lunes, 3 de noviembre de 2025

 

La vacuidad, el Tao y la armonía de los contrarios.

«Afirmamos que el surgimiento condicionado es la vacuidad; es una mera designación que depende de algo, y es el camino medio.»

Nāgārjuna, Mūlamadhyamakakārikā, XXIV:18.

El Tao es los dos contrarios y no pertenece a ninguno.

Todo es condicionado. Todo es causa de algo; luego no es causa de sí mismo. No tiene existencia inherente y es impermanente. Porque de la misma forma que surge, desaparece. Esto es la vacuidad, que todo lo que es, es condicionado. Pero observamos que hay una corriente en todo lo que es; porque es una sucesión de causas y efectos, devenir, impermanencia. Contemplar esa corriente hasta perderse en ella misma es el Tao. Dos nombres para lo mismo.

Y en la cotidianeidad, vivir en la comprensión de la vacuidad es poder, traspasar (ver su vacuidad), cualquier cosa, porque todo lo que es y lo que me ocurre es condicionado, por ello: vacuidad, impermanencia. Y, si doy un paso más, me sumerjo en esa vacuidad desapareciendo el “me”. Y esto es lo que sucede con los opuestos. El mundo es la armonía de los opuestos, decía Heráclito. Y, seguía, la armonía no manifiesta es más profunda que la manifiesta. Lo no manifiesto es innombrable, es como el Tao que danza en los opuestos, pero no es ninguno de ellos y es los dos. El Tao, al ser una armonía es dinamismo puro, virtualidad. La virtualidad es lo que las cosas pueden llegar a ser y eso es lo condicionado, la vacuidad. Por eso, la vacuidad es ser y no ser a la vez, es la ausencia que se produce desde el ser a llegar a ser. Si vivo inspirado en esa vacuidad o en ese Tao o en la armonía no manifiesta de Heráclito; entonces esto disuelto en el dinamismo entre opuestos y no veo los opuestos. Cuando esto ocurre, porque, evidentemente no es mi estado normal, es el que espero que se manifieste, sin esfuerzo y CONFIANDO, entonces hay un fluir con todo, pero no hay un yo que fluya; sino una consciencia que es el propio fluir. De esta forma, todo es fácil, todo es bello, todo ocupa su lugar, hay amor bondadoso y compasión, pero se ve el fluir con sus opuestos. El camino medio es tomar consciencia de la vacuidad, es la designación de la dependencia de todo, no su inexistencia. Otra cosa es el relato que el yo se monta sobre ello y sobre sí mismo. Eso es la designación, nombrar, lenguaje: vacuidad. Y la compasión brota sola, no como deseo de un yo o un mí, sino sentir el gozo de que todos los seres se den cuenta del Tao y la Vacuidad y se liberen de las ataduras de la ignorancia y los deseos. Hay deseo cuando hay distinción entre opuestos, pero si todo es condicionado no tiene opuesto o su opuesto está integrado en él y él en su opuesto y así se produce el cambio y la impermanencia. Emerge un opuesto, por ejemplo, la muerte pues la vivo como un proceso dinámico de la vida. La vida y la muerte son una e inseparables. En realidad, la armonía de los opuestos y la vacuidad que es lo mismo: todo surge de forma condicionada; es decir, tiene una causa y la causa es efecto de otra…y así, es inefable, como el Tao que es.

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