miércoles, 31 de diciembre de 2025

Universo profundo. El universo hace 13.000 millones de años. Telescopio Habble. NASA, ESA.

PANTEÍSMO Y NO-DUALIDAD EN EL CRISTIANISMO

Esta mañana, en meditación, me surgía, más bien sentía, la siguiente frase; que ya en mi niñez me llevaba a un arrebato en el que perdía la noción de “yo”. Como sucede en un estado profundo de meditación.

“En ti vivimos, nos movemos y existimos”. Hechos de los Apóstoles, cap. 17. Famosa frase del Discurso de Pablo en el Areópago.

El discurso en el areópago es fundante en el cristianismo. Además de crucial porque, dicho de alguna manera, aquí, Pablo de Tarso se la juega. Pablo es un hombre culto y educado en el Helenismo, luego conocía el pensamiento griego y los problemas que el mensaje de Jesús, dirigido a los judíos podía tener si se dirigía a los atenienses acostumbrados al discurso filosófico, racional y crítico. No vamos a entrar a analizar esto, salvo una anotación. Pablo intenta acercar Dios a los atenienses y, en especial, a los filósofos de forma, por un lado, abstracta y, por otra, vivencial.

No lo muestra como una persona a nuestra imagen, sino como abstracto y omnipresente. Y como aquel Dios desconocido al que se espera y en el que en el areópago se erige una imagen. Pero ese Dios al ocuparlo todo, es único.

Ahora bien, a pesar de que todo el discurso es impresionante, como todo Pablo, fundador real del cristianismo como religión del imperio, por ello, universal, no algo para judíos. Si así hubiera sido se hubiese quedado en una secta judía, una interpretación de uno de los grandes Rabí del judaísmo o, incluso, hubiese desaparecido. Pero, la figura de Pablo es esencial para el cristianismo como religión. En realidad, es Saulo de Tarso el que construye la figura del Cristo de la Fe, frente al Jesús histórico.

Pero esta frase famosa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos” de Pablo, además de ser convincente, en parte, para los filósofos, no tanto para el resto, que prefería los dioses concretos, a los que se les ve y se les puede adorar y rogar, que a esa abstracción de la razón y de la fe, que es la maniobra de Pablo.

Pero, para el cristianismo se me antoja que esta afirmación taxativa será y es un problema. Aquí hay un Panteísmo absolutamente palpable. Una ausencia de dualidad. Somos y vivimos en Dios, luego, como dirá el místico alemán Maestro Eckhar, somos Dios. Si vivimos en él y somos él; es que no hay diferencia. Por tanto, Dios es lo que Hay, no es un Dios personal. Pero, claro, un Dios, que no es personal y creador, no cabe en la religión cristiana. De ahí que hayan sido acusados de herejía todos aquellos que, de una manera u otra, han defendido cierto grado de panteísmo o un panteísmo completo. Claro, esto es un serio problema para la teología, o para la filosofía, no tanto para el creyente de a pie que no suele cuestionarse lo que escucha ni lo que lee (aunque en el catolicismo la cultura es la de la no lectura. La interpretación viene de la mano del sacerdote en la homilía).

El creyente de a pie, el creyente, digo, no el cristiano porque está en los papeles, que son la mayoría, hace de su capa un sayo. (Estamos asistiendo a un cambio en la religión que está muriendo como institución y dando paso a una vivencia espiritual y ética, sin dogmatismos, del mensaje evangélico). Esto es, que el creyente amolda lo que escucha a su vida, lo ritualiza y se olvida del mensaje transmitido y se queda con el ritual. Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia, por ejemplo, y sin ir más lejos.

Así, el creyente obedece, no es que tenga especial fe, sino que encuentra un molde, un esqueleto que da sentido a su vida. Pero no entra en el mensaje. Y el propio ritual es una traba para ello. Como solía decir Jung, parafraseándolo: si el cristiano supiese lo que se está representando en la Eucaristía y lo que significa tomar el Cuerpo de Cristo se caía de espalda. O, lo mismo, consideraba que todo aquello es una locura, un delirio, o se transformaba, o transfiguraba substancialmente, que es lo que realmente se hace en la Eucaristía, pero, claro, no se hace por parte de la inmensa mayoría. ¿Quién piensa que sustancialmente se ha transformado en Cristo al tomar su cuerpo y beber su sangre?

Kandinsky 

Pero esto ocurre en todas las creencias, religiosas o políticas, incluso científicas. El ritual absorbe el mensaje. En la religión budista se medita (uno encuentra su budeidad. Algo similar a lo que ocurre en la Misa) y después de esa práctica, hay muchas otras, sobre todo en el budismo tibetano -tremendamente ritualista- pues a otra cosa. Media hora meditando y punto, la vida sigue. Media hora en la iglesia los domingos y la vida sigue, en la misma puerta del Templo, de cháchara con los otros asistentes.

Pero la frase tiene enjundia. A la par que acerca el mensaje de Jesús a los griegos, lo cual es muy interesante, su forma de presentarlo es una aniquilación del dios personal y creador. Sin embargo, la Iglesia siguió y sigue manteniendo esta figura contradictoria, frente al discurso paulino.

Si vivimos, somos y nos movemos en dios, lo único que hay es Dios y manifestaciones de su propia naturaleza. Manifestaciones que son singulares y son todos los seres del universo y el universo mismo. En nuestro caso, autoconsciente, incluso, de que somos y creadores o cocreadores junto con el propio Dios, lo que Es, de todo lo que Hay.

Y somos cocreadores en la medida en la que tenemos lenguaje. Algo que ha aparecido evolutivamente y es una ventaja adaptativa, de momento (también puede ser nuestra aniquilación, pero sí es una forma de separarnos de Dios mismo) y que crea una realidad que nos envuelve. Autónoma, pero no separada y es todo el mundo cultural donde cabe todo el producto del espíritu humano: leyes, política, religiones, arte, ciencia, filosofía,… todo lo imaginable). Y ésa es nuestra cocreación que no se sale de Dios, porque en el vivimos y somos, nos movemos dentro de esa infinitud que es la divinidad y que hace que todo lo que hay sea sagrado, una expresión de Dios y, por ello, Dios mismo. Porque una expresión de Dios es la expresión de lo que Es y de lo que potencialmente puede ser, al ser infinito. Que es lo mismo que decir, al ser inefable, lo Indeterminado, la Vacuidad, el Tao, el Gran Espíritu. Todo esto no son más que cocreaciones culturales. La mente humana en comunión con la Consciencia o Vacuidad divina.


Si Dios es infinito no hay lugar fuera, es más, es inconcebible un lugar, como decían dos panteístas quemados por la “Santa” Inquisición: N. de Cusa y G. Bruno. En lo infinito el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Luego no es un lugar; se acerca más a la idea de Vacuidad del budismo, que, como Dios, no deja de ser otro concepto, otro nombre para nombrar lo inefable. Por eso lo Real está allende de los límites del lenguaje. Lo Real, lo Divino, lo Sagrado, el Misterio, el Enigma, … son el sentido del mundo, lo místico: inefable.

Aquí dejo el enlace en la versión de Reina Valera del texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos comentado.

https://www.bible.com/es/bible/149/ACT.17.RVR1960


 

martes, 30 de diciembre de 2025

La servidumbre a las pasiones por ignorancia y el camino a la libertad.

Agustín de Hipona nos dice: "No salgas fuera de ti... vuelve a tu interior, en el hombre interior habita la verdad." Sin embargo, nos empeñamos en salir fuera porque el deseo nos impulsa a ello. No sólo salimos fuera para buscar cosas, personas, emociones… que supuestamente nos van a dar la felicidad; sino que también fuera de nosotros encontramos la causa de nuestros males. Pues, ni una cosa ni la otra. La felicidad es un estado de ánimo: la alegría del propio VIVIR, por un lado y nuestros males dependen de nuestra forma de percibir lo que nos rodea. Lo que vemos lo vemos desde nuestra mente, desde nuestros prejuicios a priori que condicionan lo visto. Así surgen las emociones negativas y aflicciones, que lo que producen es una contracción de nuestro ego que se siente dañado por algo de fuera. Pero esto es engañoso. Es una construcción. No podemos ver la emoción aflictiva en el exterior, ni si quiera en el interior. La sentimos en la mente, en lo psicológico, pero no la podemos encontrar. Si cambiamos nuestro pensamiento, cambiará la emoción hacia la alegría, que es la forma de ser natural que tenemos, previamente a  haber sido adoctrinados por la cultura y haber forjado un yo separado del mundo, lo Real y de mí mismo, que soy el mundo. Pero, también, si observamos, vemos la transitoriedad de todo, de esas emociones, de esas personas que me producen aflicción, según pienso yo, de ese mismo yo. Es decir, que todo es impermanencia y si es tal, es Vacuidad o fluir. Todo pasa, nada permanece, decía Heráclito.

Esto es la impermanencia o la ausencia de todo ser sustancial o con naturaleza inherente. Si todo es ausencia es que no hay un ser que sea un yo que pueda sostener las aflicciones. Por eso, no son más que engaños, ilusión, un eco, un reflejo... Si queremos ser más occidentales podemos seguir a Spinoza.

Las pasiones son un conocimiento inadecuado; es decir, ignorancia. Por tanto, las pasiones no existen en sí. No son nada, son pura ausencia de saber. No tienen sustancialidad. Si pensamos en lo de la vacuidad y en lo que señala Spinoza, que viene a ser lo mismo, pues si lo vivenciamos llegaremos al estado de no-yo o de ausencia de un yo egocéntrico y, por tanto, no habrá aflicciones. Cuando aparezcan reconoceremos su naturaleza en tanto que ignorancia o vacuidad; por tanto, no nos pueden afectar porque no hay un yo al que le puedan afectar.

Pero, mientras conseguimos ese grado de liberación, que Spinoza llama: “Amor intelectual de Dios”, pues podemos ver el origen de las pasiones o emociones, que es la ignorancia; pero cada una y en cada caso, es particular: tristeza, odio, envidia, vanidad, orgullo, celos… Todo ello está en nosotros como fruto de la ignorancia y, además, es transitorio. Ahora bien, ese estado nos hace sufrir y produce sufrimiento, en algunos casos se llega a crímenes horrendos. Por ello hay que cultivar la alegría que viene del conocimiento de las emociones o afectos: su origen y por qué estamos atados a ellas (nuestra servidumbre). El conocimiento de esto, aplicado particularmente en cada caso, lo cual nos lleva toda una labor de autoobservación y autoconocimiento y aplicación del principio de wu wei, no reaccionar (a las aflicciones, se entiende), porque entonces se produce una reacción en cadena que aumenta cada vez más el sufrimiento y nos hace más esclavos. Nos ofuscamos en una ignorancia plena.


Nuestra libertad consiste en la consciencia de nuestra servidumbre a las pasiones, nuestra esclavitud por ignorancia. Desde la alegría de vivir, que es la propia Vida, pues buscamos un conocimiento adecuado para salir de la ignorancia. Esto es lo que nos dará, además de la alegría, de la que se parte, la felicidad en tanto que conocimiento adecuado de nuestras aflicciones. Desde la sensibilidad y el entendimiento no podemos llegar a más; pero sí desde el tercer grado del conocimiento: la intuición, que nos lleva al conocimiento de Dios o Naturaleza o Amor Intelectual a Dios. Y aquí sí hay una liberación de las pasiones y un acceso a Dios como infinitud y, por tanto, a la no dualidad. Ya no estamos separados.


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

Einstein tenía la idea de Dios de Spinoza. Pero no sólo por el Panteísmo Spinoziano; sino por su sentido espiritual o místico del universo que intentó entender toda su vida y lo dejó perplejo. Pero también tiene un sentido ético y antropológico. El hombre aspira a conocerse y conocer el mundo. Encontrar un sentido después de la muerte del Dios personal hecho a imagen y semejanza de las necesidades y debilidades humanas. También es una idea de Dios que surge de la humildad ante el misterio, la admiración y la perplejidad. Esto nos muestra que un científico no es un robot o una IA, que solo funciona con una lógica binaria; sino que es un ser humano.
 

“El individuo siente la felicidad de los deseos y aspiraciones humanas, y percibe al mismo tiempo el orden sublime y maravilloso que se pone de manifiesto tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual se le impone como una especie de prisión y ansía experimentar el universo como un todo significativo. Los albores del sentimiento cósmico religioso se dejan ya sentir en fases tempranas de la evolución religiosa, concretamente en algunos de los Salmos de David y en algunos profetas. En el budismo, según aprendimos especialmente en algunos escritos maravillosos de Schopenhauer, aparece con mucho más fuerza este elemento. Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por esta especie de sentimiento religioso que no conoce dogmas ni concibe ni a Dios a imagen y semejanza humana; y carece por tanto de iglesia alguna que deba basar en ellos sus principales enseñanzas. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica.”


Rodríguez Anzola, Reinaldo. EL DIOS DE EINSTEIN: Dios = Vida unirá al mundo (p. 174). Edición de Kindle. 


LA POSVERDAD 


La verdad en ciencia es falsable, se puede discutir con argumentos puramente lógicos. Aunque, también, en la ciencia intervienen intereses externos que tienen que ver con lo económico, lo cultural, lo político, militar, … Aun así, es fácil defenderla contra la posverdad. Aunque, curiosamente, sucede que, cuando se instala la posverdad en la esfera política la ciencia es manipulada y utilizada según el interés de cada cual.

En ciencia, al no haber verdad definitiva, al ser objetiva, pero hipotética, es discutible dentro de las reglas del juego de la razón. Pero no debemos utilizar la ciencia como la verdad porque, entonces, políticamente, desde la posverdad, es utilizada y manipulada y, desde el totalitarismo, se erige como verdad absoluta; como, otrora, fuera la verdad de la religión.

La verdad científica es cocreada, pero objetiva en su núcleo interno. Eso sí, no se puede confundir la verdad objetiva y cocreada (sujeto y objeto se funden), con la verdad absoluta.

Otra cosa muy distinta es lo que ocurre con los “hechos” histórico. Si ya en las ciencias naturales los hechos son, de alguna manera construidos, más lo son en la Historia. Por eso, si queremos garantizar la democracia; pues no sólo es ir a votar la verdad que, emocionalmente, se te impone. Una verdad construida, interesada y, en muchas ocasiones, desligada absolutamente de lo real. No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventan. Y esto ha sido la base de los totalitarismos y lo que criticase Orwell en “1984” y que ya apuntaba en sus crónicas como combatiente en las brigadas internacionales en la guerra civil española en “Homenaje a Cataluña”.

Hoy, con la vuelta de la posverdad debido al nihilismo tras la muerte de Dios y a la sociedad del cansancio de Chul Han, que ha producido el hipercapitalismo que promociona no sólo el consumo; sino el autoconsumo, el aislamiento de sí y de los otros. La adicción al consumo. Consumo, luego soy. Luego estoy vacío, no soy nada. La dinámica del deseo nos lleva al nihilismo porque el deseo, como ya vieran los antiguos: estoicos, epicúreos, Sócrates, Buda, …es insaciable y se agota en sí mismo. En el propio desear. La sociedad tardocapitalista, en colapso, aumenta las manipulaciones psicológicas emocionales para provocar más deseo. Pero el deseo de tener no da la felicidad; por el contrario, da lugar al hastío, la depresión, la soledad. Se crea el concepto de felicidad proyectado en el mundo exterior de cosas que se pueden tener y se nos crea el deseo como necesidad de tenerlas. Pero, por sí mismas, en cuanto son poseídas aparece de nuevo el deseo y el hastío de lo poseído, que es desechado como algo inservible. Si hubiese que hablar de felicidad tendría que ver con nuestro interior y con algo que no se puede ni comprar ni vender, que es el ser, no el tener: nuestra libertad, nuestra virtud, el goce estético, la contemplación. El ser o existir conscientemente de ello sin ninguna proyección, la suavidad de los actos, la ausencia de prisa, saborear el hacer por el mero hecho de hacerlo. Ya sea fregar los platos, cultivar la tierra, pintar un cuadro, una operación médica de urgencias o escribir un artículo científico o un ensayo filosófico. Esto es, todo aquello que no tenga el fin fuera de sí, sino en sí. De esta forma vivimos en el momento, no proyectados a un futuro que es incierto y que construimos en el momento presente, no proyectando nuestro miedo, incertidumbre, ansiedad, deseo insatisfechos...



En política no hay verdad, todo es discutible. Ahora bien, no hay verdad absoluta, sino pluralidad de ideas discutibles desde una razón humana, no sólo lógica, que busca la mejor interpretación de los hechos sin olvidar lo real; pero sabiendo que lo real es una referencia, que está ahí, pero que es incognoscible, porque todo hecho es ya una interpretación. Pero no, como se sostiene en una política No es que los hechos se interpreten; sino que los hechos se inventananclada en la posverdad, un hecho puede ser reemplazable por otro que nos interese. Hay una línea muy clara que separa el pluralismo político de la posverdad totalitaria.


jueves, 18 de diciembre de 2025

 


“Yo soy yo y mis circunstancias”, dice Ortega, pero como hemos señalado ya, es común que se conozca la mitad de la sentencia orteguiana y se pierde la segunda que es la que le da sentido. “…y si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Está claro que aquí Ortega une circunstancias y yo. Todo lo contrario de lo que puede aparentar la primera parte de la famosa cita. No hay distinción o separación entre lo que yo soy y mis circunstancias…, es más, lo que yo soy viene determinado por mis circunstancias que condicionan mi yoidad. Ahora bien, ese yo, tampoco es un yo permanente. Es, para empezar, pura virtualidad condicionada por las circunstancias que, a su vez, son las de ese sujeto y no la de otro y que vienen dadas en el tiempo como fruto, ellas mismas, de causas y condiciones. Porque las circunstancias, las poquísimas que conocemos, son condicionadas por la interpretación del sujeto. Es aquello que decía Nietzsche -y que comentaremos a parte- de “No hay hechos, sino interpretaciones”. Es decir, que las circunstancias y el sujeto son en tanto que coemergen el uno del otro de manera sinérgica. Es decir, que están coimplicados, que no pueden ser separados o escindidos. Hay un determinismo débil en la sentencia orteguiana; porque éste afirma: si no las salvo a ellas… Esto es, hay como una voluntad del yo, voluntad que quizás Ortega pensase que existía realmente; no lo sé. Pero sí creo saber que, la voluntad, eso que rimbombantemente llamamos: libre albedrío, pues no es más que el resultado de múltiples, innumerables e incognoscibles causas y condiciones (las circunstancias). Esto se escapa a lo que Ortega pudo querer decir. No lo sé, porque no soy un especialista, ni en Ortega, ni en nada. Pero, a partir de Ortega, o de otros, pienso por mi cuenta, interpreto. En realidad, ya lo dijo Nietzsche como apunté antes: “No hay hechos, sólo interpretaciones”.

Pero no nos desviemos demasiado, aunque qué otra cosa es filosofar sino dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez y en ese cansino reflexionar siempre va emergiendo algo nuevo. No hay repetición, aunque lo parezca. Ése dar vueltas sobre lo mismo, que es el filosofar, es un girar en espiral, no un retorno siempre de lo mismo. Y esto es así inevitablemente porque nos vamos autocreando. Y está en la propia frase de Ortega. Salvar las circunstancias es elegir entre ellas, las que conocemos, de tal manera que nuestra elección nos salve de la catástrofe. Del mal que nos acecha, que llevamos dentro, en la supuesta naturaleza que creemos ser y en las circunstancias; y que eludimos si somos los suficientemente inteligentes. Claro, como se ve, esa elección, supuestamente libre, viene condicionada y, además, decimos que ha de ser inteligente. Pero, fijémonos, que, aquí, cuando decimos inteligente, no podemos separar la inteligencia lógico-lingüística de las emociones o los afectos. La inteligencia es, como decía la filósofa Adela Cortina, inteligencia cordial (de cor, cores, corazón en latín). Y ello conlleva que lo lógico viene condicionado por lo emocional o afectivo y a la inversa. Por eso la elección no es tan libre como parece. Podemos hablar, para no meternos en honduras, de un determinismo débil. El caso es que el yo, el sujeto del que habla Ortega es una construcción. Atrás queda el yo cartesiano, lógico-matemático y sustancial. Aquí el yo es sujeto y el sujeto es existencial (el conjunto de experiencias que constituyen a las circunstancias), no substancial. Eso es, que el sujeto cambia, es impermanente, supuestamente se autoconstruye, pero condicionadamente por las circunstancias. Éstas, ni son todas las que conocemos, ni permanentes. En realidad, circunstancias y yo constituyen la existencia, la subjetividad.

Y yendo más allá de Ortega, pero sin contradecirlo, aunque él no tuviera conocimiento de esto (ya digo que lo que digan las grandes inteligencias son una forma de mirar el mundo privilegiada desde la cual nosotros miramos con nuestros propios ojos), podemos decir que el sujeto, la subjetividad, en un proceso de autoindagación, es experiencia, o, más exactamente, un conjunto de experiencias, pero si indagamos en ellas, las experiencias aparecen permanencen cambiando y desaparecen. Es decir, siguiendo al filósofo Chul Han, lo característico del ser es la Ausencia. El que nunca es el que era. Lo que llamaba Heráclito el eterno fluir de las cosas y nos ofrecía la imagen del río. Y, curiosamente, esto es lo mismo que nos apunta el budismo como Vacuidad y el taoísmo como el Tao que lo impregna todo, que es inefable y, cuya metáfora es también la del río que fluye. Y esto ya sería hablar de otra cosa, pero, si seguimos la lógica de la eliminación del sujeto sustancial nos quedamos en la subjetividad existencial y esto es la ausencia de yo. Algo bien conocido por la mística occidental y por el pensamiento filosófico oriental. Y, también, por el segundo Heidegger que, como es sabido, mantuvo sus contactos con el pensamiento oriental de primera mano, aunque no citase. Por eso, su último pensamiento fuera un mostrar. Y Ortega, que no sabemos quién copia a quién, pues con su sujeto y sus circunstancias disuelve lo sustancial en lo vital. Es decir, la VIDA, como Ausencia o Vacuidad o Eterno Fluir es la unidad impermanente y cambiante del yo y las circunstancias. En última instancia: nombres detrás de los que no hay cosa o substancia.

martes, 11 de noviembre de 2025

 La vacuidad, el vacío es el eco, pero el eco es lo que hay y lo que hay son reflejos impermanentes, sin substancia. Como un río, un fluir. El vacío es las cosas, las cosas son reflejos en el vacío. Si vemos la vacuidad de las cosas, entonces captamos toda la vacuidad, incluida la del yo. No hay dos, no dualidad. Siempre se es uno, somos ignorantes y creemos que hay realidades distintas al observador. No, lo que hay es un entrelazamiento mudable e impermanente de observador y observado. Ni observador, ni observado son, son vacuidad. Si habitamos en la vacuidad no somos. Aquí emerge la gran compasión, la bodhichita. Y es la compasión de sentir el sufrimiento del otro que no capta la vacuidad. Porque de la ignorancia procede todo sufrimiento.

Claro, el que ha llegado a la sabiduría es el que capta la vacuidad y el no yo. Entonces su yo es toda la vacuidad, el Tao o la Consciencia,…y, por eso su corazón está en todo porque es todo (lo mismo que vacuidad, son palabras y el problema es el lenguaje). Y al ser todo siente el sufrimiento y quiere la liberación del sufrimiento de todos los seres.

El sabio es silencio. Para trascender las apariencias lo que hay que trascender es el lenguaje que es lo que produce la dualidad, el reflejo. Sin lenguaje, en el silencio absoluto, interior, profundo, no hay dos. Y desde el silencio, sin lenguaje todo es sentir, eres todo porque lo sientes todo. El silencio es la comunicación del sabio. “lo que no se puede decir, se muestra”. “Lo que se muestra es lo místico”. Pues para acceder a lo místico hay que sumergirse en el silencio, la soledad. En silencio no hay otro distinto, separado. Tu eres el otro, Tú eres eso.

Si no hay un yo en la acción, ésta se convierte en wu wei. El yo es lo mental y tiene una intención. Interviene. Sin yo, la vacuidad de lo que es emerge. Y actúa. Siempre desde la compasión. Hay que confiar, abandonarse, relajarse y dejar toda intención. Entonces desaparece lo mental y emerge la acción de la propia vacuidad. Y esa acción es la compasión.

Sin yo, al abandonarse, se siente todo. Es como si lo que hay, vacuidad, naturaleza última y original, emerge. La vacuidad se contempla a sí misma. Esa contemplación es compasión.

Ser virtuoso es desaparecer. Lo que queda hasta la muerte es meramente funcional. Sólo hay no dos o vacuidad; que ha sido siempre y lo ocupa todo, más bien, tiempo y espacio no son, son vacuidad. Eso es la eternidad. Sólo hay eternidad (sub specie aeternitati), el tiempo y el espacio son mentales, psicológicos. Sin yo, desaparecen.

Si nos relajamos nos volvemos silencio, no yo. Entonces el silencio es la Vacuidad, el Tao. Descansar en el silencio. Cada vez más profundamente hasta desaparecer. Volverse compasión, Tao, bodhichita, bodhisattva, liberado…Descansa…profundo…wu wei…

 


viernes, 7 de noviembre de 2025

 


Tao y vacuidad

“El Tao habla en el intervalo entre dos notas.”

El silencio se percibe en los intervalos, pero si se permanece atento uno se da cuenta de que todo se sostiene en el río del silencio. Y los intervalos se extienden envolviéndolo todo. A la vez, todo es quietud y movimiento, cambio. Y silencio sonoro. La sonoridad de la armonía sutil y sin contradicción. La armonía sonora de la danza de los opuestos.

“No hay error en el instante presente.”

Estar en el presente es no juzgar, ¿Cómo podría haber error?

Si observamos con distancia y aceptamos, nuestra perspectiva cambia, el mundo cambia y ya no hay escisión, ni ruptura. Todo está donde le corresponde. (Una vez más, hay que advertir que esto no es pasividad, ni justificación del mal; sino ausencia de reacción, pero sí acción. Eso sí, la acción es como la del agua, un fluir, no una ruptura, una escisión: dualidad). En el instante, todo florece tal cual es.

“La verdadera acción nace del vacío.”

La acción brota de la vacuidad. Por eso no hay un forzar. Es como la ola que brota del océano, o el eco que surge en las montañas, la imagen en el espejo. Esas acciones, reflejos, ecos,…están en la vacuidad. No hay naturaleza inherente en una acción que surge del vacío y, menos aún, intención. La acción verdadera, el wu wei, es vacuidad, realmente. Por eso la acción que es vacuidad no tiene reacción. Pero, si observamos, aunque haya reacción en una acción, en la visión global no es así. Todo es vacuidad. Si miramos sin intención ya no hay juicio, ni yo, sólo fluir, vacuidad, el Tao. Pero sucede que, relativamente, las acciones que parecen fuera del Tao son reactivas provocan dolor y sufrimiento.

Hay que tener cuidado tanto al hablar como al vivenciar todo esto. Podemos decir que está la verdad relativa, que es la de la Caverna, la de la plaza del mercado y está la verdad absoluta que es la mirada no dual sin observador. Por eso, el sabio, actúa sin producir reacción. Desde el silencio, la quietud, la aceptación, el fluir, la claridad del inmenso océano cósmico…

 

jueves, 6 de noviembre de 2025

 


“El ser humano es el único ser que necesita educación”. Inmanuel Kant.

Kant ha sido uno de mis pilares filosóficos y biográficos. Y precisamente, ahora, estoy leyendo una biografía de su persona y de su obra, poniendo en relación, a él, la época y su obra; titulada: “El torbellino Kant.

La frase muestra su pesimismo antropológico "Fuste torcido de la humanidad". Ésa es la condición humana, ser una columna torcida y, por eso, para enderezarla en lo mejor que se pueda, es necesaria la educación. Y, la base de la educación es enseñarlo a ser autónomo, a pensar por uno mismo; es decir, libre. Dueño y responsable de sí mismo.

La educación es algo que tiene como objetivo la transformación interior del hombre (no hablo de la educación que hay ahora, evidentemente). Es enderezar ese fuste. No se trata de educar para, sino de corregir, en la medida de lo posible, nuestras tendencias negativas, nuestros hábitos y costumbres basados en opiniones, ideas y creencias erróneas. En emociones que tienen como base el egocentrismo, la autoafirmación frente al otro, la escisión, la competencia y, al final: el dogmatismo, fanatismo y violencia. Y la violencia engendra violencia. Es una escalada de autoexterminio a menos que, la paremos desde dentro, por la vía de enderezar ese fuste torcido de la humanidad del que nos hablaba Kant.

Por duro que parezca, podemos decir que, por lo general, el mal está en nosotros. Nosotros somos los que juzgamos al otro, al juzgar dividimos entre buenos y malos. Lógicamente yo estoy entre los buenos, lo cual legitima cualquier acción. Y cualquier acción comienza por una mala cara, un insulto, un desprecio, una paliza, un acto terrorista, una exclusión de todo un pueblo, un exterminio y un genocidio. La escalada de violencia mayor que vivimos es la de la posibilidad de que esa forma de ver nos lleve al autoexterminio de la humanidad.

Y todo procede de un error, de un egocentrismo y un narcisismo. De la ignorancia que produce el deseo y éste, la aversión (rabia, ira, odio) contra el que se impone a mis deseos. Por su puesto, me lo pueden decir, que existe un mal exterior. Pero nada en la Historia ocurre porque sí, sino que todo está interrelacionado. Dicho con claridad y sin justificar el mal, sino intentando comprenderlo comprendiéndome a mí mismo y, como resultado, al otro. Hitler, el caso estándar, no es el mal, ni el responsable del genocidio, ni actúa sin motivos, ni se inventa la idea de exclusión del pueblo judío. La cosa es más compleja.

La educación, de lo que trata es de que no aparezcan personas como estos genocidas, que son la punta del iceberg de una interconexión de todo y todos. Y no aparecerían si la educación mirase el interior e intentase, no crear habilidades para producir y consumir (otra forma de genocidio y esclavitud a escala global que se está produciendo); sino enderezar eso torcido que somos. Y eso es hacernos libres, liberarnos. La educación consiste en enseñar a ser mayor de edad, a pensar por sí mismo, no por otro, a no dejarse llevar por las emociones aflictivas o vicios, sino por la virtud, que implica fuerza, valor, valentía, heroísmo. Porque, la entropía, digamos, es la pereza, la envidia, los celos…todo aquello que alimenta nuestra vanidad, que hincha un ego, un yo ficticio. Un yo que es ilusorio; porque vive de esas falsas creencias, de esos afectos que son vicios. Ésa es la parte torcida del fuste de la humanidad. De lo que se trata es de hacer ver, que todo eso procede de nuestra ignorancia. Y ya nos lo hizo saber Sócrates y de la misma manera Buda -aunque algunos tuerzan la cara al escuchar este nombre por su ignorancia y por verlo como el fundador de una religión-pero ese prejuicio es otro tema.

Entonces si nuestra ignorancia nos lleva a la violencia es porque se basa en un deseo que es común y universal. Y de ahí tenemos que partir. “Todos somos iguales porque todos buscamos la felicidad y huimos de nuestro sufrimiento. Dicho de otro modo, más sencillo: todos sufrimos y todos buscamos ser felices”. Ahora bien, en el cómo hacerlo se encuentra el error (ignorancia) o la sabiduría que, a su vez es libertad social y política y, autoliberación de la tiranía de mis vicios, hábitos, costumbres, opiniones, ideas y creencias.

Para cambiar lo de fuera, la sociedad, hay que cambiar lo de dentro, al hombre. Y éste, y no otro es el papel de la educación y el sentido de la libertad e igualdad y la autoliberación como fundamento de todo ello. Si yo no me libero, cómo voy a liberar a los demás…

lunes, 3 de noviembre de 2025

 

La vacuidad, el Tao y la armonía de los contrarios.

«Afirmamos que el surgimiento condicionado es la vacuidad; es una mera designación que depende de algo, y es el camino medio.»

Nāgārjuna, Mūlamadhyamakakārikā, XXIV:18.

El Tao es los dos contrarios y no pertenece a ninguno.

Todo es condicionado. Todo es causa de algo; luego no es causa de sí mismo. No tiene existencia inherente y es impermanente. Porque de la misma forma que surge, desaparece. Esto es la vacuidad, que todo lo que es, es condicionado. Pero observamos que hay una corriente en todo lo que es; porque es una sucesión de causas y efectos, devenir, impermanencia. Contemplar esa corriente hasta perderse en ella misma es el Tao. Dos nombres para lo mismo.

Y en la cotidianeidad, vivir en la comprensión de la vacuidad es poder, traspasar (ver su vacuidad), cualquier cosa, porque todo lo que es y lo que me ocurre es condicionado, por ello: vacuidad, impermanencia. Y, si doy un paso más, me sumerjo en esa vacuidad desapareciendo el “me”. Y esto es lo que sucede con los opuestos. El mundo es la armonía de los opuestos, decía Heráclito. Y, seguía, la armonía no manifiesta es más profunda que la manifiesta. Lo no manifiesto es innombrable, es como el Tao que danza en los opuestos, pero no es ninguno de ellos y es los dos. El Tao, al ser una armonía es dinamismo puro, virtualidad. La virtualidad es lo que las cosas pueden llegar a ser y eso es lo condicionado, la vacuidad. Por eso, la vacuidad es ser y no ser a la vez, es la ausencia que se produce desde el ser a llegar a ser. Si vivo inspirado en esa vacuidad o en ese Tao o en la armonía no manifiesta de Heráclito; entonces esto disuelto en el dinamismo entre opuestos y no veo los opuestos. Cuando esto ocurre, porque, evidentemente no es mi estado normal, es el que espero que se manifieste, sin esfuerzo y CONFIANDO, entonces hay un fluir con todo, pero no hay un yo que fluya; sino una consciencia que es el propio fluir. De esta forma, todo es fácil, todo es bello, todo ocupa su lugar, hay amor bondadoso y compasión, pero se ve el fluir con sus opuestos. El camino medio es tomar consciencia de la vacuidad, es la designación de la dependencia de todo, no su inexistencia. Otra cosa es el relato que el yo se monta sobre ello y sobre sí mismo. Eso es la designación, nombrar, lenguaje: vacuidad. Y la compasión brota sola, no como deseo de un yo o un mí, sino sentir el gozo de que todos los seres se den cuenta del Tao y la Vacuidad y se liberen de las ataduras de la ignorancia y los deseos. Hay deseo cuando hay distinción entre opuestos, pero si todo es condicionado no tiene opuesto o su opuesto está integrado en él y él en su opuesto y así se produce el cambio y la impermanencia. Emerge un opuesto, por ejemplo, la muerte pues la vivo como un proceso dinámico de la vida. La vida y la muerte son una e inseparables. En realidad, la armonía de los opuestos y la vacuidad que es lo mismo: todo surge de forma condicionada; es decir, tiene una causa y la causa es efecto de otra…y así, es inefable, como el Tao que es.

 

Interestelar.

Título Original: Interstellar

Director: Christopher Nolan

Guionistas: Jonathan Nolan y Christopher Nolan

Productores: Emma Thomas, Christopher Nolan, Lynda Obst

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Hoyte van Hoytema

Género: Ciencia ficción, Drama

Duración: 169 minutos

Fecha de Estreno: 7 de noviembre de 2014 (EE. UU.)

Фильм Интерстеллар (Interstellar) 2014 - сюжет, трейлер на русском и ...

 

No pretendo comentar estas películas de ciencia ficción y otros géneros, filosóficas-psicológicas y espirituales. Mucho menos realizar una crítica, no está a mi alcance, además de estar fuera de mi intención. Sólo alguna sugerencia de algún o algunos de los temas que se abordan y que son de gran calado.

En Interestelar aparecen muchos temas de calado, casi que todos los temas filosóficos importantes. Y, como sabemos, y si no, pues hay que saberlo, los problemas filosóficos carecen de solución. En ese sentido no son problemas. Son dilemas existenciales. Es decir, que en la propia existencia se nos presentan, pero no como un problema en una pizarra, sino como vivencia, como conflicto interno, como angustia existencial inevitable para la que no hay pastilla.

La muerte sobrevuela toda la película. La muerte a título individual y en el modo del fin de la especie. La muerte como lo inevitable, pero incomprensible y nunca aceptada del todo. La muerte de una madre, que es el eje de la familia por la propia evolución biológica, cuidado, que esto no significa que defienda el régimen patriarcal. Nada más lejos de mi intención y pensamiento. Cuando una madre muere joven (cuando la familia está en construcción) la familia se resiente en lo emocional. Los vínculos afectivos se desvanecen. La madre, consciente o inconscientemente, es la que esta en todos y en todo. El padre, por muy comprometido que sea, muy igualitario, una familia en absoluto nada patriarcal, carece de esa parte afectiva y cognitiva femenina. Donde el amor no es forzado, es ágape. Ágape es la palabra griega para amor incondicional, para el amor que se da, el amor bondadoso. Que es el de la madre hacia sus hijos. Eros es la palabra para el amor del deseo, que comienza por lo material, lo sexual y sigue escalando a otros niveles. Pero, el eros, al ser deseo, es interesado y posesivo.

Bien, como sabemos no todo es puro o único. Todo tiene en sí su opuesto que se manifiesta más o menos. En la película, el padre, aún siendo un gran científico y piloto aereoespacial de un pasado que ya terminó, (es una película apocalíptica, pero sin artificios, los necesarios para hacerte reflexionar), también tiene su lado femenino. Sabe amar y cuidar de su familia. Emerge el amor y el cuidado que uno tiene escondido. Su lado femenino. Pero no alcanza el equilibrio totalmente, añora su pasado, no acepta la situación precaria en la que se vive tras la gran catástrofe, que será más pronto que tarde, el fin de la humanidad.

En este estado psicológico, emocional, se le plantea un dilema; que es el dilema de su vida. Su vida será la elección que tome, luego habrá, como siempre, otros dilemas, pero menores. El gran dilema no tiene vuelta atrás.

Como hemos dicho no hay problemas filosóficos; sino dilemas. Los problemas se resuelven, tienen solución. Pero los dilemas, no. Son existenciales y, además, exigen tomar partido por una opción entre varias o, lo peor, que son los dilemas que definen la vida, entre dos. Cuando se toma una decisión el dilema se disuelve, pero, también, una forma de vida, de estar en el mundo y se adopta otra. Pero uno no olvida lo que deja atrás al elegir y se produce un gran sufrimiento.

El dilema que se le plantea al protagonista de la película es entre el amor a la familia, en especial a su hija pequeña que tiene un gran talento científico, pero que, por su edad, es imposible que comprenda, ni el dilema y menos la opción que toma el padre, y el de la posibilidad de salvar a la especie abandonando a su familia a través de un viaje interestelar del que no sabe si va a volver, si podrá solucionar el problema y, si vuelve, contando con la relatividad de tiempo y espacio, pues su vuelta es la famosa paradoja relativista. Si vuelve para él han pasado pocos años, pero para los que se quedan en tierra, sus hijos han pasado muchos. Ésta es una paradoja famosa de la que se ha hablado mucho técnicamente, pero poco vivencialmente. Cuáles serían los sentimientos de un padre maduro que ve a su hija, a la que dejó de niña, en el lecho de muerte. Y, a la inversa. Uno se queda sin palabras. Sólo siente. Y siente un montón de emociones.

El dilema irresoluble, pero al que se enfrenta es el nosotros frente al yo. Si elijo el yo, mi familia, mi tranquilidad, mi ausencia de compromiso el fin de la especie es inevitable. Ahora bien, si elijo el nosotros, no se asegura la salvación de la especie; pero, sí hay al menos una probabilidad. Esto es un problema psicológico y ético-filosófico de gran calado.

También se puede mirar desde el punto de vista evolutivo (tanto biológica, como culturalmente). ¿Cómo hemos evolucionado, por competición o por colaboración?

Este dilema me recuerda las palabras de Jesús, “¿Quiénes son mis hermanos, mi madre? Son estos que están aquí” Su familia es el prójimo, más aún la humanidad. Ésta ha sido la elección, no sin dolor, de los grandes maestros y sabios de la humanidad que han abierto nuevos caminos. Pero abandonando a los suyos.

En fin, esto es una pequeña muestra, un ramillete, de las grandes preguntas que nos hace esta película, que no son más que las que tenemos que resolver a diario, queramos o no, las aplacemos o no. Están ahí, a la espera, no de una solución, sino de una decisión que implica una acción.