Interestelar.
Título Original: Interstellar
Director: Christopher Nolan
Guionistas: Jonathan Nolan y Christopher Nolan
Productores: Emma Thomas, Christopher Nolan, Lynda Obst
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Género: Ciencia ficción, Drama
Duración: 169 minutos
Fecha de Estreno: 7 de noviembre de 2014 (EE. UU.)
No pretendo comentar estas películas de ciencia ficción y
otros géneros, filosóficas-psicológicas y espirituales. Mucho menos realizar
una crítica, no está a mi alcance, además de estar fuera de mi intención. Sólo
alguna sugerencia de algún o algunos de los temas que se abordan y que son de
gran calado.
En Interestelar aparecen muchos temas de calado, casi que
todos los temas filosóficos importantes. Y, como sabemos, y si no, pues hay que
saberlo, los problemas filosóficos carecen de solución. En ese sentido no son
problemas. Son dilemas existenciales. Es decir, que en la propia existencia se
nos presentan, pero no como un problema en una pizarra, sino como vivencia,
como conflicto interno, como angustia existencial inevitable para la que no hay
pastilla.
La muerte sobrevuela toda la película. La muerte a título
individual y en el modo del fin de la especie. La muerte como lo inevitable,
pero incomprensible y nunca aceptada del todo. La muerte de una madre, que es
el eje de la familia por la propia evolución biológica, cuidado, que esto no
significa que defienda el régimen patriarcal. Nada más lejos de mi intención y
pensamiento. Cuando una madre muere joven (cuando la familia está en
construcción) la familia se resiente en lo emocional. Los vínculos afectivos se
desvanecen. La madre, consciente o inconscientemente, es la que esta en todos y
en todo. El padre, por muy comprometido que sea, muy igualitario, una familia
en absoluto nada patriarcal, carece de esa parte afectiva y cognitiva femenina.
Donde el amor no es forzado, es ágape. Ágape es la palabra griega para amor
incondicional, para el amor que se da, el amor bondadoso. Que es el de la madre
hacia sus hijos. Eros es la palabra para el amor del deseo, que comienza por lo
material, lo sexual y sigue escalando a otros niveles. Pero, el eros, al ser
deseo, es interesado y posesivo.
Bien, como sabemos no todo es puro o único. Todo tiene en sí
su opuesto que se manifiesta más o menos. En la película, el padre, aún siendo
un gran científico y piloto aereoespacial de un pasado que ya terminó, (es una
película apocalíptica, pero sin artificios, los necesarios para hacerte
reflexionar), también tiene su lado femenino. Sabe amar y cuidar de su familia.
Emerge el amor y el cuidado que uno tiene escondido. Su lado femenino. Pero no
alcanza el equilibrio totalmente, añora su pasado, no acepta la situación
precaria en la que se vive tras la gran catástrofe, que será más pronto que
tarde, el fin de la humanidad.
En este estado psicológico, emocional, se le plantea un
dilema; que es el dilema de su vida. Su vida será la elección que tome, luego
habrá, como siempre, otros dilemas, pero menores. El gran dilema no tiene
vuelta atrás.
Como hemos dicho no hay problemas filosóficos; sino dilemas.
Los problemas se resuelven, tienen solución. Pero los dilemas, no. Son
existenciales y, además, exigen tomar partido por una opción entre varias o, lo
peor, que son los dilemas que definen la vida, entre dos. Cuando se toma una
decisión el dilema se disuelve, pero, también, una forma de vida, de estar en
el mundo y se adopta otra. Pero uno no olvida lo que deja atrás al elegir y se produce
un gran sufrimiento.
El dilema que se le plantea al protagonista de la película
es entre el amor a la familia, en especial a su hija pequeña que tiene un gran
talento científico, pero que, por su edad, es imposible que comprenda, ni el
dilema y menos la opción que toma el padre, y el de la posibilidad de salvar a
la especie abandonando a su familia a través de un viaje interestelar del que
no sabe si va a volver, si podrá solucionar el problema y, si vuelve, contando
con la relatividad de tiempo y espacio, pues su vuelta es la famosa paradoja
relativista. Si vuelve para él han pasado pocos años, pero para los que se
quedan en tierra, sus hijos han pasado muchos. Ésta es una paradoja famosa de
la que se ha hablado mucho técnicamente, pero poco vivencialmente. Cuáles
serían los sentimientos de un padre maduro que ve a su hija, a la que dejó de
niña, en el lecho de muerte. Y, a la inversa. Uno se queda sin palabras. Sólo
siente. Y siente un montón de emociones.
El dilema irresoluble, pero al que se enfrenta es el
nosotros frente al yo. Si elijo el yo, mi familia, mi tranquilidad, mi ausencia
de compromiso el fin de la especie es inevitable. Ahora bien, si elijo el
nosotros, no se asegura la salvación de la especie; pero, sí hay al menos una
probabilidad. Esto es un problema psicológico y ético-filosófico de gran
calado.
También se puede mirar desde el punto de vista evolutivo
(tanto biológica, como culturalmente). ¿Cómo hemos evolucionado, por
competición o por colaboración?
Este dilema me recuerda las palabras de Jesús, “¿Quiénes son
mis hermanos, mi madre? Son estos que están aquí” Su familia es el prójimo, más
aún la humanidad. Ésta ha sido la elección, no sin dolor, de los grandes
maestros y sabios de la humanidad que han abierto nuevos caminos. Pero
abandonando a los suyos.
En fin, esto es una pequeña muestra, un ramillete, de las
grandes preguntas que nos hace esta película, que no son más que las que
tenemos que resolver a diario, queramos o no, las aplacemos o no. Están ahí, a
la espera, no de una solución, sino de una decisión que implica una acción.
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