“El ser humano es el único ser que necesita educación”.
Inmanuel Kant.
Kant ha sido uno de mis pilares filosóficos y biográficos. Y
precisamente, ahora, estoy leyendo una biografía de su persona y de su obra,
poniendo en relación, a él, la época y su obra; titulada: “El torbellino Kant.
La frase muestra su pesimismo antropológico "Fuste
torcido de la humanidad". Ésa es la condición humana, ser una columna
torcida y, por eso, para enderezarla en lo mejor que se pueda, es necesaria la
educación. Y, la base de la educación es enseñarlo a ser autónomo, a pensar por
uno mismo; es decir, libre. Dueño y responsable de sí mismo.
La educación es algo que tiene como objetivo la
transformación interior del hombre (no hablo de la educación que hay ahora,
evidentemente). Es enderezar ese fuste. No se trata de educar para, sino de
corregir, en la medida de lo posible, nuestras tendencias negativas, nuestros
hábitos y costumbres basados en opiniones, ideas y creencias erróneas. En emociones
que tienen como base el egocentrismo, la autoafirmación frente al otro, la
escisión, la competencia y, al final: el dogmatismo, fanatismo y violencia. Y la
violencia engendra violencia. Es una escalada de autoexterminio a menos que, la
paremos desde dentro, por la vía de enderezar ese fuste torcido de la humanidad
del que nos hablaba Kant.
Por duro que parezca, podemos decir que, por lo general, el
mal está en nosotros. Nosotros somos los que juzgamos al otro, al juzgar
dividimos entre buenos y malos. Lógicamente yo estoy entre los buenos, lo cual
legitima cualquier acción. Y cualquier acción comienza por una mala cara, un
insulto, un desprecio, una paliza, un acto terrorista, una exclusión de todo un
pueblo, un exterminio y un genocidio. La escalada de violencia mayor que
vivimos es la de la posibilidad de que esa forma de ver nos lleve al
autoexterminio de la humanidad.
Y todo procede de un error, de un egocentrismo y un
narcisismo. De la ignorancia que produce el deseo y éste, la aversión (rabia,
ira, odio) contra el que se impone a mis deseos. Por su puesto, me lo pueden
decir, que existe un mal exterior. Pero nada en la Historia ocurre porque sí,
sino que todo está interrelacionado. Dicho con claridad y sin justificar el
mal, sino intentando comprenderlo comprendiéndome a mí mismo y, como resultado,
al otro. Hitler, el caso estándar, no es el mal, ni el responsable del genocidio,
ni actúa sin motivos, ni se inventa la idea de exclusión del pueblo judío. La cosa
es más compleja.
La educación, de lo que trata es de que no aparezcan
personas como estos genocidas, que son la punta del iceberg de una
interconexión de todo y todos. Y no aparecerían si la educación mirase el
interior e intentase, no crear habilidades para producir y consumir (otra forma
de genocidio y esclavitud a escala global que se está produciendo); sino enderezar
eso torcido que somos. Y eso es hacernos libres, liberarnos. La educación
consiste en enseñar a ser mayor de edad, a pensar por sí mismo, no por otro, a
no dejarse llevar por las emociones aflictivas o vicios, sino por la virtud,
que implica fuerza, valor, valentía, heroísmo. Porque, la entropía, digamos, es
la pereza, la envidia, los celos…todo aquello que alimenta nuestra vanidad, que
hincha un ego, un yo ficticio. Un yo que es ilusorio; porque vive de esas
falsas creencias, de esos afectos que son vicios. Ésa es la parte torcida del
fuste de la humanidad. De lo que se trata es de hacer ver, que todo eso procede
de nuestra ignorancia. Y ya nos lo hizo saber Sócrates y de la misma manera
Buda -aunque algunos tuerzan la cara al escuchar este nombre por su ignorancia
y por verlo como el fundador de una religión-pero ese prejuicio es otro tema.
Entonces si nuestra ignorancia nos lleva a la violencia es
porque se basa en un deseo que es común y universal. Y de ahí tenemos que
partir. “Todos somos iguales porque todos buscamos la felicidad y huimos de
nuestro sufrimiento. Dicho de otro modo, más sencillo: todos sufrimos y todos
buscamos ser felices”. Ahora bien, en el cómo hacerlo se encuentra el error
(ignorancia) o la sabiduría que, a su vez es libertad social y política y,
autoliberación de la tiranía de mis vicios, hábitos, costumbres, opiniones,
ideas y creencias.
Para cambiar lo de fuera, la sociedad, hay que cambiar lo de
dentro, al hombre. Y éste, y no otro es el papel de la educación y el sentido
de la libertad e igualdad y la autoliberación como fundamento de todo ello. Si
yo no me libero, cómo voy a liberar a los demás…

Tremendo tema este de la educación y si nos metemos en el secuestro de la atención por culpa de las pantallas ya le ponemos la mecha a la bomba.
ResponderEliminarUn abrazo y gracias profesor.