, exigen tomar partido por una opción entre varias o, lo peor, que son los dilemas que definen la vida, entre dos. Cuando se toma una decisión el dilema se disuelve, pero, también, una forma de vida, de estar en el mundo y se adopta otra. Pero uno no olvida lo que deja atrás al elegir y se produce un gran sufrimiento.

El dilema que se le plantea al protagonista de la película es entre el amor a la familia, en especial a su hija pequeña que tiene un gran talento científico, pero que, por su edad, es imposible que comprenda, ni el dilema y menos la opción que toma el padre, y el de la posibilidad de salvar a la especie abandonando a su familia a través de un viaje interestelar del que no sabe si va a volver, si podrá solucionar el problema y, si vuelve, contando con la relatividad de tiempo y espacio, pues su vuelta es la famosa paradoja relativista. Si vuelve para él han pasado pocos años, pero para los que se quedan en tierra, sus hijos han pasado muchos. Ésta es una paradoja famosa de la que se ha hablado mucho técnicamente, pero poco vivencialmente. Cuáles serían los sentimientos de un padre maduro que ve a su hija, a la que dejó de niña, en el lecho de muerte. Y, a la inversa. Uno se queda sin palabras. Sólo siente. Y siente un montón de emociones.

El dilema irresoluble, pero al que se enfrenta es el nosotros frente al yo. Si elijo el yo, mi familia, mi tranquilidad, mi ausencia de compromiso el fin de la especie es inevitable. Ahora bien, si elijo el nosotros, no se asegura la salvación de la especie; pero, sí hay al menos una probabilidad. Esto es un problema psicológico y ético-filosófico de gran calado.

También se puede mirar desde el punto de vista evolutivo (tanto biológica, como culturalmente). ¿Cómo hemos evolucionado, por competición o por colaboración?

Este dilema me recuerda las palabras de Jesús, “¿Quiénes son mis hermanos, mi madre? Son estos que están aquí” Su familia es el prójimo, más aún la humanidad. Ésta ha sido la elección, no sin dolor, de los grandes maestros y sabios de la humanidad que han abierto nuevos caminos. Pero abandonando a los suyos.

En fin, esto es una pequeña muestra, un ramillete, de las grandes preguntas que nos hace esta película, que no son más que las que tenemos que resolver a diario, queramos o no, las aplacemos o no. Están ahí, a la espera, no de una solución, sino de una decisión que implica una acción.