jueves, 6 de noviembre de 2025

 


“El ser humano es el único ser que necesita educación”. Inmanuel Kant.

Kant ha sido uno de mis pilares filosóficos y biográficos. Y precisamente, ahora, estoy leyendo una biografía de su persona y de su obra, poniendo en relación, a él, la época y su obra; titulada: “El torbellino Kant.

La frase muestra su pesimismo antropológico "Fuste torcido de la humanidad". Ésa es la condición humana, ser una columna torcida y, por eso, para enderezarla en lo mejor que se pueda, es necesaria la educación. Y, la base de la educación es enseñarlo a ser autónomo, a pensar por uno mismo; es decir, libre. Dueño y responsable de sí mismo.

La educación es algo que tiene como objetivo la transformación interior del hombre (no hablo de la educación que hay ahora, evidentemente). Es enderezar ese fuste. No se trata de educar para, sino de corregir, en la medida de lo posible, nuestras tendencias negativas, nuestros hábitos y costumbres basados en opiniones, ideas y creencias erróneas. En emociones que tienen como base el egocentrismo, la autoafirmación frente al otro, la escisión, la competencia y, al final: el dogmatismo, fanatismo y violencia. Y la violencia engendra violencia. Es una escalada de autoexterminio a menos que, la paremos desde dentro, por la vía de enderezar ese fuste torcido de la humanidad del que nos hablaba Kant.

Por duro que parezca, podemos decir que, por lo general, el mal está en nosotros. Nosotros somos los que juzgamos al otro, al juzgar dividimos entre buenos y malos. Lógicamente yo estoy entre los buenos, lo cual legitima cualquier acción. Y cualquier acción comienza por una mala cara, un insulto, un desprecio, una paliza, un acto terrorista, una exclusión de todo un pueblo, un exterminio y un genocidio. La escalada de violencia mayor que vivimos es la de la posibilidad de que esa forma de ver nos lleve al autoexterminio de la humanidad.

Y todo procede de un error, de un egocentrismo y un narcisismo. De la ignorancia que produce el deseo y éste, la aversión (rabia, ira, odio) contra el que se impone a mis deseos. Por su puesto, me lo pueden decir, que existe un mal exterior. Pero nada en la Historia ocurre porque sí, sino que todo está interrelacionado. Dicho con claridad y sin justificar el mal, sino intentando comprenderlo comprendiéndome a mí mismo y, como resultado, al otro. Hitler, el caso estándar, no es el mal, ni el responsable del genocidio, ni actúa sin motivos, ni se inventa la idea de exclusión del pueblo judío. La cosa es más compleja.

La educación, de lo que trata es de que no aparezcan personas como estos genocidas, que son la punta del iceberg de una interconexión de todo y todos. Y no aparecerían si la educación mirase el interior e intentase, no crear habilidades para producir y consumir (otra forma de genocidio y esclavitud a escala global que se está produciendo); sino enderezar eso torcido que somos. Y eso es hacernos libres, liberarnos. La educación consiste en enseñar a ser mayor de edad, a pensar por sí mismo, no por otro, a no dejarse llevar por las emociones aflictivas o vicios, sino por la virtud, que implica fuerza, valor, valentía, heroísmo. Porque, la entropía, digamos, es la pereza, la envidia, los celos…todo aquello que alimenta nuestra vanidad, que hincha un ego, un yo ficticio. Un yo que es ilusorio; porque vive de esas falsas creencias, de esos afectos que son vicios. Ésa es la parte torcida del fuste de la humanidad. De lo que se trata es de hacer ver, que todo eso procede de nuestra ignorancia. Y ya nos lo hizo saber Sócrates y de la misma manera Buda -aunque algunos tuerzan la cara al escuchar este nombre por su ignorancia y por verlo como el fundador de una religión-pero ese prejuicio es otro tema.

Entonces si nuestra ignorancia nos lleva a la violencia es porque se basa en un deseo que es común y universal. Y de ahí tenemos que partir. “Todos somos iguales porque todos buscamos la felicidad y huimos de nuestro sufrimiento. Dicho de otro modo, más sencillo: todos sufrimos y todos buscamos ser felices”. Ahora bien, en el cómo hacerlo se encuentra el error (ignorancia) o la sabiduría que, a su vez es libertad social y política y, autoliberación de la tiranía de mis vicios, hábitos, costumbres, opiniones, ideas y creencias.

Para cambiar lo de fuera, la sociedad, hay que cambiar lo de dentro, al hombre. Y éste, y no otro es el papel de la educación y el sentido de la libertad e igualdad y la autoliberación como fundamento de todo ello. Si yo no me libero, cómo voy a liberar a los demás…

1 comentario:

  1. Tremendo tema este de la educación y si nos metemos en el secuestro de la atención por culpa de las pantallas ya le ponemos la mecha a la bomba.
    Un abrazo y gracias profesor.

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